A Sala Llena

Jethro Tull: The Rock Opera, en el Teatro Gran Rivadavia

Ian Anderson tiene una preciosa costumbre: darse una vuelta por nuestro país cada dos años, para brindar un show completamente distinto al anterior, novedoso, moderno, con un sonido inmejorable, prolijo, preciso, divino, magistral, y así podría continuar hasta quedarme sin adjetivos. Con sus 68 años, sube al escenario, para restarse, por lo menos, treinta, gracias a su destreza y talento. Sigue “levantando la patita” mientras toca la flauta, corriendo por el escenario, sin dejar de moverse más que para tomar un poco de agua o descolgarse un instrumento para tomar otro.

Líder de la única banda de rock histórica que tiene a la flauta como instrumento protagónico, no deja de demostrarnos que tiene una capacidad creativa que no reconoce límite alguno. Esta vez, decidió contarlos la vida de Jethro Tull a través de un concierto de rock en formato de opera, diferente a todo lo que he visto. Mientras en el escenario, Florian Opahle, Greig Robinson y Scott Hammond, junto a Ian, interpretaban de manera exquisita cada una de las canciones, con notables desempeños individuales, en la pantalla trasera se sucedían imágenes remisivas a la vida de Jethro Tull -agricultor inglés cuyo nombre tomó Ian para su banda-, con apariciones vocales de los distintos personajes de la historia.

Esto fue lo más novedoso y característico de este show: las imágenes e intervenciones virtuales en perfecta sincronización con la música tocada en vivo. Un verso cantado por Anderson era continuado por alguno de los invitados virtuales. Por momentos, el invitado virtual cantaba la primera voz, mientras que Anderson se encargaba de la segunda, o viceversa. Es importante señalar que, dada la metodología del concierto, la constante ida y vuelta entre la música tocada en vivo y las escenas virtuales previamente grabadas, no está permitido el más mínimo margen de error, ni desfasajes de ningún tipo. Está claro que nada de esto parece poder suceder cuando de Jethro Tull se trata. Las canciones elegidas e interpretadas fueron, por un lado, las más aptas para desarrollar la historia de la vida del agricultor, con clásicos del repertorio Jethro Tull y, por el otro, cinco nuevas composiciones que generaron esa mezcla entre lo actual y lo pasado, lo clásico y lo moderno, que sabe ofrecer Ian Anderson a sus espectadores. Sus shows siempre nos dejan la misma moraleja: lo que fue creado en el pasado debe seguir sonando, pero renovado y sin quitarle lugar a lo recientemente inventado.

La opera comenzó con “Heavy Horses”, seguido por “Wind Up” y “Aqualung”, con un arranque totalmente sorpresivo e inesperado en un momento tan embrionario de la noche –al menos para los que no habíamos leído previamente el programa para evitar enterarnos de los temas que se interpretarían- que hizo exaltar al público. Una vez finalizado este clásico de la banda, aplaudido por toda la audiencia, tuvieron lugar “With You There To Help Me”, “Back To The Family”, “Farm On The Freeway”, “Prosperous Pasture”, “Fruits Of Frankenfield” y una soberbia versión de “Songs From The Wood”, para dar cierre a la primera parte del concierto.  El personal del Teatro Gran Rivadavia, ya había advertido a esta altura a muchos asistentes que se encontraban filmando -esos que prefieren demostrar que allí estuvieron en las redes sociales antes que disfrutar y llevarse el recuerdo en la mente- que debían cesar con su conducta, para no molestar al resto.

Luego del entreacto, la banda volvió al escenario y sus invitados virtuales a la pantalla, para interpretar “And The World Feeds Me”, que dio paso a “Living In The Past”, “Jack-In-The-Green”, “The Witch’s Promise”, “Weathercock”, “Stick, Twist, Bust”, para más tarde llenarnos de dulzura con “Cheap Day Return”, seguida de una brutal y poderosa interpretación de “A New Day Yesterday”. La opera llegó a su fin de la mano del último tema nuevo interpretado, llamado “The Turnstile Gate” y el infaltable y demoledor “Locomotive Breath”, que dejó al público exasperado. El homenaje a Johann Sebastian Bach llegó en el bis, con “Requiem and Fugue” y la maravillosa versión de “Bourée”, que viene deslumbrando a los amantes del rock desde su inclusión en el disco “Stand Up”, de 1968.

Los tres músicos que acompañaron a Ian en el escenario no pasaron inadvertidos pese al rol preponderante y protagónico del líder de la banda. Scott Hammond, un “relojito”. John O’Hara, aportando ingeniosos arreglos con sus teclados, además de su voz, tanto en vivo como en sus apariciones virtuales, Greig Robinson, apasionado y sutil en el bajo, y John Opahle, el joven alemán, que fue alumno de Al Di Meola e integra Jethro Tull desde el año 2003 –cuando tan sólo tenía 20 años-, habiendo formado parte de la gira solista de Greg Lake durante el año 2005, con su guitarra que siempre suena potente y metalera.

Fue un concierto sencillamente perfecto, en el que Ian Anderson demostró que tiene creatividad y cuerda para rato. ¡Hasta dentro de dos años!

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Crítica por Leonel Javier Ciliberto.

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JETHRO TULL: The Rock Opera – Teatro Gran Rivadavia. Sábado 3 Octubre, 2015.

Artistas – En escena:

Ian Anderson: flauta, guitarra, armónica y voces

Florian Opahle: guitarra

Greig Robinson: bajo

Scott Hammond: batería

Apariciones virtuales y personajes de la ópera:

Ian Anderson (el narrador y el adulto Jethro): voces

Unnur Birna Björnsdóttir (Susannah, esposa de Jethro): voces

David Goodier (Jethro Snr, padre de Jethro): voces

Ryan O’Donnell (El joven Jethro y Jasper Tull, hijo de Jethro): voces

John O’Hara (Quentin Scrobe -Científico Biotécnico- y Director de Coro): voces

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