A Sala Llena

Rápido y Furioso 6

(Estados Unidos, 2013)

Dirección: Justin Lin. Guión: Chris Morgan. Elenco: Vin Diesel, Paul Walker, Dwayne Johnson, Michelle Rodríguez, Luke Evans, Gina Carano, Tyrese Gibson, John Ortiz, Elsa Pataky. Producción: Vin Diesel, Neal H. Moritz y Clayton Townsend. Distribuidora: UIP. Duración: 130 minutos.

Con el correr de las secuelas, las sagas cinematográficas suelen ir perdiendo fuerza, calidad e interés. Pero no es el caso de la franquicia de Rápido y Furioso. La mezcla de autos y carreras alucinantes, antihéroes, mujeres bellas y música estridente no deja de cautivar a los espectadores. La sexta parte lo prueba perfectamente.

Luego de lo acontecido en Río de Janeiro, Dominic Toretto (Vin Diesel) y su equipo (mejor dicho, su familia, y no sólo quienes pertenecen a su misma sangre) se encuentran desperdigados por el mundo, disfrutando de su enorme cantidad de dinero, lejos de la adrenalina. La paz concluye cuando reaparece el agente Hobbs (Dwayne “The Rock” Johnson), otrora perseguidor del grupo, pero ahora para pedirles ayuda. El objetivo: capturar a Owen Shaw (Luke Evans), un criminal británico que enloquece a Interpol mediante tecnología de última y vehículos hiperveloces y destructivos. Toretto y los suyos aceptan volver al ruedo, pero por otro tema, mucho más personal: en el bando de Shaw se encuentra Letty (Michelle Rodríguez), ex pareja de Dom, a quien daban por muerta.

A la manera de la quinta parte —la mejor, sin dudas—, esta película recupera personajes de las entregas anteriores y sigue subiendo la apuesta en cuanto a la espectacularidad de las secuencias, incluyan o no vehículos. Gran parte del mérito es de Justin Lin, quien viene trabajando desde la tercera parte. El director taiwanés nunca teme superarse a la hora de crear las más impactantes persecuciones y los tiros y peleas más demoledores.

Vin Diesel es el corazón y el alma de este film y de toda la saga. Ese porte, la pelada y la voz cavernosa ya son íconos del cine de acción del siglo XXI. Incluso se extrañó su presencia en + Rápido, + Furioso. Pero desde su regreso en la cuarta parte, es quien tiene más protagonismo y el primero que atraviesa por las situaciones más fuertes. Apenas Dwayne “The Rock” Johnson iguala un poco a Diesel en carisma. Otra vez lo acompaña su ahora gran amigo Brian O’ Conner (Paul Walker), quien lo hizo tío, ya que con Mia (Jordana Brewster) se encargaron de agrandar la familia. También el resto del team dice presente: Han (Sun Kang) Gisele (Gal Gadot)… Se extraña a los reggaetoneros Don Omar y Tego Calderón, pero los encargados de aportar comicidad son Rome (Tyrese Gibson) y Tej (Chris “Ludacris” Bridges). En cuanto a los nuevos, Luke Evans cumple como Shaw, el malo más malo en lo que va de la franquicia. Y en el rol de una agente que trabaja con Hobbs está Gina Carano, la chica dura que supo repartir golpes en La Traición, de Steven Soderbergh. Con Michelle Rodríguez se sacan chispas en escenas que ya son de antología.

Aún sin alcanzar niveles como el de la película anterior —más allá de que un par de persecuciones se ubican a la altura de la hasta hace poco insuperable persecución con la caja fuerte—, Rápido y Furioso 6 es un nuevo y excitante combo de humor, drama y, sobre todo, adrenalina. A los protagonistas les sigue faltando un villano a la altura de ellos… pero eso está por cambiar: apenas comienzan los créditos finales, hace su aparición un personaje que seguramente pondrá en aprietos a Toretto y compañía.

calificacion_3

Por Matías Orta

 

Más rápido, más furioso, más, más, más…

Cuando uno se mete en una sala de cine a ver Rápido y Furioso, cualquiera de las seis o cualquier película que de casualidad lleve ese nombre, está claro que no está esperando un tratado de filosofía, un documental sobre la pobreza estructural en la vida capitalista o un profundo drama sobre el ser y la vida. Está esperando acción, autos, fierros, velocidad, adrenalina. Y si se entusiasma, piñas, patadas, tiros, explosiones. Luego de una quinta entrega que superó ampliamente las expectativas de los cinéfilos, Justin Lin volvió a ponerse tras las cámaras para seguir la saga. Y no tardamos más de veinte minutos en darnos cuenta de que esta película no va a dar la talla. Una aceptable escena de autitos seguida de una lamentable presentación de los personajes de The Rock y Gina Carano nos hacen dudar. Lo que sigue es un guión paupérrimo, con diálogos aburridos e impostados hasta el hartazgo y con situaciones –una tras otra, tras otra, tras otra- que no hacen más que enmarañar un sinsentido que dura más de dos horas, siempre, eso sí, adornado por una escena de acción más grandilocuente que la otra.

El equipo de Toretto se encuentra relajado disfrutando de los millones obtenidos en la película anterior cuando aparece un criminal internacional que se maneja en autos superveloces y entonces el Agente Especial Hobbs (Dwayne “The Rock” Johnson) tiene que buscar a los muchachos para que lo ayuden. El gancho: la antigua noviecita de Toretto, Letty (Michelle Rodriguez) está viva y la pueden recuperar después de la misión. En un santiamén, en equipo deja sus actividades de ocio y vuelve a las pistas para ayudar a su amigo, a su familia (el gran código de honor que se maneja en toda la saga). La trama incluye tópicos telenovelescos como la reaparición de un muerto, la pérdida de memoria, la lealtad de una novia que le dice a su novio que no dude en ir a buscar a su ex, la repetición hasta el hartazgo del valor de “la familia”, y la historia va avanzando de saltos agigantados, de un hecho inverosímil a otro, sin nunca tomarse un respiro para mostrar dos segundos de personajes más cercanos a la realidad. Y con inverosímil no me refiero a las clásicas escenas de personas saltando en autos en movimiento o de automóviles colgando de aviones, sino algo mucho más cercano, como que Toretto se convierta en el que da las órdenes en la captura del villano desde el primer momento o que todo diálogo posible se resuma a un slogan (“Corre o muere”) o una frase hecha. Para peor, el guión se encapricha, promediando el metraje, en alargar la cuestión con subtramas que son absolutamente innecesarias (¿Era necesario que X saliera del país para reencontrarse con esos personajes del pasado?) o con videoclips fierreros que parecen cambiar el registro de la narración.

A medida que el filme se va acercando a su final, la acción toma un protagonismo absoluto y ya nada más importa. En una descomunal escena que nos lleva directamente a Matrix: Recargado, una secuencia de unos diez minutos de absoluta destrucción en una autopista llevan la adrenalina a niveles impensados, exagerados, de más está decir, pero no por eso poco entretenidos. La escena final, que incluye autos, armas, jeeps, y un gigantesco avión manejado por rusos, va todavía más lejos y uno no puede más que dejarse llevar por la superposición de hechos extravagantes y disfrutar de la imaginación de sus creadores. Como en el final de Iron Man 3, los responsables creyeron que más era mejor y echaron toda la carne, el pollo, el cerdo, los morrones, una paloma y al gato al asador. Sin embargo, a diferencia del filme de Shane Black, la despampanante escena final no está tan puntillosamente coreografiada, ni la edición ayuda a que se comprendan tan bien la cantidad de situaciones límite en paralelo que se van sucediendo.

Sin ninguna duda lo mejor del filme son las escenas de pelea cuerpo a cuerpo, en donde podemos disfrutar a dos virtuosos del combate como Johanes Taslim (contra Tyrese Gibson y Sung Kang) y Gina Carano (enfrentándose a Michelle Rodriguez) deleitarnos con tomas absolutamente fabulosas, en secuencias en donde también se nota una interesante coreografía de pelea. La franquicia ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Pasó de ser una película de acción de corredores de carreras callejeras a ser una especie de inmenso camión pochoclero de agentes secretos contra el terrorismo. En esa transición, parecen haberse emparentado más con filmes como La Gran Estafa (de Steven Soderbergh) o La Estafa Maestra (de F. Gary Gray), no solo en las tramas y desarrollos sino en cómo se van conformando los equipos, con especialistas en cada área y con cada vez más presupuesto en actores famosos. A la manera de Los Indestructibles, los filmes en donde Stallone se propuso juntar a todos los héroes de acción de los ochenta y noventa, Rápido y Furioso parece explotar los mismos recursos cuando nos muestra una escena extra en donde termina por afirmar que ellos quieren ser Los Indestructibles, pero con héroes de acción algo más contemporáneos. Rápido y Furioso 6 entrega lo que uno busca cuando entra en la sala: acción a raudales y un presupuesto gigantesco incinerado en pos de la adrenalina y la diversión. Sin embargo, luego de habernos brindado una quinta parte con una historia y diálogos un poco más serios, se podía esperar algo más de esta película.

calificacion_2

Por Juan Ferré

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