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Festivales - NEW YORK

#NYFF64 | Crítica de “Behemoth!”, film dirigido Tony Gilroy

En pasajes bíblicos, Behemot o Behemoth, es descripta como una criatura colosal, de fuerza descomunal (Job 40:15-24) y a su vez en la mitología como una representación de las fuerzas indomables de la naturaleza, también como un poderoso demonio asociado a apetitos carnales.

Transcurren 20  años para que Alex Serian (Pedro Pascal), cellista un tanto mujeriego, regrese a Los Ángeles tras un altercado amoroso con la pareja, Carol (Olivia Wilde), de un importante patron o mecenas de la Orquesta sinfónica de Chicago.

Alex pertenece a un linaje de artistas musicales. Su abuelo murió en un estudio de grabación (el mismo en el que él terminará trabajando); el padre (Hank Azaria) era intérprete de trompa y compositor para dibujos animados; y la madre (JoBeth Williams) toca el arpa. Su hermano (Will Arnett) pertenece a otra historia: es un podcaster un tanto holgazán e irresponsable en materia económica que convive en medio del caos familiar.

Las raíces musicales de Alex se fortalecen cuando, transcurridas unas escenas, se nos muestra que ya de pequeño era considerado un niño prodigio al ejecutar a Bach en The Tonight Show Starring Johnny Carson. Hay una razón por la que el film quiere detenerse en el árbol genealógico del protagonista y mostrar cómo se convirtió en un reconocido músico: indagar en una marcada crisis existencial o de mediana edad.

Behemoth! es la vuelta de Tony Gilroy a la dirección tras El legado Bourne, una diluida experiencia con Duplicity y la consagratoria Michael Clayton, sin olvidar su considerable paso por el streaming con la serie Andor. Aquí Gilroy recurre a una mezcla de géneros para contar una historia que se adentra en la comunidad cerrada de quienes componen y ejecutan bandas sonoras, conjugada con la vida íntima de un individuo: una fórmula nostálgica basada en recordar el pasado para poder avanzar, tal como se vio el año pasado en Jay Kelly. Por otro lado, esa mixtura de drama con comedia -esta última presente en cada aparición de Wilde y Arnett- desconcierta, sumada a una pequeña subtrama de persecución que resulta discordante con el resto de la historia. 

El film de Gilroy presenta una trama principal a la que se intenta volver tras repetidos flashbacks, pero es tal la magnitud de desconexión con ella que el relato termina difuminándose hasta perderse por completo, sin importar su intencionalidad. Behemoth! nos hace preguntarnos una y otra vez cuál es el verdadero conflicto del film: ¿va del músico mujeriego, de una posible paternidad, del homenaje a los scores o de todo esto a la vez?

“Behemoth” es un nombre en código, un proyecto secreto al que Alex ingresa de colado, incorporándose así a un ensamble que no pretendía tenerlo en cuenta. Instantes previos, lo mejor que ofrece la película es la presencia de Eva Victor -actriz de Sorry, Baby que aquí interpreta a una violinista- a través de contados flashbacks que quedan escuetos: uno al conocer a Alex en un concierto en Dallas y otro en el que, estando en una especie de relación con él, le plantea su compromiso con un millonario interpretado por Matthew Lillard. La presencia de Victor es palpable incluso en los momentos en que, por cuestiones de esta historia, su personaje se ausenta.

Behemoth! fue descrita en algunas publicaciones como una “carta de amor” a los creadores de scores. En ese aspecto, la película ofrece un recorrido por estudios de grabación emblemáticos, fácilmente reconocibles, como el Barbra Streisand Scoring Stage -ubicado dentro de los estudios de Columbia Pictures (hoy Sony)- o el rebautizado John Williams Music Building. Tampoco es menor el dato de que Gilroy logró conformar el Behemoth Collective, una agrupación de nueve compositores integrada por James Newton Howard, Alan Silvestri, Michael Giacchino, Michael Abels, Emily Bear, Lukas Frank, Henry Jackman, Nami Melumad y Brandon Roberts, quienes se encargan de la banda sonora e incluso musicalizan por momentos en solitario. 

Sobre Pascal, Behemoth! pertenece a ese grupo de películas denominadas “vehículo para conseguir un premio”. Quizás le ha llegado la hora de aceptar un rol con ese cometido y, en verdad, no lo hace nada mal. También podrá recordarse como el film para el que aprendió a tocar el chelo, ya que en todas las escenas donde ejecuta el instrumento es él mismo quien lo hace, sin necesidad de recurrir a cortes o planos de sustitución. Sin embargo, Pascal no se ve del todo acompañado por la dirección: resultan muy evidentes los primeros planos acercándose lentamente a su rostro cada vez que debe gesticular distintos estados de ánimo (Oscar alert). Tampoco ayudan ciertas decisiones de guion, como la de imponer diálogos a la fuerza (por ejemplo, cuando comenta sobre su debut sexual sin ningún desarrollo posterior ni conexión con lo que se venía viendo). Por momentos, pareciera que el Alex Serian de Pascal se encontrase dentro de una de las películas para las que él mismo interpreta la música. Es así como se da paso a una de las secuencias más alejadas del tono general: una persecución por los jardines de una mansión tras hacerse pasar, misión mediante, por personal de catering.

El personaje de Alex no tiene la fuerza sobrenatural del Behemoth mitológico, ni su poder, ni una demostración de apetito carnal desmedido. Sí posee la consideración de ser una persona fuera de la media, distinta al resto, que en el fondo solo desea perderse y diluirse entre los demás para convertirse en uno más. 

(Estados Unidos, 2026)

Guion, dirección: Tony Gilroy. Elenco: Pedro Pascal, Eva Victor, JoBeth Williams, Hank Azaria, Olivia Wilde, Will Arnett. Producción: John Gilroy, Tony Gilroy, Sanne Wohlenberg. Duración: 124 minutos.

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