A Sala Llena

Libreta de apuntes (13) | Los padres

LOS PADRES

El domingo, Seúl publicó una nota de Gustavo Noriega para recordar los 30 años de la salida del primer número de El Amante. Noriega cita un texto de Quintín, de enero de 1993, una crítica de Mi primo Vinny publicada en El Amante, un texto que hoy a la distancia es fácil leer como un manifiesto. Quintín decía que “la dicotomía, cine europeo como arte, cine norteamericano como entretenimiento, es uno de los clichés estéticos que persigue la crítica desde hace años”. Para muchos de nosotros esto ya es una obviedad, pero no lo era para nada en 1993. Aunque en cierto sentido sigue siendo una idea incómoda, porque son muchos los que creen que el buen cine debe presentarse con un envoltorio que anuncie que se trata de una “película importante”. En otra parte de la nota, Quintín hacía notar que el estándar del cine norteamericano seguía siendo muy alto, que esa segunda o tercera línea de películas sin prestigio permitía en muchos casos lecturas sociales, culturales o políticas, sobre todo cuando nada de eso se declamaba. Y describía para siempre lo que consideraba “el placer del cine norteamericano común, que no se trata de un mensaje a interpretar, sino de un espacio cinematográfico para descubrir y disfrutar.” Muchos de los que aprendimos a ver cine mientras leíamos esa primera época de El Amante nos la pasamos buscando ese tipo de películas, que a pesar de no pretender ser obras maestras (o precisamente por eso) nos ofrecían una mirada noble y compleja sobre el mundo y las relaciones entre las personas, aunque se escondieran modestamente en la apariencia de la sencillez, la amabilidad y la nobleza. Son, en mi caso, películas inolvidables, como Cielo de octubre (Joe Johnston, 1999), Esa cosa llamada amor (Peter Bogdanovich, 1993) o Mi querido intruso (Lasse Hallström, 1991), aunque hay otras que ya no recuerdo, que disfruté, que me hicieron llorar, pensar y reír, pero de las que nos retuve ni el nombre del director, pero que si las vuelvo a encontrar de casualidad enseguida las reconocería. Pasan los años y las seguimos buscando. Y cada tanto las encontramos. Y compartimos el descubrimiento entre los que las amamos secretamente, para sentirnos acompañados, como si fuéramos una secta secreta. 

Para referirse a esa nota de Noriega, que cita a su vez a la de Quintín, Diego Papic recordó en un tuit cómo fue su primer encuentro con El Amante. Ahí se refería a una nota de Gustavo Castagna sobre Un mundo perfecto, en la que se decía que la ausencia del padre era uno de los temas esenciales del cine americano. Y me hizo pensar que en muchas de estas películas nobles, pero aparentemente menores, esas que el cine norteamericano por suerte todavía sabe hacer, el tema de la ausencia del padre era recurrente. Eso debía significar algo. Y creo que lo descubrí. La cinefilia no puede ser otra cosa que la forma que tenemos de salvarnos de algo, de tapar agujeros, de encontrarle un sentido a un mundo que miramos con perplejidad. Las películas nobles y amables no nos ofrecen un antídoto frente a esa hostilidad, no son ni siquiera una manera de evadirnos del dolor. Se trata, al contrario, de un universo en el que nos reflejamos, que nos expone ante nuestros perores fantamas, pero que al mismo tiempo nos protege, nos da un hogar, nos enseña a entender de qué se trata la vida. Como se supone que debería hacer un padre con un hijo. 

Las películas nobles son el padre que muchos no tuvimos. Esa sensación de amparo y revelación que nos ofrecen estas películas, por su propia naturaleza cinematográfica, se duplica a su vez cuando el tema que plantea es la búsqueda del padre y el descubrimiento de que ese dolor y esa ausencia solo se pueden reemplazar con la propia vida, con la cosntrucción de una vocación, con las aventuras del amor y con el cariño y la confianza de otras personas, que no son nuestros padres, pero que nos ayudan a seguir, a crecer y a creer en nosotros.

Termino esta columna sin nombrar todavía The Tender Bar, que se puede ver en Amazon Prime Video. Bueno, de todo eso que acabo de escribir trata esta hermosa, amable y noble película. 

 

© Juan Villegas, 2022 | @JuanVillegas19

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