A Sala Llena

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CRÍTICAS

La Baba

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La Baba

Dirección general: Ana Laura Suarez Cassino. Dramaturgia: Christian Cardozo. Escenografía: Romeo Fasce. Vestuario: Ana Press. Diseño de iluminación: Facundo Estol. Músico en vivo: Guillermo Wienke. Imagen multimedia en vivo: Lluis Miras Vega. Actriz: Andrea Varchavsky. Prensa: Carolina Alfonso

Cuando el silencio calla a gritos…

Un unipersonal se encuentra siempre sostenido por dos elementos básicos. Uno y quizá el primero, es el texto, y el segundo, pero pisándole los talones por supuesto, es el trabajo actoral. Sin embargo en esta obra nos encontramos con algo inhabitual: una muy trabajada e interesante puesta en escena, particularmente plástica, que conjuga una determinada producción en la realización escenográfica y la utilización de las denominadas nuevas tecnologías. De estos tres elementos (puesta, actuación y texto) nuestra obra posee uno muy bueno, otro bueno y otro que deja un poco que desear. Es por eso que el cálculo total da cuasi matemáticamente la calificación que le ponemos.

Dicho esto pasaremos a describir, de qué se trata la obra. Pero antes de andentrarnos en el conflicto, la situación y los hechos que en ella se relatan, vamos a contar primero cómo se relatan. La historia, aunque en primera persona es muy narrada, esto es descripta, lo cual denota no pocos problemas en la concepción dramatúrgica. La dramaturgia se lee por arrastre, es decir, mediante acciones, silencios, movimientos, textos y vuelta a los actos. Es de lectura vertical y no horizontal. Y es por ello que la escritura de un unipersonal no es sencilla. Ya que no basta con que el texto a cargo del actor esté trasmitido por él incluso de forma muy orgánica. Es allí quizá en donde la dirección tuvo que apelar a todos los recursos de los que disponía en el campo de la puesta en escena. Esto que podríamos llamar una especie de manotazo de ahogado, es una reacción correcta con miras a una compensación lógica de elementos, pero en tanto ésta no se dé únicamente para cubrir otras carencias que no son de su campo, sino para complementarlas desde el rubro que le corresponde.

La temática de la obra es la violencia familiar o doméstica, mediante el abuso a un personaje y el maltrato psicológico a otro. Comienza la obra y escuchamos llorar a una persona que en la penumbra alcanzamos a ver que se encuentra en un asiento, tapada con una manta o ropaje. Con el transcurrir del llanto y sus palabras de: “calma… ya pasa, ya pasa”, comprendemos que se trata de una mujer. Ya cuando las luces acrecientan un poco su potencia irá apareciendo el espacio que la rodea y de a poco vemos que el personaje está en lo que parece ser el asiento de un micro o tren y que hay una valija abierta frente a ella. Comienzan entonces proyecciones intermitentes sobre el fondo de la pared del teatro, que trasmiten la sensación de una ventanilla; el vai-ven de la luz pone a oscuras, ilumina y vuelve a poner a oscuras a la actriz, simbolizando también los estados internos del personaje. Por esta ventanilla se ven pasar las luces de cada estación, pueblo, o ciudad por la que estaría pasando, ahora claramente, un tren. Las proyecciones son repetitivas cuando deben serlo para representar ese movimiento permanente que corresponde a un transporte, y por otro lado, muestra imágenes de ciudades enteras como si se caminara a través de ellas o se vieran desde un avión. Lo que no es un descuido sino un interesante quiebre de esa repetición, que alterna el realismo con un poco de simbolismo artístico. Las imágenes se encuentran grabadas en una alta definición y su gama de colores mantenida entre los verdes, marrones, amarillos u ocres, hablan de un muy buen trabajo con la estética. Siempre es de noche, todo es oscuro, pero se ve…

Los incidentales compuestos por el sonido de un tren real pasando por las vías, aunque parezca un detalle menor, completan lo que es gran parte de los buenos aciertos de la puesta. Pero a nivel sonido y música en general, no es lo es tanto el violín en vivo, que resulta innecesario al no tener ningún tipo de vínculo con ninguna parte de la obra (ya sea físicamente o porque por ejemplo en el texto se mencione algo respecto de dicho instrumento)

La narración comienza y tenemos a una mujer claramente entre dolida y enojada. Habla primero de un desamor, y poco a poco se van hilvanando los sucesos hasta que aparecen los elementos de una escalofriante tragedia de pavoroso y algo básico golpe bajo. Con una trama sobre la mencionada temática de violencia cotidiana, un poco remanida, como de noticiero televisivo, la dramaturgia es sin duda alguna el punto más flojo de esta obra, en donde al menos el lenguaje se sobrepone bastante a la falta de creatividad en ese campo, siendo cuidado y no demasiado obvio, con por momentos detalles interesantes.

En términos generales la trama describe a una mujer sola, pintora, acostumbrada a esa soledad, que trabaja siempre con tapones en sus oídos para aislarse del mundo. Hasta que finalmente deja entrar a alguien en su vida y su casa. Luego de tres años toca a su puerta un policía con una “niña de nueve, flaquita y de ojos tristes” que le dice que es la hija de su pareja quien nunca había querido interesarse por ella. A cargo de la actriz, el texto sigue luego de la narración de los hechos, con la expresión de los estados emocionales de la protagonista asombrada por tal ocultamiento de parte de su pareja. Esta alternancia entre descripción de situación, y descripción de estado emocional, aliviana tanta narrativa. Posteriormente entonces el relato de los hechos se retoma y se nos cuenta que la niña es alojada en la casa en el cuartito del fondo en el que pintaba la mujer. Y vuelve la expresión de la actriz y sus estados, en donde la dramaturgia adquiere un poco de fuerza: es interesante la descripción del silencio de ambas (la pintora con sus tapones y la niña con su tristeza) en un mismo lugar pequeño, que es trasmitido con el lenguaje suficientemente bien tratado, como para producir la imagen de angustia acallada y prisión, que es la temática de la obra. Se retoma el último fragmento de descripción de los hechos y se relata la cumbre del drama por la cual el padre no sólo desamorado pasa a abusar de su hija diariamente noche a noche. Un detalle quizá es el beso en la mejilla que le da al volver a la cama a su mujer, como mostrando una obvia patología psicótica y la falta de sexo hacia su pareja, ya satisfecho. El relato describe que la mujer escuchaba los gritos diariamente pero como sin “querer escuchar”, como cuando se colocaba los tapones en los oídos para poder pintar con tranquilidad, fuera del mundo real. Pero la conciencia le comienza a pasar factura y luego de un mes decide subir las escaleras hasta el cuartito de donde salían los gritos y donde dormía la niña. Al abrir la puerta un poco logra ver con claridad el más tenebroso de los panoramas, sin poder ejecutar un sonido: solo se queda con la boca abierta y le cae, un rastro de baba…

Hay un problema de dilucidación de los hechos en el texto en cuanto a la trama, ya que se relata que hay “sangre”. De ser una situación únicamente abusiva, una virgen sangra la primera vez, y ya no luego de muchas noches. De este modo y solo haciendo este oscuro cálculo es que podemos suponer que además del maltrato de las reiteradas violaciones o había permanente daño físico de lastimaduras o ese día, justo ese día que la protagonista se anima a ir a ver cuál es la situación, presencia el asesinato de la niña. Como decíamos el texto hace mella por varios lugares. Y este desenlace lo termina de confirmar. Hacia el final vemos a la actriz dirigiéndose a la valija, al hablarle a la niña en su recuerdo por lo sucedido y decirle que fue lo mejor sacarla de allí. Innecesario y más bien contradictorio que la valija esté abierta si allí se encuentra la niña en pedacitos, pudiendo dar olor y presentar sospechas en el tren. Sin embargo se entiende la convención teatral de que “todo lo abierto siempre es más receptivo” que lo cerrado. La imagen de la valija abierta se asemeja por otro lado a una ”boca” abierta (como la de la pintora cuando le cayó el hilo de baba). Como ya dijimos, la puesta es muy buena hasta en su detalles menos felices.

Llama la atención tan buen trabajo en otros aspectos, al servicio de una historia que no por lo simple no le deja nada al espectador. Sino que lo que no es feliz es que la elección de la historia parecería haberse dado únicamente para un golpe de efecto en el público. Esta forma de pensar desde la dirección coincide con la puesta en escena: que en este caso siempre tiene esa misión (la de llamar la atención del espectador). Es por este punto por el que la obra se merece la calificación de “buena”, al equilibrar una excelente puesta con un texto tan regular. El meticuloso trabajo multimedia es exquisito por donde se lo mire. Ya hablamos de las proyecciones, pero debemos agregar al laser cuando recorta al personaje como si fuera de papel, o le dibuja la puerta que le abrirá los ojos, luego de ese mes.

El trabajo de la actriz también es muy bueno, a cargo de darle vida a ese texto, sola, y hasta soportando la competencia de tan llamativa y bella puesta en escena. Gran menejo del cuerpo, la voz y la trasmición emocional, más allá de estar quizá demasiado tiempo –toda la obra- en una energía excesivamente alta. Los silencios hubieran ayudado a que no quede en un único grito monocorde, pero aún así sostiene con enorme dignidad este unipersonal, nada sencillo de actuar.

Una obra sobre los silencios, lo oculto, y lo que podemos ver, si nos atrevemos. A través de las nuevas tecnologías…

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