A Sala Llena

Iron Man 3, según Carlos Rey

Ese primer plano de la explosión de los trajes de Iron Man, con la voz en off explicativa del bueno del Tony Stark, que interpreta una vez más a Robert Downey Jr., marcan el tono de la película. Stark se encuentra en un momento de estallido emocional, errante, con ansiedad y ataques de pánico,  pesadillas y la relación un poco complicada con Pepper Potts (una Gwyneth Paltrow que parece que nunca envejecerá), definitivamente contrariado, alejado de su empresa.

Un conflicto con un terrorista llamado El Mandarin, que hace atentados en USA y termina lesionando gravemente a su jefe de seguridad y amigo Happy Hogan (el gran John Favreau) despiertan y activan a Stark otra vez las ganas de confrontar, el self made man de nuevo hecho superhéroe, acido ante la prensa y a los bifes.

Debo decir que a esta altura es un poco agotador ver a Robert Downey Jr. jugando a la Wii con la armadura de Iron Man, tirando on liners filosos todo el tiempo y peor aún, queriendo nutrir los diálogos con guiños cinéfilos (suspendamos los guiños cinéfilos por un tiempo, por favor). Es decir, un Shane Black puro (on liners que recuerdan a Arma Mortal) pero que al ser la tercera entrega de la saga (cuarta aparición del personaje si tomamos en cuenta a Los Vengadores) y primera sin Favreau al frente, ya se nota cansino el recurso constante de la ironía y la canchereada.

El tono de comedia permanente que utiliza Black saca a la película del género de superhéroes y del género de acción utilizando todo el tiempo planos cortos, de rápida duración, narrando como un rápido zaping televisivo. Black se aleja del clasicismo de Favreau para contar la historia de Iron Man utilizando un manierismo que elimina al relato de superhéroes de su lugar y lo pone en esas películas de acción terrenales de los ochenta. Los diálogos entre Downey Jr y Don Cheadle podrían ser sacados del manual de Tango & Cash o, por qué no, también de Arma Mortal. Quizás en ellos recaen los mejores momentos, donde la acción convierte a todo en algo más grácil y no tan grave y en plan de comedia irónica.

El principal problema que tiene la película es el villano: gélido, inexpresivo y con una troupe de secuaces que no aportan. Westworld, como lo llama Stark (te amamos Yul Brynner) a uno de los secuaces de Guy Pearce, no aportan nada, no brindan un desafío a la altura, su línea narrativa es incomprensible (casi como la de Rebecca Hall que aparece y desaparece como si nada) y para colmo de males, al final grita como una verdad absoluta algo que ya había quedado claro hacía cuarenta minutos. Como decía Hitchcock, “Si el villano tiene problemas, la película tendrá problemas”.

Igual nada es tan grave en Iron Man 3 como para preocuparse tanto. De hecho, uno no la pasa mal viendo esta película donde la maquinaria Hollywood funciona de maravillas, pero que está lejos de otras propuestas de Marvel, como por ejemplo, la reciente y maravillosa Los Vengadores.

calificacion_3

Por Carlos Rey

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