A Sala Llena

Novias – Madrinas – 15 Años

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Novias – Madrinas – 15 Años (Argentina, 2010)

Dirección y Guión: Diego Levy, Pablo Levy. Distribuidora: Bd Cine. Duración: 60 minutos.

El Once, la Argentina, el mundo (*)

Las nuevas tecnologías han democratizado la posibilidad de hacer películas. La baja en los costos que han implicado los avances en las filmaciones en digital, explican la posibilidad de que, en determinado momento, dos hermanos (Diego y Pablo Levy), ligados sólo lateralmente al mundo del cine (a través de la fotografía el primero y de la actuación el segundo), puedan haber tomado la decisión de filmar el microcosmos que envolvía el lugar donde trabaja su padre. Algo de esto nos cuenta Pablo en la entrevista que le realizamos (el 25/02/2012 y que puede escucharse en www.derechoalcine2010.blogspot.com), en la que se nota esa corriente de aire fresco que nos trae esta democrática oxigenación.

Es que Novias – Madrinas – 15 Años es una gema cuyo encanto elude cualquier atisbo de secreto o ánimo experimental. No hay guiños al cinéfilo o al entendido. Es más, las declaraciones de sus directores nos hablan de una decisión tan transparente como riesgosa: “este mundo merece ser mostrado en una película”. Claro es que si los directores están implicados en su mundo, y el “malo” de la película es su propio padre, los peligros de derivas, ocultaciones o ritos autocelebratorios eran elevados. Pues no, los hermanos Levy han logrado eludir tentaciones (incluso la de “guionar” algunas entrevistas), construyendo una película que fue festivamente acompañada por los espectadores en el último BAFICI (donde ganó el premio del público), multiplicándose las funciones agotadas y las salas llenas de gente disfrutando y riéndose durante la hora que dura la película.

Pero, ¿Qué es Novias – Madrinas – 15 Años? Es un documental bastante clásico, que a través de las entrevistas de quienes trabajan en una sedería, retrata ese mundo que se nos antoja agonizante, encaminado ineluctablemente a la desaparición. Que la sedería en cuestión se encuentre anclada en el porteño barrio del Once y que –como se dijo- su dueño sea el padre de los directores de la película da una profundidad (que sin ser subrayada o puesta en palabras) la aleja de la mecánica sumatoria de testimonios. La percepción de un mundo que languidece, el particular ecosistema que se conforma con quienes comparten día tras día el trabajo, las relaciones de amistad y de poder que se traban entre persona(je)s ciertamente encantadores, el rescate del declinante arte de la venta personalizada, terminan por dar vida a un mundo habitado por seres que conjugan con delicadeza y equilibrio los lugares comunes de determinados arquetipos y la individualidad y particularidades necesarios para que nos interesemos por ellos.

Así, la película suma y entrelaza dos líneas que necesariamente nos atrapan. Por una parte el posar la lupa sobre un determinado ámbito de trabajo. Por extraño que parezca a esta altura de los acontecimientos, siguen existiendo locales en los que empleados y patrones comparten el trabajo diario durante dos o tres décadas, dando lugar así a un entramado de vínculos al que cualquiera que haya debido (o haya podido, tomando en cuenta las dificultades propias de nuestro cada vez más virado al negro mercado laboral) convivir con otras personas en principio desconocidas (y quizás, con el tiempo, amigas entrañables o enemigas acérrimas a fuerza de la involuntaria cercanía) reconoce como un territorio con el cual tiene un punto de contacto. Por el otro, a ese lugar empático y reconocible se suma el buceo en un mundo que desconocemos, que creíamos perdido, por el que quizás transcurrimos diariamente, ignorándolo, o lo vemos desde arriba de un auto o colectivo (pero que sigue allí, sobreviviendo). Esa tensión entre lo que conocemos y lo que descubrimos, esa habilidad para acercar lo suficiente la cámara como para que cada uno de los entrevistados nos deje entrar en su mundo, es lo que permite eludir el lugar común del documental como suma de entrevistas y reconstruye o refleja un universo en toda su compleja contradicción. De este modo, y con una abundante dosis de humor (perseguido o involuntario), Diego y Pablo Levy confluyen en una mirada que, de tan porteña, termina siendo universal.

(*) Mutación de una breve nota publicada en El Amante/Cine, N°228, en la cobertura del BAFICI 2011.

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