A Sala Llena

Los Juegos del Hambre, según Matías Orta

Ya se sabe: cuando un libro se convierte en best seller, inevitablemente es adaptado al cine. Si se trata de una saga o trilogía orientada al público juvenil, más razones tienen los ejecutivos de los estudios a la hora de invertir sus billetes. A veces les sale bien, otras no. La saga de Harry Potter enloqueció al público y se ganó el respeto de la crítica. Las películas de Crepúsculo recaudan millones pero no entusiasman a la crítica. Y otras sagas literarias mordieron el polvo y ni siquiera pasaron de la primera película.

Los Juegos del Hambre es la primera parte de una trilogía escrita por Suzanne Collins, alabada hasta por el mismísimo Stephen King. Y sí, también fue convertida en un film, del que vamos a hablar en este texto.

En el futuro, luego de una hecatombe mundial, los Estados Unidos pasa a llamarse Panem, un territorio compuesto por doce estados gobernados por el director Coriolanus Snow (Donald Sutherland). Cada año se realiza un evento conocido como Los Juegos del Hambre, un reality show en el que dos representantes de cada distrito (un chico y una chica de entre 12 y 18 años) debe sobrevivir en el bosque y eliminarse entre sí hasta que sólo quede uno, quien será coronado ganador. Cuando su pequeña hermana sale sorteada para participar, Katniss (Jennifer Lawrence) se ofrece como voluntaria para ir en su lugar. La joven y Peeta (Josh Hutcherson), un vecino con el que no tenía relación, serán lookeados y entrenados física y psicológicamente. Durante la preparación, Katniss llama la atención lo suficiente como para ganarse la confianza de los “buenos”, la envidia de los más salvajes y el cariño de los espectadores. Pero una vez comenzados propiamente los Juegos del Hambre, deberá luchar para evitar la muerte y conservar el sentido común. El tanto, la farándula, la política, todo Panem permanece frente a las pantallas gigantes, deseosos de tensión, desesperación y sangre, como la plebe en la Antigua Roma cuando veían a los gladiadores.

La historia funciona como una vuelta a la ciencia-ficción que se hacía en los ’60 y ’70, basada en un concepto fuerte y en un cuestionamiento al Sistema: Fuga del Siglo 23, Rollerball, Cuando el Destino nos Alcance, y hasta Un Chico y su Perro, aquella extrañeza de culto protagonizada por Don Johnson e inspiradora de las películas de Mad Max. Muchas de estas obras están basadas en textos que, a su vez, le deben a las novelas distópicas por excelencia: 1984, de George Orwell; Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, y Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley. Otras influencias podrían ser las novelas que el mencionado Stephen King: El Fugitivo —que fue llevado al cine y acá se la conoce como Carrera contra la Muerte, con Arnolds Schwarzenegger— y, especialmente, La Larga Marcha, acerca de muchachos que participan en una competición en la que, si dejan de moverse, son asesinados a tiros.

Pero la obra a la que más remite es Batalla Real, tremendísimo film de Kinji Fukasaku en el que un grupo de estudiantes debe exterminarse mutuamente hasta que sólo quede uno.

Más allá de todas estas influencias reconocibles, Los Juegos del Hambre sabe combinarlas bastante bien y se las arregla para tener personalidad propia. No llega a los niveles de crudeza y sanguinolencia de Batalla Real (aunque hay escenas cruentas, ojo), pero funciona como una sátira de los programas como Gran Hermano (otra gran influencia de Orwell), donde conseguir altos ratings lo es todo, no importa si hay que matar para lograrlo.

El director Gary Ross tiene una fijación en personajes que rompen con las reglas del ámbito en el que se mueven: escribió los guiones de Quisiera ser Grande y Presidente por un Día, y dirigió Amor a Colores y Alma de Héroes. Ahora debuta en el terreno de la sci-fi, y cae bastante bien parado. El uso de cámara en mano ayuda a darle autenticidad a la película, especialmente a las secuencias que transcurren en el bosque. Pero la búsqueda de realismo hace agua con la aparición de unos perros mutantes hechos por computadora, uno muy diferentes a los licántropos de las secuelas de Crepúsculo.

Jennifer Lawrence demostró que ella sola puede llevar adelante una película (Lazos de Sangre) y que el género fantástico le sienta bien (X-Men: Primera Generación). Katniss es una chica de pueblo, bella y tímida, que sabe como ingeniárselas para sobrevivir. Eso cautiva a quienes siguen los Juegos del Hambre, y también lo hará con los espectadores del film. Una estupenda combinación de belleza, emotividad y destreza. El resto del elenco, demasiado correcto, desde Stanley Tucci hasta Donald Sutherland, pasando por Wes “siempre seré el muchacho conflictuado de Belleza Americana”, Bentley. Sólo Woody Harrelson sobresale un poco en su rol de Haymitch, el mentor de los jóvenes protagonistas. También aparece el cantante Lenny Kravitz como un estilista, pero su presencia saca de clima al espectador, ya que nunca deja de ser ni de comportarse como él mismo.

Pese a no ser ni muy original ni muy fascinante, Los Juegos del Hambre es una interesante vuelta a un subgénero de la ciencia-ficción ideal para explotar hoy en día, en este mundo tan corporativo y mediatizado. Además, es el comienzo de una taquillera trilogía, y, como los mejores film postapocalípticos o distópicos, lleva a pensar en qué provenir nos espera.

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