A Sala Llena

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It’s About Nothing…

It’s About Nothing…

Hace de anoche que ando dando vueltas, meta pensar en el contenido de la columna de hoy. Más allá de que siempre hablamos sandeces, la realidad es que este espacio mayormente está teñido de cierto grado de creatividad y malabarismo literario, que surte el efecto más que deseado de entretener y rellenar con papelitos de colores, el tiempo ahorrado del fiel lector de la columna.

La realidad es que nada se me ocurría, porque a veces no me pasa nada, verdaderamente nada. Pensé en relatarles mi cumpleaños del viernes que, por cierto, estuvo muy copado. Les contaría que me regalaron bocha de cosas, entre ellas un par de patines alucinantes, otro muñeco de colección de La Guerra de las Galaxias (mi mejor amigo me regala todos los años uno, de los originales, en su paquete y con todas las prestaciones y adminículos).  Ropa, dvds, comida, salutaciones, flores, besos y la mar en coche…  Pero ya pasó casi una semana y, entre el alcohol y el frenesí de los tirones de orejas, los recuerdos no están tan vívidos.  

Vinieron muchos amigos y había un montón de cosas ricas para comer (entre ellas un rogel de Maru Botana, que todavía está en casa y al que le hinco el diente a cada rato) y se quedaron todos hasta re tarde y me dieron mucho cariño y los gatos tiraron el plasma y lo hicieron mierda y  se chuparon la vida y nos cagamos de risa y mi marido se emborrachó y se quedó duro de la espalda y el domingo me siguieron homenajeando y  me hicieron un asado y hay gente que me debe el regalo no se hagan los osos y por lo menos engordé un kilito y qué pasa mi plata no vale y patatín y patatán. Pero todo eso me pareció un poco, como quién dice, desordenado y demasiado orientado hacia la vagancia y el mal entretenimiento.  Algo así como una columna sobre nada. Y entonces se me prendió la lamparita: Tengo que escribir una columna sobre nada: Tengo que escribir  una columna sobre Seinfeld.

El mundo no estaba preparado para una serie como Seinfeld cuando salió al aire su piloto en el año 1989, creado por Larry David y Jerry Seinfeld. De hecho, la pantalla le fue bastante fría en los comienzos y se fue calentando de a poco, gracias a que un ejecutivo de la cadena NBC puso dinero de su propio bolsillo para producirla. Por supuesto, nunca más paró de calentarse, llegando a una audiencia estimada de más de 75.000.000 de espectadores por episodio. La gente se volvió loca por esta comedia emblemática e icónica de los años 90, que se forjó bajo el mito irreductible de ser una serie sobre “nada”.

Y era cierto. El programa era sobre “nada”. Fijaba su argumentación semanal, parodiando las peripecias cotidianas e insignificantes de cuatro personajes maravillosos y absolutamente peculiares. Jerry Seinfeld (interpretado por Seinfeld obviamente), un comediante standapero de éxito, George Costanza (Jason Alexander), un pelado acomplejado, terriblemente neurótico, fracasado, vago, mal entretenido, casi perverso y profundamente cínico, Elaine Benes, ex novia de Jerry y Kosmo Kramer, vecino y chiflado.  Los cuatro eran…  casi no me sale la palabra… ¡DINAMITA!.

De verdad no se podía creer a lo que llegaban las tramas de cada episodio. De hecho, la muestra perfecta de la dinámica de la serie, sea tal vez el capítulo archifamoso del estacionamiento del shopping,  en el que los cuatro personajes extravían el auto de Kramer, debido a que olvidaron en qué nivel lo dejaron.  Los cuatro deambulan por horas (un pez dorado se les muere en el ínterin) tratando de encontrar el coche y, para cuando esto sucede, no arranca.

Ni hablar de aquel episodio en que los cuatro pactaban un concurso que consistía en establecer como ganador a quien pasara más tiempo sin masturbarse. Los diálogos de ese capítulo quedaron en la memoria de toda una generación de manera indeleble. “I´m the master of my domains” “Queen of the castle”. Y todo comenzaba, cuando la madre de George lo interrumpía de manera violenta mientras se masturbaba en el baño.

El episodio del restaurante chino, el de la novia pelada y el peluquín de George, el del nazi de la sopa, los continuados en los que crean la serie, el del menage a troi, el de Elaine y los palos de golf de Kennedy (¡qué digo!), el de Elaine y el propio John-John Kénnedy, el de Jerry y las tetas reales, el del negocio de ventas telefónicas del padre de George (¡Serenity Now!), el de Kramer y el cartel de neón del fast food de pollo, el del muchacho de la burbuja, el de Tolstoi y ¿para qué sirve la guerra?, el de la cabeza gigante de Elaine, el de la camisa de pirata de Jerry y la mujer que hablaba demasiado bajo, el del sweater de casimir en oferta,  el de Melrose Place y el detector de mentiras… Y así puedo seguir hasta la madrugada. No hay capítulo que no sea excelente y el elenco y los actores de reparto, eran simplemente maravillosos. Mi favorito de todos era Jerry Stiller, el padre de Ben, en el rol de infradotado y totalmente lunático progenitor de George. Aquél capítulo en el que desarrollaba un corpiño para hombres y él y Kramer pretendían comercializarlo, era desopilante. No hay una sola semana en la que, a esta altura y todavía, no vuelva a ver algún episodio de la serie. De hecho, cuando mi maridito vuelve medio temprano del laburo, solemos echarnos en la cama a mirar las repeticiones de la Sonny y nos re cagamos de risa como si fuera la primera vez.

Yo tiendo a creer que, lo único que nos diferencia de los animales, es la capacidad para ver Sitcoms y, por supuesto, el género es y será siempre, americano. Las intentonas de reproducir los formatos en otros idiomas y con otros tiempos de comedia, han sido un rotundo papelón, más allá de la acogida que el público les haya dado. “La Niñera” argentina era, redondamente, un tiro en la ingle.  Pero no voy a meterme con eso… Por lo menos, no hoy. Hoy solo quiero rendirle tributo a la mejor serie de los tiempos, cuyo capítulo final fue emitido el 14 de mayo de 1998  y recomendar y recontra recomendar que, quien todavía no la haya visto, se tire de cabeza al formato como quien grita “¡Tierra a la vista!”

No se la pueden perder.

Y para estas jornadas en los que parece que está volviendo el frescor, si  no la encuentran en la Sonny, búsquenla en Cuevana. Eso, si algún pelotudo no mete una demanda judicial por estos días…

Salute y los dejo con un una sola línea: “It´s about nothing”.

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