A Sala Llena

La Hora del Crimen

La Hora del Crimen (La Doppia Hora, Italia, 2009)

Dirección: Giuseppe Capotondi. Guión: de Alessandro Fabbri, Ludovica Rampoldi y Stefano Sardo. Producción: Nicola Giuliano y Francesca Cima. Elenco: Ksenia Rappoport, Filippo Timi, Antonia Truppo, Gaetano Bruno, Michele Di Mauro y Fauto Russo Alesi. Distribuidora: Tiff. Duración: 95 minutos.

La Hora del Crimen cuenta la historia de Sonia, una mucama de hotel que, a través del conocido programa de citas de cinco minutos conoce a Guido, de quien parece enamorarse rápidamente. La relación termina precozmente. Ambos se verán implicados en un suceso violento donde Guido pierde la vida.

El tema más interesante de la película a partir de este punto es justamente, todo lo que parece ser y no es; pareciendo llevar como lema “las apariencias engañan”. Desde que Guido muere, esta consigna parece aplicarse hasta a la narrativa misma de la película: lo que parecía, por el título y el conflicto presentados, presentarse como un thriller policial en torno al crimen que se llevó a cabo; repentinamente parece jugar hasta con aspectos del cine de terror, o de un policial que incluye varios ingredientes de terror, como las voces que escucha Sonia, las visiones que tiene de Guido estando vivo, y todas las situaciones que parecen (una vez más, sólo en apariencia) carecer de verosimilitud.

Todo esto es justamente lo más interesante del metraje ya que, si bien pone un poco a prueba la paciencia del espectador, acrecienta en gran medida la vuelta de tuerca que surge en el medio del metraje (hacia el final) donde entendemos lo que pasó realmente.

Pero ahora bien, así como la película posee este aspecto narrativo como uno de los más interesantes, a su vez, lamentablemente, por todo lo que nos es mostrado a continuación, se torna al mismo tiempo en uno de los más pobres: finalmente el argumento se cumple a rajatabla según todo lo que se nos fue paulatinamente anticipando; y, con lo cual, todo termina siendo una suerte de trámite de confirmaciones sistemáticas de la trama. El final es, simplemente, la repetición de las situaciones que vive Sonia a raíz del crimen, pero sin el componente interesante de extrañeza en la que se veía antes inmersa.

Tengo que confesar que hacer la crítica con mayor profundidad de esta película es sumamente difícil, puesto que, teniendo en cuenta que el lugar en el que inserta el metraje al espectador es de una pasividad extrema, se hace imposible revelar cualquier detalle mínimo ya que arruinaría su visionado.

Sin embargo, al respecto, tengo que decir que nunca fui partidario de darle al espectador ese rol dentro de una narrativa que incluye tan vistoso combo de “thriller-policial-psicológico-y hasta cositas del terror”. Si tomamos, en comparación, al cine de Hitchcock, maestro indiscutido a la hora de llevar adelante combos semejantes, su talento por mantener en vilo constante al espectador al tiempo que le otorgaba un rol sumamente activo en la acción, confiándole datos de la trama que nadie más sabe y generando una complicidad que siempre llevará una marca en su filmografía; todo ello conlleva un contraste absoluto con este tipo de narrativa, donde si bien se puede decir que el espectador es mantenido en vilo, es simplemente por el hecho de que no sabe nada más que el personaje, y por este motivo, se ve obligado a seguirlo de principio a fin, aunque mire la hora un par de veces durante el recorrido.

Al terminar la película es un poco difícil no sentirse tomado por idiota, aunque en algún punto se puede uno consolar con las destacadas actuaciones: Sonia, Ksenia Rappoport, se me antojaba como una mezcla sumamente interesante y violentamente bella entre Inés Estevez y Cate Blanchett, con esa dulzura y ese componente de locura combinado con vulnerabilidad, lo que denota un gran tino la elección de actores de acuerdo al perfil de personajes, aún a pesar de las falencias narrativas.

Por Martín Tricárico

La hora del engaño.

No son pocas las películas que combinan una situación de asalto con una historia de amor. El caso más cercano es la más que aceptable The Town, del año pasado. Es por esto que a veces se busca dar un paso más allá, intentando otorgarle una mayor cuota de dramatismo, romance o intriga al film, pero muchas veces el resultado no es el esperado.

La Hora del Crimen nos cuenta la historia de Sonia, una hermosa mujer que trabaja como servicio de limpieza en un lujoso hotel de Turín. Nueva en la ciudad, acude a lugares de “citas rápidas” en búsqueda de un amor, y es precisamente ahí donde conoce a Guido, un ex policía. Tras ese primer encuentro, presencian un asalto.

Si bien leyendo la sinopsis pareciera que estamos frente a un thriller, en el film se demuestra lo contrario. Con el inusual guión de Alessandro Fabbri, Ludovica Rampoldi y Stefano Sardo, la narración va brincando de género en género.

El inicio nos remite a aquellos melodramas clásicos en los que una mujer solitaria buscaba un amor que la extrajera de la monotonía y le procurara su lugar en el mundo. Luego se nos introduce al romance más adulto, donde lo que se perfila como conflicto es la irrupción de un viejo amor. Nuevamente el film salta a otro género, sobre el cual en esta ocasión es mejor no indagar demasiado, aunque quienes vieron esa extraña película llamada El Umbral (Stay, EEUU, 2005) seguramente comprenderán el motivo de esta omisión.

No obstante, lo que parece ser un acierto (el de los saltos mencionados), termina por erigirse como un arma de doble filo. Los primeros cambios dramáticos son acertados, ya que están bien construidos y logran que el espectador sea llevado tranquilamente por el relato. Hacia el final del film, tales modificaciones tienden a forzarse, complicando demasiado una trama que, pese a su simpleza, se mostraba bastante sólida hasta ese momento. De esta manera, el final resulta desangelado, anti climático.

La Hora del Crimen puede ser tomada como una buena película que, al intentar despegarse de la media promedio del film thriller/romántico, abusa de complicaciones innecesarias. No caben dudas de que, sin ellas, tendríamos ante nosotros un film mucho más ameno y menos pretencioso.

Por Jorge Marchisio

Ni fácil ni rápido, bello

Según el capítulo referente a los sueños de Las obras completas de Sigmund Freud, éste distingue “el sueño, tal y como aparece en nuestro recuerdo, del material correspondiente hallado por medio del análisis”. Al primero lo denomina contenido manifiesto del sueño, y al segundo, contenido latente. El proceso de conversión de un estado a otro, es llamado elaboración del sueño.

Podríamos decir de La Hora del Crimen, o en su título original y más atinado La Doppia Hora, que su núcleo central funciona como una excelente traducción a lenguaje cinematográfico de la elaboración de un sueño. Cuyo contenido podría ser interpretado utilizando el prólogo y el epílogo del mismo film. Prólogo que inicia con una multiplicidad de planos detalle que enuncia claramente cuál será la forma del camino a recorrer.

Sin embargo el planteo mencionado no es el mayor mérito de la película, sino que es la maestría con que se utilizan los recursos del lenguaje la que hace que éste sensible guión pueda convertirse eficazmente en un bella película. Responsabilidad que le cabe a un sabio director y a un virtuoso equipo.

Hablemos del lenguaje entonces. A través de una cámara en sutil pero constante movimiento y un juego entre el foco y su pérdida de nitidez se genera una sensación de imposibilidad de anclaje en sujeto u objeto alguno, cierta inestabilidad en la imagen denota una situación similar en los personajes. Por otro lado un hábil montaje establecido por corte directo le da fluidez y dinamismo a una historia que si bien podría generar dispersión por los múltiples sucesos que presenta, por el contrario, evidencia una cohesión detrás de la cuál dedujimos la mirada inteligente de Giuseppe Capoton. Mirada que nunca deja de ser evidente, ya sea cuando se desliga de la historia y busca un nuevo objeto de interés, o bien cuando aborda a los protagonistas de espaldas y a prudente distancia; generando así la sensación de que existe un tercero fuera de ellos pero con cierto vínculo. La banda sonora aporta a la generación de un clima que por momentos transita eficazmente el suspenso, incluso en escenas de cierto romanticismo.

Dentro de este contexto que articula perfectamente la creación de mundo con la progresión del relato se encuentran Guido (Filippo Timi) y Sonia (Ksenia Rappoport). Ambos construyen sus personajes con énfasis en el gesto y la mirada, con más silencios que palabras; y es desde esa construcción que logran desenvolverse en la misma bella sintonía, por más breve que ésta sea.

Finalmente, No podemos dejar de mencionar la acertada elección del éxito musical con el que finaliza el film. La Hora del Crimen postula un viaje onírico. En su epílogo suena “La vida es un carnaval”. El carnaval, cuyo origen se encuentra en las fiestas paganas (las realizadas en honor a Baco, dios del vino, las saturnales, entre otras), propone un tiempo y espacio otro en el cual toda identidad se disuelve bajo una máscara, donde nadie es quien era, y todos son otro. La vida es un carnaval ilustra cabalmente La Hora del Crimen, le otorga ese carácter de gran elaboración onírica, donde si bien existe una realidad concreta, no es ella la que importa, sino su interpretación y la diferentes posibilidades que la mente se permite elaborar.

Por Larisa Rivarola

 

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