A Sala Llena

Crítica: Llámame por tu Nombre (Call me by your Name), por Diego Ávalos

(Italia, Francia, Estados Unidos, Brasil, 2017)

Dirección: Luca Guadagnino. Guion: James Ivory (Novela: André Aciman). Elenco: Thimothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel. Producción: Emilie Georges, James Ivory, Luca Guadagnino, Marco Morabito, Howard Rosenman, Peter Spears, Rodrigo Teixeira. Distribución: Uip.  Duración: 132 minutos.

– Bueno señora, muchas gracias, hasta mañana…

– ¿Pero adónde vas tan abombada?

– Tengo cosas que hacer.

– ¿Qué cosas?

– Dejé sin planchar el cable de la plancha, vio que después queda arrugado y…

– Sentate, quiero que hablemos de la película. ¿Qué te pareció?

– Es muy linda Italia.

– Italia es preciosa, ¿viste qué paisajes? Yo viendo esta película siento que estoy allá.

– Sí, el que hizo la película debe tener una agencia de turismo, ¿no es cierto?

– Es director de cine, no necesita trabajar.

– Qué suerte…

– Pero bueno, decime algo más.

– ¡No sé, señora!

– Hablame de la historia.

– Y… se conocen, se les sube la sangre, hacen sus cosas y se separan.

– La vida misma.

– Si, lo que nos pasa a todos. Ahora, qué cosa gastar tanta plata en algo que le pasa a personas como nosotras, ¿no, señora? Yo creí que las historias de las películas eran más grandes que una, no iguales.

– No te compares. Esa gente es muy distinta a vos. Fijate como se la pasan hablando de libros, de poesía, de filosofía, de arte.

– Es cierto, parecía que estaban más en una clase de la facultad que en una casa, ¿no?

– ¿Vos sabés mucho de facultades?

– ¡No! ¿Qué voy a saber, señora? Por eso es que usted entiende más que yo la película.

– A ver, ¿qué no entendiste?

– Me pareció que a veces contaba cosas que si no estaban era lo mismo.

– Dame un ejemplo.

– Y… hay muchos… por ejemplo cuando están al lado de la pileta, con los anteojos negros, que no pasa nada por mucho tiempo.

– Claro, ¿sabés qué pasa? No se puede vivir de “Rambito y Rambón primera misión”. Si supieras más estarías tan orgullosa como yo. Esos son planos en homenaje a nuestra gran directora salteña, que aunque provinciana es como nuestra. Cuando vi esas imágenes se me cayeron las lágrimas.

– A mí también. Dígame, esa directora, la que es nuestra pero es salteña, ¿es famosa?

– Bueno, en las facultades la adoran. Y en Europa también.

– Claro, como yo de facultades no tengo idea y de Europa solamente conozco lo que la agencia nos acaba de mostrar…

– Vos quedate tranquila que todo se aprende. Un día vas a mirar una película como esta y te juro por Dios que la vas a entender.

– Mire que yo creo en los milagros, pero entender por qué alguien haría una película en que la imagen parece que la están pateando y después quemando, ¿o no vio que en un momento aparecen esos dibujos como los que tienen los negativos de las fotos? No, no creo que pueda entender nunca algo así. Ni por intervención divina del espíritu santo en persona. O en paloma.

– Lo que pasa es que esas cosas en particular no son para vos. Están hechas más para gente como yo, que busca del cine algo más complejo que una historia normal.

– ¿Qué es lo que busca la gente como usted, señora? Me gustaría mucho saberlo.

– Que mientras miramos cine nos recuerden que miramos cine.

– ¿Usted anda mal de la memoria?

– No, quiero decir que mientras miramos una película nos gusta reflexionar sobre el mismo hacer del cine. Entender cine es muy complicado. Hay muchas cosas que te estás perdiendo.

– Seguro que tiene razón. ¿Sabe qué? Yo me quedé pensando en cuando van de viaje. ¿Por qué el chico vomita?

– Eso es un símbolo. Está muy enamorado.

– ¡Ah, con razón cuando usted cocina para su aniversario el señor también se la pasa vomitando! ¡Ahora entiendo!

– Decime la verdad. ¿Te gustó?

– ¡Si usted sabe que yo soy una bruta, señora!

– ¡No me mientas que no estamos jugando a la canasta!

– La verdad que se me hizo un poco pesada y me dio sueño, pero hoy me levanté a las siete.

– Estoy un poco decepcionada. Esperaba más de vos.

– ¿Qué quiere? ¿Qué me ponga el despertador a las seis?

– No. Que me digas algo más interesante, no sé, encima que la puse especialmente para vos, al final…

– El reloj, ¿se dio cuenta? El reloj del chico.

– ¡Muy bien! Ahí hay algo, muy bien.

– Como que lo mostraban mucho, ¿no es cierto? Se notaba que querían decir algo con el reloj, entonces había momentos que solamente estaban puestos para que se entendiera que querían decir algo con el reloj. ¿Pero eso está bien? ¿Qué sea tan fácil que una se dé cuenta de que le quieren decir algo porque le dicen lo mismo una y otra vez y no pasa nada más que eso que repiten? A mí no me hace sentir muy inteligente que me digan siempre lo mismo, ¿a usted, señora?

– No es tan fácil darse cuenta.

– Le digo que es muy fácil.

– No, no lo es y basta. Me pone nerviosa que seas tan necia. Viste una obra maestra y lo único que dijiste es que era aburrida, chica y reiterativa. Me parece un análisis demasiado pretencioso para alguien que solamente mira canal 7 todo el día.

– Solamente en horas de descanso, señora. Bueno, ¿me puedo ir a dormir ahora?

– Si. ¿Vas a pensar en todo lo que hablamos?

– No señora, disculpe. En la cama y a la hora de mirar la tele en mi pieza, prefiero soñar en grande.

© Diego Avalos, 2018

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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