A Sala Llena

La saga Crepúsculo: Amanecer – Parte 1

La danza de los vampiros y la fortuna.

Un producto como el de la saga Crepúsculo no podía quedar atrás en la idea de subdividir su última entrega en dos partes. Al igual que lo hicieran en la saga de Harry Potter y con la suerte de poder vislumbrar los resultados de la otra franquicia de antemano, la máquina de hacer dinero no podía detenerse, menos aun corriendo con ventaja. Gracias a ello, nos encontramos nuevamente con una historia vacía de contenidos, donde por más de tratarse de un relato sobre vampiros y la conocida trama gracias a los capítulos que la precedieron donde se planteaba la inclusión en una sociedad que alberga a vampiros y hombres lobos, existiendo un pacto a cumplir.

Las idas y vueltas de Bella y Edward se desaceleraron, ya recorrieron la etapa de enamoramiento, del primer beso y la lucha contra un rival enamorado, ahora es tiempo de una luna de miel en una paradisíaca playa brasilera que se ve truncada cuando una de las grandes problemáticas en adolescentes tiene cabida: el embarazo no buscado. Convengamos que Edward tiene cientos de miles de años seguramente pero en un cuerpo de adolescente, lo que brinda justamente este encasillamiento.

Como algo no menor la conflictiva entre vampiros, humanos y hombres lobos queda ubicada en un segundo plano, toda la atención se centra en nuevo integrante de la familia, en el film denominado como “feto”, “criatura” o “bebe”, ya que se desconoce su desarrollo dentro de la matriz femenina. Se barajan temas como la muerte postparto, el sacrificio de una vida por el amor, un par de rencillas familiares y una menor pelea entre la inminente ruptura del tan sagrado pacto.

Bill Condon, respetado director de films como Dioses y Monstruos, Kinsey y Dreamgirls, se hizo cargo de la dirección de las últimas dos partes de esta saga, cargándose al hombro un producto ya impuesto y brindando una lectura con no tan abundantes cambios radicales, sin escenas de acción-gore truculentas, interiorizándose más en la problemática de la pareja pero desde una óptica un tanto ridícula. Habiendo en Dioses y Monstruos demostrado un potencial que le sirvió para captar apenas la atención de la industria cinematográfica al que supo explotar desde un lugar menor de un proyecto de bajo presupuesto e independiente, hoy, con mayores posibilidades los resultados van en otra dirección, quizás impuesta pero desfavorable para la carrera de este director.

La Saga de Crepúsculo no termina aún, falta tan sólo una más. Esperemos no sea un padecimiento al igual que Amanecer Parte 1.

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