A Sala Llena

Los Amantes

 

 

Los Amantes (Two Lovers, EEUU, 2008)

Dirección: James Gray Guión: James Gray & Ric Menello Producción: James Gray, Donna Gligotti, Anthony Katagas Elenco: Joaquin Phoenix, Gwyneth Paltrow, Vinessa Shaw, Moshi Moshonov, Isabella Rossellini, Elias Koteas Distribuidora: Distribution Company Duración: 110 minutos.

Da placer, muy de vez en cuando confirmar que existen nuevos autores dentro del cine estadounidense que pretenden diferenciarse del resto de los “nuevos realizadores”, aun cuando se nutren del cine clásico, y a la vez parecen manejar tiempos del mejor cine europeo.

Hace unos años, se estrenó La Traición (The Yards), una interesante, aunque convencional historia de una familia de orígenes irlandeses de los suburbios de Nueva York, involucrada en asuntos mafiosos, donde uno de los miembros que acaba de salir de prisión debe decidirse si quedarse o no en el negocio, o seguir su deber moral. En Los Dueños de la Noche (We Own the Night), el protagonista debe tomar la decisión de seguir con una vida de excesos, fiestas y éxito dentro de las discotecas de los ‘80s de Nueva Jersey unido a la comunidad rusa, o ser fiel a su legado de policía de reputación intachable.

El director de ambas películas se llama James Gray, de perfil bajo fue construyendo una carrera como autor. Su mirada humanista, compasiva hacia diferentes comunidades en donde el protagonista se encuentra en una encrucijada moral, el deber o los “negocios sucios” parece sacado de algún melodrama de Elias Kazán o Nicholas Ray, de los años ’50, así como ciertos códigos, lenguajes, propios de estos submundos de Nueva York. Se podría decir que Gray empieza a ser un émulo del primer Martin Scorsese, del Scorsese menos ampuloso, intimista, transgresor y clásico a la vez, como tomando constantemente referencias de Quién Golpea a mi Puerta o Calles Salvajes. Con estas dos obras, parecía que Gray iba a seguir haciendo films policiales, con elementos de melodramas familiares cincuentosos.

Sin embargo, en su cuarta inserción cinematográfica (no puedo hablar de Little Odessa, su ópera prima, ganadora en Cannes, porque nunca llegó a las salas argentinas), Gray decide abandonar las armas, la acción y a los policías, para centrarse más en los conflictos internos de su protagonista, que como es usual, debe elegir entre seguir las tradiciones de su familia, o los impulsos. Esta vez, no se trata de drogas, dinero o poder. Sino algo más básico y letal: el amor obsesivo.

 Leonard (Joaquin Phoenix, actor fetiche y alter ego del director, antes de convertirse en “cantante” de Hip Hop) es un ser totalmente autodestructivo. Las penas amorosas que tuvo, durante su vida, siempre lo llevaron por mal camino, y aunque podría haber sido un exitoso fotógrafo, su pasión por las mujeres, lo llevó a querer abandonar el resto de las actividades. Su familia, preocupada, quiere que siga con el negocio familiar (tienen una tintorería), y a la vez se case con la hija de un importante dueño de tintorerías, que podría comprarles el local cuando ellos se jubilen. La chica, Sandra (Vinessa Shaw), parece ser el cable a tierra que Leonard necesita para equilibrar su vida. Pero nuevamente, todo se desmorona cuando conoce a la inestable, Michelle, la vecinita de enfrente, y queda perdidamente enamorado de ella, aun cuando, pareciera que ésta solo quiere su amistad, ya que sale con su jefe (Elias Koteas) un abogado casado.

Leonard desea a Michelle indudablemente, aunque la relación empieza a enfermarlo nuevamente, y aún sabiendo que tiene en Sandra, la vía de escape para “recuperarse”.

Gray hace hincapié nuevamente en las decisiones morales. Esta vez desde una perspectiva más cotidiana. Indagando, otra vez en la influencia de las tradiciones de los subgrupos étnicos de los suburbios de Brooklyn, la comunidad judía, y la dicotomía entre el inestable camino a la “felicidad” y conformarse con la decisión correcta para seguir transmitiendo los valores conservadores de la sociedad y la familia.

Notable es el uso de la fotografía donde, Joaquin Baca-Asay (fotógrafo habitual de Gray), diferencia en colores, climas y temperaturas los dos niveles que atraviesa Leonard.

También son fundamentales las interpretaciones: Joaquin Phoenix, llega a una intensidad emocional, realmente extraordinario, con muy pocos gestos, y palabras exactas. Se lo va a extrañar mucho en el mundo del cine. La manera en que logra representar la bipolaridad del personaje pasando por diferentes estados de ánimo de una escena a la siguiente, pero no por eso que resulte forzado es un trabajo que no se ve mucho hoy en día.

Hay que resaltar que tanto Gwyneth Paltrow como Vinessa Shaw demuestran un gran crecimiento en sus actuaciones, más convincentes, creíbles que en caracterizaciones anteriores. Es indudable el talento y naturalidad tanto del actor israelí Moshi Moshonov como de Elias Koteas en roles secundarios, pero es realmente la maravillosa Isabella Rossellini, con poco tiempo en pantalla, la que demuestra, un temple que recuerda, inclusive físicamente a su madre, Ingrid Bergman (Gray incluso la viste en una escena idéntica a una de las últimas películas que rodó la misma).

Gray no descuida ningún elemento narrativo, da la información precisa al espectador, no es redundante, e incluso deja una brecha abierta para que a la salida de la sala, pueda generarse debate y reflexión.

Atrapante, densa, compleja, reflexiva. Influenciada por la poesía y literatura rusa, algo de ópera (en sentido narrativo y musical) y de Hitchcock (Vertigo, La Ventana Indiscreta). Incluso, una las escenas de sexo de la película, tienen una potencia, y a la vez una sutileza, ironía y originalidad notable, fuera de los cánones hollywoodenses contemporáneos.

Los Amantes es una película que parece haberse filmado 50 años atrás, no porque retrase su estética o temática, sino porque retrotrae a la época en la que el cine se nutría del cine mismo y la literatura y no de la televisión.

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