A Sala Llena

Juntos para Siempre

Juntos para Siempre (Argentina, 2011)

Dirección: Pablo Solarz. Producción: Guillermo Szelske. Elenco: Peto Menahem, Malena Solda, Mirta Busnelli, Florencia Peña, Luis Luque, Marta Lubos, Valeria Llois, Silvia Kutica, Sergio Boris. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 90 minutos.

¿Quién dice que es fácil?. No sólo es uno de los guiones de Solarz que tuvieron traspaso a fílmico, sino el interrogante que se le podría formular a este realizador devenido en director con éste, su debut.

Juntos…presenta en sus minutos iniciales el indiscutible sello de Solarz al momento de recrear situaciones tragicómicas vinculadas a las relaciones de parejas, tal como hiciera con ¿Quién Dice…y Un Novio para mi Mujer.

Una desopilante escena con un sofá en plena vereda, producto de una discusión conyugal que define la estructura inicial del film y la eventual desestructura, tanto a nivel argumental como postura del director. Peto Menahem interpreta a Gross, un guionista al igual que Solarz, quizás un guiño a El Ladrón de Orquídeas, cuya realidad y ficción se entrelazan constantemente. El acaba de ser abandonado por su novia (Malena Solda) con quien convive, a partir de este quiebre accede a los pedidos de esta para hacerla volver como empezar terapia, cambios que no puede concretar debida a la maquinaria mente que lo acosa con la escritura de un guión. Infantilmente, Gross inicia una nueva relación, enfermiza con una “dumb blonde” (Florencia Peña), por momentos para tratar de olvidar a la anterior y en otros como para querer demostrar su ¿avance? ante el posible regreso de su ex. La relación se vuelve caótica y es donde el film comienza a transitar un camino de obsesión à la Vertigo. Algunas decisiones de guión no lograron un por convencerme, es más, hasta disgustaron, una escena en particular de poca sutileza y violencia hacia el sexo femenino y un vocabulario no “políticamente correcto” utilizado en menores.

Menajen realiza una composición interesante, cual un personaje woodiano. Mirta Busnelli en el rol de su madre, estereotipada recuerda a Soledad Silveyra de Las Hermanas L.

Algo que deja en claro el film es que debería plantearse vitalmente en un casting cinematográfico, la participación de actrices con cirujías faciales, hecho por el cual se desdibuja la gesticulación en las interpretaciones y como espectadores perdemos tiempo en registrar éstos cambios atroces de rostros, como el tiempo invertido en la visión de este olvidable film.

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Contrariamente a lo que opinó mi colega arriba, Juntos para Siempre me resultó una película muy interesante.

Estamos frente a una historia intrincada, circular, recurrente, con una mezcla constante de géneros; nada está definido en esta película, no hay límites claros, y las historias se entreveran. Hay infinitos cambios de direcciones no solo en la trama sino también en los personajes.

La repetición, la recurrencia de situaciones, de elementos y de símbolos refuerza esta idea de circularidad y de superposición de historias.

Peto Menahem, como buen actor cómico de stand up, sabe llevar muy bien estos cambios y va mutando conforme muta la película. Es un gran actor cómico pero también es un gran actor dramático.

Malena Solda está bastante contenida y por momentos más rígida de lo que su rol demanda.

A Florencia Peña le sale muy bien el rol de rubia boluda, preocupada solo por formar una familia y tener un tipo al lado que ni siquiera la trate bien, que solo esté ahí, como una planta, como un pedazo de carne entre sus piernas.

Mirta Busnelli, siempre genial. Si bien, como dijo mi colega arriba, es un poco estereotipada e hiperbólica, no por ello deja de lucirse cada vez que aparece en pantalla. Su personaje de la madre insufrible mal medicada es fabuloso.

Y Luis Luque crea un personaje muy perturbado y siniestro pero a la vez romántico y apasionado, y lo vemos como el hijo de puta que abandona a su familia y como el adolescente enamorado que deja todo por su primer amor. Al igual que Gross, ambos tienen esta dualidad en sus caracteres.

La película trata temas vitales como la mirada que se tiene de la vida, el optimismo y el pesimismo, la conexión con las conflictivas propias, el rol de la terapia en esta época tan psicoanalítica, y, por supuesto, la pareja, en particular la intolerancia y la necesidad de adecuar a la otra persona a uno mismo, aunque ello implique el desdibujamiento total de la persona (gran escena de Menahem y Solda en la escalera de la casa de ella, gran dialogo).

Para mí, todos estos puntos hacen de esta una película interesante, que invita a seguir pensando en algunos temas como los vínculos y la afectividad.


Cecilia Martinez

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