A Sala Llena

Los Fantasmas de Scrooge, según Tomás M. Luzzani

Los Fantasmas de Scrooge, es un film de Disney dirigido por Robert Zemeckis, que aborda la ya conocida historia de “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens. Siguiendo los pasos de sus últimas dos películas (Beowulf y El Expreso Polar), Zemeckis hace otra con animación con captura de movimiento, y también vuelve a abordar la temática navideña. Otro dato no menor, es que implica una vuelta a los viajes en el tiempo –Robert fue el director de la recordada, y muy querida, Volver al Futuro.

Scrooge, que en su versión original recibe la voz de Jim Carrey (quién ya había dado su voz para Horton y el Mundo de los Quién), es un viejo rico, pero avaro, que en vísperas de Navidad recibe la visita de tres fantasmas que le muestran su pasado, su presente y su futuro, obligándolo a reflexionar sobre su persona, su rechazo por las festividades, sus amigos y familia, y sobre todo, su forma de vivir y sentir la vida. El mismo Jim le dio vida a través de la captura de movimiento, y hacen su participación en el film Gary Oldman, Colin Firth y Robin Wright entre otros.

Nadie duda de las capacidades de Jim para darle vida a un personaje, sus recursos de interpretación física ni su voz, y se nota su participación en el film. Es prácticamente él como un personaje que trasciende a las distintas personalidades que aborda, lo que hace que la historia progrese y el espectador se meta en la película; sin embargo, la historia allí se queda. La animación, que se encuentra a años luz de lo que fue El Expreso Polar, y tiene sus momentos de gloria, sobre todo si se la ve en 3D (si bien el efecto aún cumple la función de sorprender al espectador más que tener una función narrativa) hay momentos muy interesantes donde todo converge para que el espectador “esté dentro del film”. Pero también la historia tiene ciertos baches, recordemos que tiene la intención de ser un producto para niños –aunque Disney mismo reconoce que no es recomendable para los más pequeños– y eso se hace notar. El público adulto encontrará la historia que ya conoce, con la belleza que un director de la talla de Zemeckis le puede aportar, un Jim Carrey lejos de otras pelis navideñas como El Grinch, que logra comprar al espectador con sus múltiples personajes, pero tampoco alcanza a estar a la altura de clásicos del cine navideño como Qué Bello es Vivir.

La asociación Disney-Zemeckis brinda una película que funciona como producto navideño, alimenta al espíritu de la navidad, y entretiene. Puede ser disfrutado por padres y chicos, pero no es ideal para los más chiquitos. Gana con el virtuosismo de Jim Carrey, pero no aún así pierde magia a lo largo que los minutos pasan.

 

 

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