A Sala Llena

Somewhere, en un Rincón del Corazón, Según Emiliano Román

La insoportable levedad del ser.

Nuevamente Sofia Coppola aborda en un film suyo el nihilismo de algunas vidas humanas. En Perdidos en Tokio, encontrábamos a Scartlett Johansson y a Bill Murray atrapados por la abulia que les generaba una realidad sin casi ningún tipo de deseo.

Somewhere tiene mucho de aquella aclamada película. Nuevamente tenemos a un protagonista, Johnny Marco (Stephen Dorff), estrella de cine, con una existencia absolutamente vacía. Perdido entre descargas pulsionales y la excentricidad que le da la fama. No hay compromiso, no hay falta, todo está al alcance de su mano. El punto de inflexión se centra cuando vuelve a sostener el vínculo con su hija pre-adolescente (Elle Fanning), el cual no hace más que denunciar la vida líquida que viene llevando hasta entonces.

Para ello, la joven directora se vale de su talentosa mirada quien transmite con un enfoque claramente situacional, lo banal, solitaria y hasta melancólica que es la subjetividad de Johnny.  El  punto más logrado es la estética del film, contiene una cantidad de bellos planos fijos y hermosas secuencias que recrean una atmósfera auténtica, en la cual se refleja lo que vive, siente y padece cada uno de sus protagonistas.

Apoyado por una interesante banda de sonido, en su mayor parte diegética, y un exquisito trabajo de fotografía que le aportan la merecida cuota de realismo a esta obra con alta calidad visual y artística, hasta casi minimalista en algunos momentos. Ejemplo: la escena donde él queda debajo de la máscara de maquillaje, un encuadre curiosamente largo e inquietante.

Otro acierto es el trabajo actoral, sobre todo el de Elle Fanning en el rol de la hija. La niña brinda con tanta credibilidad y naturalismo esa dosis de espontaneidad carente en su padre, haciendo de su interpretación un verdadero hallazgo y seguramente una promesa para la industria del cine.

La debilidad viene del guión, también a cargo de Sofia Coppola. Si Somewhere tiene mucho en común a Perdidos en Tokio, le falta lo que a esta película le sobraba: la intensidad narrativa (que también gozaba su ópera prima: Las Vírgenes Suicidas). Se detiene en lo situacional y no logra profundizar en los conflictos relacionales entre ambos protagonistas, por momentos es una mera repetición, a través de bellas imágenes, de lo que ya sabemos. No hay tensión y carece de emoción argumentativa, la abulia de Johnny ya se torna tediosa.

Esta disparidad del film, no excluye la posibilidad de un mensaje bien claro que quizás su directora y guionista quiso transmitir esta vez: no hace falta irse a Tokio para perderse en los laberintos de nuestra existencia.

 

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