A Sala Llena

Sitcoms Death Match

Antes de que arranque a leer esta columna mi queridísimo lector, debemos acordar en el hecho de que está diseñada, básicamente, para hacerlo perder su valioso (o no tanto, enfrentémoslo) tiempo y por supuesto, para convidarlo de manera empalagosa, con las dulcísimas galletas de la banalidad, la superficialidad y la alegría liviana.

En este espacio soñado, este espacio donde la filosofía, la política, la metafísica y la poesía se toman un merecido (o no tanto, enfrentémoslo) descanso, se abre hoy una puerta al combate sangriento, a la agarrada de los pelos, al piquete de ojos, a la patada voladora y el golpe en los genitales.  Los contendientes: dos sitcoms insoportables, pero, bastante graciosas.

En este rincón, ¡According to Jim!, y en este otro rincón… ¡Everybody Loves Raymond!!!!!!! Dos series actualmente re transmitidas por la Sony, con temática familiar y horario continuado que van a matarse entre ellas porque se lo merecen. Aquí, en esta columna las destrozaremos hasta dejarlas despellejadas, con saña y crueldad, con rabia y odio contenido, con bronca y mala leche, porque hace años, ¡años y años!, que se la vienen buscando. Sabemos que debían enfrentarse tarde o temprano para, por fin, matarse entre ellas y no volver a aparecer jamás.

Hagamos un breve repaso por las tramas parecidísimas de las dos. Les vamos a disculpar el hecho de tener coincidencias porque sabemos que las cadenas de tv norteamericanas se apegan a las fórmulas exitosas como ventosas apareadas con garrapatas.

Arranquemos con According to Jim  de la CBS: Un contratista casi obeso (James Belushi), chanta, mal educado, bueno para nada, medio loco que, milagrosamente, está casado con una rubia divina (Courtney Thorne-Smith) con la que tiene tres niños y una relación completamente chiflada, basada en mentiras permanentes, bromas pesadas, conspiraciones absurdas y un tira y afloje que no afloja nunca. Todo esto, acompañado por las intervenciones desopilantes de los hermanos de la mujer, la maniática Dana (Kimberly Williams) y un gordo tarado llamado Andy (Larry Joe Campbell) muuuyyyy gracioso, que complican todo el tiempo las cosas y son, redondamente, impresentables.

Por el lado de Everybody Loves Raymond de la ABC, contamos a un columnista deportivo, malcriado, bruto, caprichoso, narigón y (quiero ser enfática en esto), pelotudo de pura estirpe, casado con una semi frígida  con la que tiene también tres hijos. Para rematarla, la familia de Raymond vive cruzando la calle y se le instala permanentemente en la casa, metiéndose de manera grosera, interviniendo en cuanta contienda se desata y creando problemas permanentes. Ellos son Marie Barone (Doris Roberts) madre de Raymond, Frank Barone (Peter Boyle) el padre y Robert Barone (Brad Garret) el hermano mayor. Todos son catastróficamente disfuncionales, metidos, invasivos, desubicados, mal educados, ho-rri-blessss!!! Pero, con una mano en el corazón, extremadamente graciosos. De hecho, la serie salió al aire entre el 95 y el 2005 con muy altos niveles de audiencia y se ganó 13 premios Emmy.

Debo decir que lo que más me revienta de ambos productos es lo estereotipadas que están las mujeres. Para ser fiel a la verdad, ese imperdonable defecto está mucho más presente en Everybody Loves Raymond. La madre es una vieja insoportable, sobreprotectora hasta la patología, gorda, mal empilchada, mal intencionada que odia a su nuera y endiosa a su hijo de una manera tan enervante que se merecería que un camión la pasara por encima, diera la vuelta en U y la volviera a reventar. Cada vez que la veo me dan ganas de degollarla de un zapatazo. La nuera, por su parte, es una flaca insoportable, mal atendida, que reniega durante todo el día del destino que le tocó, que limpia como el culo la casa, que cocina peor y que aguanta al imbécil que tiene como marido negándose demasiado seguido a cumplir con sus deberes conyugales. Así que, por un lado tenemos a la madre dominante, indulgente, vieja de mierda y por el otro, a la esposa, quejosa, rompe bolas, bruja, fría y frustrada. ¡Dos estereotipos divinos, que a las mujeres nos vienen tan bien y nos dejan tan contentas! No nos cansamos nunca de que nos metan en esos casilleros tan lindos, tan coloridos, tan creativos y tan, tan, tan, alejados del machismo y el sexismo (cuac). Es que, de verdad, podríamos empezar a cagarnos de risa de otra cosa que no fuera la vieja ítaloamericana gorda que cocina como los dioses y te manda al diván de por vida o de la minita que se casó con un fracasado porque el tipo estaba de suerte la noche que la conoció. Raymond es tan idiota, tan idiota que, si yo durmiera con él, amanecería castrado por el bien de la humanidad. ¡Lo más grave de todo esto es que la comedia está supuestamente basada en la vida del propio Ray Romano! ¡Por Dios, que alguien lo faje en la calle!

Por el lado de According to Jim las cosas no están mucho mejor. La rubia hermosa que encarna a la mujer (que por lo menos usa mas el cuerpo), se la pasa quejándose de lo patán, rudimentario, insensible y grasa que es el marido. Nunca hace nada bien, el tipo es un looser total y encima de todo está gordo y pelado.

La pregunta que se hace cualquier espectador que tiene tiempo para perder es: ¿Por qué carajo no se divorcian????? En ambas series la respuesta parece ser que, aunque estos tipos son redondamente fracasados, les son fieles a sus mujeres y, si bien el matrimonio es una pesadilla, ese hecho parece exonerarlos de todo. Así que chicas, ahí tenemos otro lindo y perfumado estereotipo para entretenernos: la mina que con tal de tener marido en casa se banca que el tipo coma con la boca abierta, se tire pedos en la cama y sacuda las sábanas, se quede en culo en la calle, la haga pasar malos momentos en la reuniones de la escuela de los chicos, la obligue a convivir con la suegra y sea pijotero, chicanero, conspirador barato y huela de manera dudosa. Por mi parte, prefiero un marido picaflor a uno desconsiderado, insensible y por supuesto, pelado.

Yo me pregunto ¿por qué los quieren? No parece haber un motivo valedero para querer a ninguno de estos dos personajes. ¿De qué carajo se enamora una cuando ve a estos dos tipos? Cuando te haces esa pregunta el poco verosímil que necesita una sitcom para que uno le tenga algo de respeto (no tanto, enfrentémoslo) se va por la ventana. Estas dos series encarnan todo lo que está mal con el mundo (me fui al carajo jajajaja). No, me corrijo, todo lo que está mal con la tarde de la Sony (mejor, ¿no?). Me parece que están demodé y que podrían ser reemplazadas por obras de casi arte como Frasier o la adorable, original e inolvidable Mad About You que, por estos tiempos están confinadas a la mañana demasiaadoooo temprano.

Así que, sin más preámbulos, pasemos a la parte sangrienta de esta columna y metamos a los dos protagonistas principales de estas series de mierda en el ring a cagarse a trompadas. Yo ocuparé lo mejor que pueda mi rol de relatora del match para que ustedes lo disfruten lo mas vívidamente posible.

Jim, con pantalón de San Lorenzo, asesta el primer golpe que da directo en la nariz de Raymond que se sacude hacia atrás violentamente. Por su parte, el agredido, le mete un tremendo patadón en las bolas a su corpulento contrincante que cae de rodillas y de pedo no besa la lona. Raymond Barone se aleja danzando por el cuadrilátero mientras el referí (que resulta ser nada menos que el mismísimo Cosmo Kramer de la perfecta Seinfeld) le pregunta al caído si puede continuar, la respuesta es si y la pelea se reanuda. La multitud se agita histérica y pide viseras.

Una llave directa al cuello del italiano le permite a Jim tenerlo de espaldas en el suelo y pidiendo auxilio, pero algo distrae al gordo patético (posiblemente un pedazo de chorizo en grasa) y pierde la concentración. Es ahí cuando Barone de la manera mas cruenta, le extrae el ojo derecho limpio de su cuenca y lo deja sangrando, tambaleándose por el centro del ring. Pero el mastodonte tuerto no se rinde, a pesar del dolor, levanta al narigón de los pelos y, con un cabezazo asesino, le desencaja la mandíbula dejándosela colgando. Los dientes se desparraman por el piso y la sangre brota a borbotones manchando a todos los que están en la primera fila. Raymond saca del bolsillo de su pantaloncito con volados uno de los premios Emmy y trata de clavárselo  a su rival en la garganta, pero falla en su intento y es degollado limpiamente luego de que el gordo se lo quite de las manos y lo utilice en su contra. El cuerpo de Barone separado por completo de la cabeza, yace tirado en la lona sumergido en un charco de sangre. La multitud ruge y se agita reclamando la cabeza y el vencedor les da el gusto, arrojándola a lo alto de las gradas del fondo. Pero la cosa no termina ahí, el referí, el propio Kramer, haciendo redondamente justicia, arremete contra el gordo victorioso con una pantufla gigante y lo aplasta de manera ruidosa, reventándolo, ocasionándole la muerte en el acto.

El combate ha terminado, no hay vencedores ni vencidos, la pantufla gigante está expuesta en la misma sala en la que yace el congelador de Walt Disney, a la derecha de la habitación verde, en la que tienen secuestrado a Elvis.

 

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