A Sala Llena

Luna Nueva, según Matías Orta

Allá por 2005 salía a la venta Crepúsculo, una novela acerca del romance entre la joven Bella Swan y el aparentemente joven pero vampirizado Edward Cullen. Esta especia de nueva versión de Romeo y Julieta enganchó a los adolescentes. Enseguida aparecieron las continuaciones que componen la saga: Luna Nueva, Eclipse y Amanecer. La autora Stephenie Meyer pasó de ser una simple ama de casa a una celebridad comparable a J. K. Rowling, mamá literaria de Harry Potter. Y es que ambos universos tienen muchos puntos en común (para empezar, apuntan a los mismos lectores). La Meyer se convirtió en una figura controversial cuando declaró ser mormona, algo que se nota en sus libros: los personajes no beben alcohol, no fuman y no tienen sexo. Sin embargo, nada frenó el suceso mundial de sus creaciones.

El cine no iba a dejar pasar semejante fenómeno. Hace menos de un año se estrenó Crepúsculo, adaptación de la primera novela. Dirigida con muy buen pulso por la especialista en teenagers Catherine Hardwicke, la película fue un golazo de arco a arco, incluso entre los siempre exigentes fanáticos. La Bella y el Edward de la pantalla grande (Kristen Stewart y Robert Pattinson, respectivamente) adquirieron fama mundial, y ahora todo el tiempo aparecen en revistas para quinceañeras.

Ahora llega Luna Nueva, basada en la segunda novela de la serie.

En esta oportunidad, Edward y el resto del clan Cullen no aparecen demasiado. En cambio, cobra preponderancia el personaje de Jacob, quien pretende algo más que una amistad con Bella. El tema es que Jacob y los suyos suelen transformarse en lobos gigantes, por lo que la sufrida muchacha no pega una con las relaciones. Pero, a pesar de lo mucho que quiere y respeta al lobuno jovencito, Bella sigue loca por Edward. El resultado: una historia de amor no correspondido (temática que comparte con 500 Días Con Ella, otro estreno de la semana).

Kristen Stewart sigue siendo un tanto inexpresiva, pero el papel le queda perfecto. Lo mismo con Robert Pattinson, el galán del momento, a quien se las arreglaron para que esté más en pantalla aunque más no sea como visiones. Quien lo opaca momentáneamente en el film es Taylor Lautner. El otrora Niño Tiburón en aquella peli infantil de Robert Rodríguez, que en Crepúsculo tenía un papel muy secundario, pela sus trabajados abdominales a la menor oportunidad, muchas veces de manera gratuita (desde el punto de vista de un varón heterosexual, claro).

Siguiendo con los actores, es gracioso el caso del galés Michael Sheen. En la saga de Inframundo interpretó a Lucien, líder de los Lycans. En Luna Nueva se pasa para el bando de los chupasangres, ya que es Aro, el más pesado de los Volturi, vampiros refinados que residen en Italia. Dentro de esa sociedad cuasimasónica está Jane, una aniñada pero poderosísima vampira, encarnada por la ahora adolescente Dakota Fanning. Jane aparece menos de diez minutos en pantalla, pero provoca nerviosismo y ganas de verla más en acción (lo que ocurrirá en Eclipse, tercera parte de la saga crepuscular). Una prueba de que el talento de Dakota continúa intacto.

Se suponía que la Hardwicke iba a dirigir esta película, pero las ya típicas diferencias creativas con los productores (en este caso, Summit Entertainment) la hicieron dar un paso al costado y ahora se dedica a una nueva versión cinematográfica de Hamlet protagonizada por Emile Hirsch. Pero Luna Nueva contó con la dirección del también talentoso Chris Weitz, co-creador de American Pie y responsable de Un Gran Chico. Lo cierto es que el neoyorkino estuvo a la altura del desafío que implicaba meterse en una franquicia como esta, y lo hizo sin imitar el estilo del film anterior. Ayudó mucho la tarea del director de fotografía  español Javier Aguirresarobe, quien supo iluminar Los Otros y Mar Adentro.

Esta segunda parte de Crepúsculo tal vez no pase a la historia en términos de calidad, pero es un entretenimiento tan logrado como su predecesora, y ya sabemos que las historias de amor nunca dejan de cautivar. La terca parte correrá por cuenta de David Slade, director de Hard Candy y 30 Días de Noche, una de vampiros muy malos. Veremos qué pasa.

 

 

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