A Sala Llena

La Piel que Habito, según Tomás Maito

Desequilibradamente cinéfila

El español Pedro Almodóvar demuestra cada vez que presenta un nuevo film que es uno de los directores más destacados de los últimos treinta años. A través de las mezcla de géneros y estilos, del impacto visual de sus imágenes y de su mirada cinéfila, concreta obras dignas de ser recordadas y analizadas, desde sus inicios entre lo kitsch y lo grotesco hasta la madurez que le adjudica un cine genuino de autor, a través de temáticas faltantes de escrúpulos que exhiben las historias de ciertos personajes marginales que son característicos de éstas.


En La Piel que Habito, su nueva película, Almodóvar narra una nueva historia descabellada dentro de su rico portuario. Robert (Antonio Banderas) es un reconocido cirujano plástico que tras su mujer terminar incinerada en un accidente, se dedica a la creación de un transplante de piel que traiga consecuencias novedosas al mundo de la ciencia. Vera (Elena Anaya), la joven paciente con la que esta experimentando su nueva técnica, será la que confronte con éste, que a través de un pasado revelador, le darán pie a un atrapante thriller que continúa con la senda de Los Abrazos Rotos, su obra anterior.


El film enfoca grandes climas de suspense al estilo de Vértigo de Alfred Hitchcock o ¿Qué Pasó Con Baby Jane? de Robert Aldrich, como también incluye ciertas características del film noir, y hasta se puede decir que por tener un presente que transcurre en un futuro (aunque sea un cercano 2012), La Piel que Habito tiene reminiscencias al género de ciencia ficción, ya que el hecho de la transformación de cierto personaje tiene mucho que ver con el clásico Metrópolis de Fritz Lang.


Lo que tiene la película, como la mayoría de las de Almodóvar, es que se compone de una estructura narrativa impecable, dónde cada espacio temporal está correctamente relatado, siendo que la transición del presente al pasado a través de flashbacks se produzca con una sutileza digna de destacar.


Pero lo que tematizará La Piel que Habito es la venganza, cuestión que a priori parecería un tanto compleja, pero que el film irá dando a saber de una manera más que calificadora en el modo que el contenido se vaya sumergiendo en cuestiones como la ausencia de la moralidad, las diversidades sexuales y las situaciones grotescas, siendo destacable como el propio realizador se toma el privilegio de citarse a si mismo con una perturbada escena que hace recordar a Kika.


La cuestión, en tanto a las acciones, será que los personajes resultarán tan diabólicos que la trama se forjará siniestra, en tanto que mediante cada revelación que el film proponga, la obra tomará un eje macabro digno de un universo del género de terror, brindando las mentes psicológicamente más desequilibradas propuestas por el director.


La Piel que Habito es un film avasallante de una desgarradora profundidad narrativa, que acompañada por la impecable composición musical de Alberto Iglesias y exquisitos planos detalle hace que la nueva obra de Almodóvar sea sumamente interesante, con el plus de ver a Banderas en un gran protagónico y a su vez volviendo a sus inicios de actor fetiche del realizador como en Matador, La Ley del Deseo, Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios y ¡Átame!




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