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CRÍTICAS - CINE

No esperes demasiado del fin del mundo

Una de las tantas imágenes memorables de No esperes demasiado del fin del mundo muestra un reloj de pared sin agujas, y debajo una frase que señala “es más tarde de lo que piensas”. Este aforismo simpático puede señalar el ligero efecto de resignación que atraviesa la nueva película de Radu Jude, un relato que, aún en el profundo pesimismo que insinúa, elige el camino del humor antes que el de la solemnidad. No, no se trata una comedia propiamente dicha, pero en su gracia escurridiza, en el sarcasmo con el que expone sus ideas está el secreto para plasmar con lucidez un ensayo sobre los males actuales del mundo; la famosa y peligrosa asignatura de abordar “el estado de las cosas” y no morir en la gravedad del intento. 

El relato toma como punto de apoyo una vieja película rumana de 1981 (Angela Goes On, de Lucian Bratu) que muestra, en su granuloso 16mm a todo color, la vida de una taxista en la antigua Bucarest de la era Ceaușescu. En paralelo, dialogando con aquella, la narración central del film de Radu Jude presenta a otra Angela (la magnética Ilinca Manolache), asistenta de producción de una empresa audiovisual que está realizando una película educativa institucional en la que un puñado de trabajadores cuentan alguna historia desgraciada para luego aleccionar al espectador acerca de la importancia de usar el equipo de seguridad correspondiente y así concientizar a todos del peligro. La tarea de Angela consiste en trasladarse en su auto de un lado a otro de la ciudad para conseguir esas breves entrevistas, además de otras diligencias improvisadas que la confinan a su auto en jornadas de más de 16 horas, con todo tipo de música (sí, en Rumania también existe el reguetón) a todo volumen y varios energizantes y cafés para evitar dormiste. Cada tanto, en algún mínimo descanso, Angela aprovecha para producir su propio “contenido” personal: breves videos en los que se filma con su teléfono con un filtro que la convierte en un personaje, un machista nefasto que expone, concentra y parodia muchos de los discursos de odio actuales, desde el racismo más violento hasta la misoginia más rancia y vulgar, consiguiendo así una atendible popularidad en sus redes. La película mezcla estos registros (el color del film de 1981, el blanco y negro del relato central, el digital urgente de los videos para tik tok), mientras va tejiendo, con sutil ironía, los temas que atraviesan cada uno de ellos y que dialogan entre sí: la explotación laboral, las diferencias sociales tanto internas como entre países en conflicto (hay más de un ajuste de cuentas entre rumanos y austriacos), la destrucción del medioambiente ante la corrupción política, las consecuencias de un capitalismo destructivo (el contraste de las imágenes de los barrios de Bucarest entre el film de 1981 y el presente es desolador), las resonancias de la guerra de Ucrania, los discursos de odio en redes sociales, la violencia cada vez menos contenida en las calles son algunas de las asignaturas que se abordan en esos cruces. Entre esos vínculos narrativos, se consuma uno, insospechado y hermoso, cuando se descubre que en una de las casas a las que Angela llega para hacer otro de los castings que está produciendo está la Angela taxista del film de 1981, junto con su marido en la ficción, a quien conoció en el relato de aquella película. También aparece la figura del director Uwe Boll, quien hace de sí mismo para una pequeña anécdota de color que no le suma mucho a la película pero que acentúa su carácter de imprevisible. Quien conozca el cine de Radu Jude sabe de sus desvíos, de la libertad con la que juega, de sus cambios de tono y de la expectativa por lo inesperado. En ese sentido, es elocuente la secuencia en la que el relato se pausa para mostrar una sucesión de planos en silencio con cruces que evidencian la gran cantidad de muertes por accidente de tránsito en una ruta de Bucarest. Y lo es aún más el plano secuencia final de más de media hora, una toma fija para un paso de comedia asordinada en el que se despliegan todas las miserias del discurso corporativo de la productora encargada de realizar el tan embarullado film institucional, y donde la confluencia de los distintos discursos -simbólicos o no- en el plano de lo real destruye, finalmente, cualquier atisbo de absurdo posible.  

(Rumania, Luxemburgo, Francia, Croacia, 2023)

Guion, dirección: Radu Jude. Elenco: Nina Hoss, Uwe Boll, Serban Pavlu, Ada Dumitru. Producción: Radu Jude, Adrian Sitaru, Ada Solomon. Duración: 163 minutos.

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