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Libreta de apuntes (9) | Incaa. Algunas modestas proposiciones

Libreta de apuntes (9) | Incaa. Algunas modestas proposiciones

El INCAA está parcialmente paralizado. Su estado de virtual parálisis pareciera deberse a que la producción de cine no está declarada como una actividad esencial, por lo que su funcionamiento administrativo estaría restringido a un número limitado de funcionarios y trabajadores. Por otro lado, el fondo de fomento habría sufrido en estos meses una merma muy importante de recursos, ya que la recaudación correspondiente al impuesto por entradas de cine vendidas es nula. Uso el modo condicional, porque no hubo en este tiempo información del todo específica respecto a estos temas, pero este parece ser el estado de situación.

Esta emergencia es la que precisamente nos debería habilitar a abrir un debate acerca del funcionamiento del organismo y su sistema de fomento. La pandemia ha puesto a la actividad cinematográfica en un estado de crisis e incertidumbre. Es un paréntesis dramático, pero justamente por eso podría aprovecharse para pensar nuestra actividad y el lugar del Estado como promotor de políticas para el sector. El INCAA está forzado por las circunstancias a no poder avanzar en políticas concretas de fomento, salvo unas limitadas iniciativas en cuanto a exhibición a través de Cine.ar y unos concursos para desarrollo de proyectos, todas ideas bienvenidas pero que no son más que paliativos frente a la crisis. Lo que este artículo propone es usar este paréntesis forzado para reflexionar acerca del rol del INCAA. Son solo unas breves y modestas proposiciones que no buscan acusar de nada a nadie sino solo señalar problemas históricos. Soy usuario y beneficiario del INCAA desde hace veinte años. He visto pasar gestiones mejores y peores, pero hay inconvenientes en su funcionamiento que siempre han sobrevivido. Solo se trata de una invitación al debate. 

Eficiencia

No deberíamos resignarnos a la idea de que el INCAA no pueda ser más eficiente. Aceptamos la burocracia, la impracticidad, las demoras y el destrato como una fatalidad. Nos hemos acostumbrado a pensar: “Es un organismo del Estado. No se puede hacer nada.” La mejor prueba de que sí se puede hacer algo la da el propio INCAA, cuando las cosas a veces funcionan bien y cada vez que nos encontramos con funcionarios atentos, conocedores y esforzados. Son varios y uno les agradece de corazón, pero aún así quedan envueltos y limitados por un esquema de funcionamiento que los encapsula y los convierte en excepciones dentro de un sistema ineficiente. 

El INCAA podría mejorar mucho en la fluidez en la comunicación entre los usuarios y los funcionarios de cada área. La información acerca de los protocolos de presentación de proyectos y trámites deberían ser mucho más claros y sencillos y no depender de los criterios subjetivos del funcionario de turno que debe tratar cada caso. Por otro lado, la confusa red de resoluciones que rigen el funcionamiento del organismo debería ordenarse definitivamente, evitando las incoherencias y arbitrariedades que provocan pérdidas de tiempo para todos. 

Transparencia 

El INCAA podría ser un organismo mucho más democrático y transparente. De los contactos que un productor tenga dentro del organismo suelen depender la agilidad o demora en los trámites que se estén siguiendo y la calidad de la información acerca del estado de los expedientes y los cambios en el funcionamiento administrativo interno. Para el productor novel y para los productores de las provincias, esta situación confluye en un estado permanente de injusticia y desigualdad. Hace muchos años, en un momento en el que me estaba tocando viajar mucho a festivales en el exterior, pasé por el área de administración para consultar por un trámite. La secretaria del gerente me dijo, de pronto: “veo que estás viajando mucho. Pero nunca me traés ningún regalo.”  

Creatividad

Somos muchos los que estamos de acuerdo en que es urgente reglamentar el impuesto a las plataformas de contenidos audiovisuales para que aporten al fondo de fomento. Es un reclamo justo y necesario, ya que responde, por un lado, a ser fieles al espíritu de la Ley de Cine, que propone el gravamen en todas las bocas de exhibición existentes, pero también a una situación de cambio en las formas de acceso a los contenidos, que paulatinamente se vuelca sobre las plataformas en deterioro de la televisión tradicional e incluso de las salas de cine. 

Sin embargo, es necesario que tanto el INCAA como todos los sectores que formamos parte de la actividad (sindicatos, entidades de gestión de derechos, productores, guionistas, directores) seamos más creativos y que las soluciones que planteemos no dependan solamente de sumar una nueva carga impositiva, que fatalmente va a recaer sobre los consumidores. Porque si el gravamen se suma a los impuestos que ya pagan las plataformas, es lógico esperar que el precio de la suscripción suba. Y si se crea a través de una deducción de lo que ya se paga por el IVA, eso implicaría una reducción de ingresos al fisco para otros gastos, posiblemente más urgentes que el fomento a la actividad cinematográfico. No estoy diciendo que no haya que gravar la exhibición en plataformas. Solo digo que hace falta ser honestos en cuanto a lo que eso significa. 

Mientras tanto, se podría pensar en otras opciones. Por ejemplo, promover el mecenazgo a nivel nacional, la reducción de algunos impuestos o cargas sociales para la actividad audiovisual, devolución de efectivo de un porcentaje de los gastos efectivamente realizados (como sucede en Uruguay), la promoción del fomento al cine desde los estados provinciales (lo que ocurre solo en muy pocas provincias), ajustar costos gremiales de acuerdo al tamaño de la producción, flexibilizar requisitos gremiales para producciones de bajo presupuesto, promover formatos de producción artesanales, promover la exhibición alternativa para lograr una mayor diversidad, subsidiar la demanda de contenidos cinematográficos y no solo la oferta, etc.

Criterios claros de selección de proyectos

En todo el mundo, a grandes rasgos, hay dos modalidades de fomento al cine: la automática o la selectiva. La primera se basa en la idea de que un proyecto obtiene el derecho a recibir el apoyo económico si cumple con una serie de requisitos objetivamente comprobables. La segunda propone una selección, habitualmente a través de un comité o jurado que decide qué proyectos merecen la ayuda. El esquema de fomento principal del INCAA, basado en la ventanilla abierta continua y el sistema de preclasificación, no es ni selectivo ni automático. No es selectivo, porque el porcentaje de proyectos que se aprueba es mayor al que se desaprueba, pero tampoco es automático, porque algunos de los proyectos son declarados sin interés, los que les impide acceder al subsidio de medios electrónicos y hace inviable su realización en un formato de producción profesional. Es un sistema injusto, porque pretende premiar a casi todos, lo que ocasiona un cuello de botella en el que la demanda de financiación excede largamente a los recursos que el INCAA puede dar, y al mismo tiempo deja a unos pocos afuera de todo. La solución no es sencilla, ya que un sistema más claramente selectivo le daría un poder de decisión muy fuerte a los comités, cuya conformación eficaz ha sido un problema histórico en el INCAA. Y un sistema automático universal requeriría que la ayuda a dar a cada proyecto sea muy baja, para poder así cumplir con cada uno. No tengo clara la solución, pero sí sé que el sistema de preclasificación con ventanilla abierta continua, que viene funcionando desde 2002, aun con sus ajustes y modificaciones, debería repensarse para ir hacia otro sistema más justo y eficiente.  

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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