A Sala Llena

Jugando por Amor (Playing for Keeps)

(Estados Unidos, 2012)

Dirección: Gabriele Muccino. Guión: Robbie Fox. Elenco: Gerard Butler, Jessica Biel, Noah Lomax. Producción: Gerard Butler, Heidi Jo Markel, Kevin Misher, Jonathan Mostow, Alan Siegel y John Thompson. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 105 minutos.

Un retroceso de Muccino.

A mediados de los años 90, el término “soccer mom” se popularizó mucho en Estados Unidos. Literalmente se traduce como “mamá de fútbol” o “mamá futbolera” y se utiliza para referirse a un segmento de la población femenina, de clase alta o media alta y con casa en los suburbios (esos barrios hermosos que suelen aparecer en las películas familiares de Hollywood) y dedican gran parte de sus horas a llevar a sus hijos a practicar deportes (dentro de los cuales el fútbol parece ser uno de los preferidos para los chicos y chicas de alrededor de 10 años). Jugando por Amor, el nuevo filme estadounidense del director italiano Gabriele Muccino, apoya fuertemente su relato en la existencia de este extracto de la sociedad yanqui, las “madres futboleras”.

En su tercera incursión en el cine de habla inglesa –luego de las dramáticas y heroicas En Busca de la Felicidad y Siete Almas, ambas con Will Smith en plan héroe capaz de todo-, Muccino cambia un poco el rumbo, se descontractura, evita la solemnidad –muy presente en sus filmes anteriores- y cae en un filme común, chato y escaso de ideas. Más allá de su enorme repercusión luego de los filmes protagonizados por Smith, este director supo seducir al gran público con la interesantísima El Último Beso, una película de esas que hablan sobre el amor pero sin que las podamos llamar del todo “románticas”. Allí, Muccino se metía de lleno en las relaciones de pareja mediante un grupo de amigos y sus historias. Aquel sensible filme, potente y de una sinceridad chocante y difícil de hallar, contaba también con una actuación memorable de Giovanna Mezzogiorno (Vincere).

Es curioso el cambio de tono que experimenta Muccino, porque el resto de sus películas -algunas más dramáticas, otras con momentos más simpáticos para que el espectador se relaje- siempre se apoyaban en un relato con fuertes aristas movilizadoras. No hay aquí un tratamiento muy denso del conflicto, si no más bien la típica historia del padre separado que quiere arreglar las cosas con su hijo –y con su exesposa, ya que estamos-, una trama similar a En Busca de la Felicidad aunque sin la intensidad dramática de aquella. Para ello, acepta el puesto de entrenador de fútbol que le ofrecen luego de una participación espontánea en una clase: George (Gerald Butler), ex jugador de fútbol, se pone a jugar con los chicos al ver que el entrenador del equipo tiene más interés en atender su teléfono que en enseñarles algo. El chiste es que, de un momento a otro, todas las “soccer moms” presentes caerán muertas ante el galán de George. Lo que podría haber sido una prometedora comedia de enredos, partiendo de la atracción física que George genera en las varias madres que asisten a los entrenamientos (de la talla de Uma Thurman, Catherine Zeta Jones y Judy Greer), termina tomando un rumbo distinto, para centrarse en la relación del personaje de Butler con su hijo, de los intentos de reencontrarse con Stacie, su exmujer (Jessica Biel) que está a punto de casarse con otro hombre. Pero como si esto fuera poco, tampoco explota el filme la presencia de Dennis Quaid (de aspecto desprolijo y ajado y en un papel en el que no lo solemos ver), quien aparece en los primeros momentos como un personaje interesante, sospechoso y manipulador y termina desdibujándose a lo largo de los minutos.

El guión de Robbie Fox (So I Married an Axe Murderer) es caprichoso a la hora de ordenar los eventos y hace desaparecer a algunos personajes en los momentos precisos, lo cual vuelve a toda la historia demasiado acartonada. De más está decir que el relato en sí se compone de un grupo de lugares comunes del género drama romántico y todo lo que se supone que va a suceder (si es que uno vio alguna película antes) termina sucediendo. Al menos Jugando por Amor ofrece una interpretación decente de Noah Lomax (como Lewis, el hijo de George), un niño con poca experiencia en la gran pantalla –quizás lo hayan visto en algún capítulo de Walking Dead-, que a pesar de no destacarse, cumple un buen papel si tenemos en cuenta la importancia de su personaje.

Por último, las nunca bien ponderadas escenas de niños jugando al “soccer” aparecen una y otra vez, y parecen esta vez superar el promedio de patetismo que solemos encontrar en este tipo de secuencias, aunque los métodos sean siempre los mismos: planos medianamente cerrados y personajes protagónicos llevando el balón durante metros y metros de verde pasto en cámara lenta. En su tercera película en Hollywood, Muccino cambia de paradigma: En Busca de la Felicidad y Siete Almas podían ser discutidas por su tono serio y heroico, pero al menos ofrecían algunos elementos de interés. Aquí nos encontramos con el polo opuesto en cuanto a estilo de narración, pero en una historia tan pobre y trillada que, directamente, no vale la pena.

calificacion_2

Por Juan Ferré

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