A Sala Llena

El mundo está loco, loco, loco

En
esta película el protagonista está loco. La antagonista también. Los familiares
y amigos de ambos están dementes, lo mismo que los vecinos, médicos y
policías. Por si fuera poco la misma puesta
en escena de la película está alucinada, con ese montaje tan de moda que parece
ser el sueño de un esquizofrénico. Hoy día reina en el cine el movimiento
continúo, como los perpetuos giros de esos círculos que provocan hipnosis (no
sea cosa que despertemos y descubramos la porquería que estamos viendo). En las
películas de ahora mientras más se mueva la cámara, más se corte hacia
cualquier lugar, más se grite y más fuerte suenen las canciones “cool”, menos
criticaremos, parece sostener la siniestra fórmula. El baile final de la película
es una buena metáfora de la enfermedad múltiple del relato. No es un baile, es
un rejunte de estilos mal interpretados. Lo kitsch en estado puro (y recordemos
que lo kitsch es lo malvado en el arte). ¿Ante qué estamos? ¿Una comedia negra?
¿Un melodrama médico? ¿Una comedia romántica? Todo eso, mezclado, turnándose
ante cada nueva secuencia. Se puede pasar de una puesta en escena absurda (los
amigos del protagonista muestran la decoración de su casa) a la de un melodrama
realista (padre e hijo se agarran a las trompadas por un video de casamiento) o
un final con aire clásico gracias a esa escapada final por la escalera de
mármol, con un zapato menos, a lo “cuento de hadas”. ¿Acaso nadie vio este
tremendo choque de estilos y puesta? ¿Esta extrema violencia de registros que
revientan cualquier cabeza atenta? Pero esto no es lo más grave.

Lo
terrible de esta película es su silencio, el cual esconde un siniestro
nihilismo. Entre los conflictos de los personajes y la puesta en escena no hay
una distancia crítica. Todo parece ser lo mismo, la chatura propia de la línea
horizontal. La mirada del director puede ser la de uno más de ese entorno
(incluso así se vendió en su momento la película, creo recordar). ¿Cuál es la
opinión de la director sobre lo que ocurre? ¿No piensa nada sobre la pasividad
de la madre ante la familia enferma que sostiene? ¿No dice nada sobre la
violencia del padre? ¿No dice nada sobre los matrimonios siniestros que pululan
por toda la película? No, excepto que aún esa gente enferma puede finalmente
ganar apuestas y besarse en el sillón. ¡Qué gran enseñanza! La gran mentira que
oculta esta película es su presunta felicidad. De ser honrados y hacer una
segunda parte no podrían eludir los futuros crímenes que ocurrirán entre esos
personajes y el gran daño que le harán a los que vendrán (Dios quiera que esa
pareja nunca tenga hijos). Si los personajes, los conflictos y la misma puesta
iguala todo, se esconde la opinión sobre lo que se cuenta, que no es algo
objetivo, porque el cine no es una ventana al mundo, sino una puerta a su
enfrentamiento. Una cosa es mostrar un mundo de locos, otra es no tomar una
distancia para poder de él curarnos. ¿O todavía creemos que Hitchcock no
opinaba sobre su mundo, al igual que lo hace Friedkin o De Palma? Hitchcock cuenta
la historia de Norman Bates, pero su visión del mundo no es la de Norman. Esa
es su crítica a los monstruos que creamos. De Palma nos muestra lo que es el
mundo en La Hoguera de las Vanidades,
lo mismo que Carpenter en Están Vivos.
¿Pero no hay opinión de ambos sobre lo que significa allí el mal, la
frivolidad, la demencia? Cuando en una película el punto de vista de los
personajes se confunde con el del director, estamos con una relato poco
inteligente. O oscuramente inteligente, porque intenta vendernos que todo lo
que ocurre allí es natural, y por ser realista tan fijo como inalterable.

Muchas
podrán decir que esta película muestra lo loco que está el mundo, así somos,
así estamos. Pero no menos cierto es que una cosa es mostrar lo demente de
nuestra situación y otra muy distinta es naturalizar esa locura. El mundo está
loco, pero no te preocupes, aún con trompadas, manipulaciones, mentiras,
violencia, drogas y apuestas, el chico se queda con la chica. “¿Vos querés que
encima critiquemos todo lo demás? ¿Estás loco? ¡No estamos en tiempos de
sentido de moralidad, censura ante lo que consideramos enfermo o realmente
malvado! No hagamos polémica, seamos equitativos, que es más cómodo y correcto.
Vive y deja vivir. Lo que importa es llevarnos bien, vayamos de la mano hermano
mío…” Que tiempos temibles son aquellos en los que se lastima a la propia
inteligencia por temor a dañar la presunta sensibilidad de los demás.

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