A Sala Llena

Imparable

 

Imparable (Unstoppable, EEUU 2010)

Dirección: Tony Scott. Guión: Mark Bomback. Producción: Tony Scott, Mimi Rogers, Eric Mc Leod, Alex Young, Rick Yorn. Elenco: Denzel Washington, Chris Pine, Rosario Dawson, Kevin Dunn, Ethan Suplee, Kevin Corrigan. Distribuidora: Fox. Duración: 101 minutos.

Se revelan detalles del argumento.

Alfred Hitchcock tenía una obsesión; le encantaba filmar trenes. En realidad más que mostrar a los trenes le interesaba cómo se relacionaban las personas dentro de esos trenes. En La Dama Desaparece el ferrocarril servía como contexto para desatar la paranoia en una mujer tras la desaparición de su compañera de viaje con el tren en movimiento. Cary Grant descubría (y se enamoraba) a Eva Marie Saint en un tren en Intriga Internacional y un par de desconocidos se asocian para cometer crímenes cruzados para no ser descubiertos en Extraños en un Tren.  Ya sabemos que el viejo maestro con muy poco hacía una película, el solía decir que solo necesitaba un auto y un policía para hacer un film. En estos casos mencionados, los recursos se concentran solamente en la relación de los personajes dentro de los trenes. Y algo de esa simplicidad hay en Imparable de Tony Scott, dos hombres que deben detener un tren de 800 metros de largo  para evitar una tragedia en una zona urbana.

Pero como en todo buen cine, Tony Scott (el Scott bueno, el cinéfilo, el que no es solemne, el que no quiere gritar a cuatro vientos “cosas importantes”) logra en Imparable diferentes capas narrativas que la convierten en una película que va más allá de un simple thriller de acción y suspenso. La película juega con la relación entre sus dos personajes principales (Denzel Washington y Chris Pine formidables) secundados por el excelente papel secundario de Rosario Dawson -Connie-,  y trata temas como lo nuevo que remplaza a lo viejo por las consecuencias de la decadencia del sistema laboral americano, el desempleo y la problemática económica general que atraviesa Estados Unidos, donde Scott muestra a la empresa dueña del tren como la gran villana de la película representada por Kevin Dunn como un caricaturesco gerente despiadado. Pese al contexto laboral adverso, Scott muestra a sus personajes con un enorme amor hacia su profesión, Frank (Denzel Washington) tras 28 años de servicio y un pre-aviso de despido a cuesta, arriesga su vida para cumplir su deber de salvar al tren y evitar la tragedia, casi recordando a los personajes de Kathryn Bigelow que llevan las cosas hasta las ultimas consecuencias para cumplir su trabajo. El héroe de clase trabajadora retratado en una película desbordada, con un frenesí cinematográfico sin pausas donde Scott utiliza su estética estilizada para mostrar la persecución a un tren sin conductor, desbocado, filmado con un batallón de recursos, travellings varios, planos aéreos  y la representación de la visión de los medios de comunicación (de la cadena Fox, productora de la película) con el seguimiento frenético de los noticieros ante la posible tragedia urbana.

Luego del desenlace hay una escena donde se ve a Will (Chris Pine) victorioso por haber dominado la maquina, herido, bajando de la locomotora y es el momento que Scott, en un leve plano contrapicado nos muestra con la cámara a la altura de Will  a Frank en profundidad de campo parado encima de un vagón, triunfador luego de la hazaña. Es el momento que el director declara vencedores a estos dos working class heroes  que le dan una patada al sistema, ese sistema quelos utiliza y luego los descarta (sistema del que Scott se mofa en los créditos). Películas como Imparable nos llenan de felicidad cinematográfica  y transmiten una sensación de adrenalina, impactante e implacable que deberían repetirse mas seguido en la cartelera.

Por Carlos Federico Rey

Con los testículos en la garganta

Es imposible no reconocer un film de Tony Scott. Ni Spielberg, Godard o Bergman son tan fieles a sí mismos a nivel visual como lo es Tony Scott. Basta ver un plano para reconocer uno de sus films. El hermanito de Ridley ha construido a lo largo de 30 años de carrera, una de las filmografías más regulares de la historia del cine en general.

Tiene grandes trabajos entre los que podríamos contar a gemas del thriller como Top Gun, Escape Salvaje, El Ultimo Boy Scout, Juego de Espías, El Fanático, Un Detective Suelto en Hollywood II o Enemigo Público y otras que no fueron tan satisfactorias como Domino, Revancha, Días de Trueno o Deja Vu. Y ni hablar su genial ópera prima, El Ansia. En el medio podríamos ubicar a Marea Roja, Hombre en Llamas, la remake de Rescate del Metro 123. Mientras que Ridley es el pretencioso, que siempre se balanceó entre los géneros épicos (Gladiador, Cruzadas, Robin Hood), la ciencia ficción y fantasía (Alien, Blade Runner, Leyenda), inclusive mediocres comedias (Los Tramposos, Un Buen Año) o películas inclasificables (Hasta el Límite, Thelma & Lousie, Hannibal) desorientando a críticos y cinéfilos (en todos los géneros tiene alguna obra destacable y en todos una deplorable), con Tony no hay tanta discusión: el hombre conoce su oficio y hace el mismo género hace tanto tiempo y de taquito. Cualquier pifie, termina siendo perdonable. Nadie busca en sus obras, LA película del año, sino un agradable pasatiempo. Una distracción que divierta y mantenga atado al espectador a la butaca. Y cuando se dice que nuevamente, contará con la presencia de Denzel delante de la cámara, podemos garantizar que el trabajo estará a la altura de las expectativas.

E Imparable no está a la altura de lo que se esperaba. La supera. Si con Rescate del Metro supo meter al espectador en tensión constante gracias a un inteligente duelo de personajes, Imparable es un ejercicio cinematográfico de lujo. Una clase de montaje y de cómo construir suspenso a partir de ello. Los protagonistas de la película son los trenes y el azar. Una serie de eventos desafortunados, parte de culpa humana y parte de mala suerte provocan que una locomotora que lleva vagones repletos de compuestos químicos se ponga en funcionamiento sola. Encima, el maquinista no dio a tiempo de enchufar los frenos. Al mismo tiempo Scott nos presenta dos historias paralelas: un veterano maquinista (Washington, sólido, preciso y con todos los tics y manías que lo caracterizan), que debe mostrarle el trabajo a un joven nuevo empleado (Chris “Capitán Kirk” Pine, cada vez mejor actor) que puso en los rieles, el sindicato. Más allá de las previsibles fricciones iniciales, ambos serán los héroes ocasionales de la historia. Y la química entre los actores funciona perfectamente (otro mérito en toda la obra del director). Además Scott para acrecentar la tensión nos pone en la vía del tren “imparable” otro repleto de chicos. Y ahí, en los pocos minutos que dan comienzo al film nos anuncia que estaremos frente a uno de esos thrillers que le gustaban a Hitchcock, pero que el nunca hubiese hecho. Scott constantemente juega con el conocimiento del espectador y el desconocimiento de los personajes.

Acá no hay obvios villanos (más allá de un corporativo de la empresa ferroviaria), sino la clásica lucha del hombre contra el tiempo. Como siempre, los protagonistas de Scott son personas sufridas que han pasado por cuestiones delicadas en el pasado y tienen la oportunidad de redimirse. Acá no es la excepción y este aspecto de los protagonistas, ayuda a humanizarlos. Que hay lugares comunes, clisés y diálogos imposibles, es cierto, para también es verdad que no molestan, dadas las circunstancias. Acá, lo importante es saber como los protagonistas, con la ayuda de algunos personajes fuera de las vías, van a poder detener el tren.

Scott da poco descanso. La adrenalina va in crescendo hasta el punto de que el espectador mismo está saltando por los vagones junto a Denzel y Chris. Básicamente, Scott nuevamente provoca que tengamos que vivir una hora y media con los testículos en la garganta.

Como vuelvo a decir los méritos no provienen únicamente de Scott y su buen instinto para montar la cámara y la películas, sino que también de los editores, Chris Lebenzon (acostumbrado a trabajar también con Tim Burton) y Robert Duffy, así como de Ben Serensin, el director de fotografía capaz de generar los climas fríos que Scott siempre busca en sus obras y de Harry – Gregson Williams que aporta una banda sonora a puro nervio, pero que en ningún momento sobrepasa en tensión a lo que Scott muestra con la cámara.

En la semana que perdimos al creador de mejor persecución de la historia del cine (Peter Yates por Bullit), Scott da una clase sobre persecuciones, que hace recordar un poco a la de Contacto en Francia. Gene Hackman siguiendo al tren. Lo que en aquella duraba 10 minutos, acá es toda una obra.

Intensa, divertida, clásica e inteligente. ¿Cuanto es real de la historia, cuanto ficcionado? La verdad, no importa. Tony Scott, un autor, artesano del género, nos regala un excelente ejemplo de por qué los thrillers siguen siendo un placer culpable de cualquier cinéfilo.

 

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Frank Barnes, un ingeniero de la compañia ferroviaria AWVR desde hace veintiocho años, junto a sus viejos colegas temen perder sus empleos a causa de la incorporacion de nuevos empleados; tal es el caso del novato Will Colson, quien ese día llega ante Barnes en la sucursal de Stanton para trabajar a su lado en el traslado de la locomotora 1206 que debe cargar veinte vagones y llevarlos hasta la estacion Fuller. Will solo está haciendo su trabajo y no es responsable de las decisiones de los directivos de la compañia en cuanto a despidos y asuntos laborales. Acá se ve claramente lo que ocurre en muchas empresas que de pronto deciden despedir a sus viejos empleados y tomar nuevos sólo para pagar sueldos menores y ahorrarse dinero, lamentablemente es un problema cotidiano de estos tiempos que este film muestra a modo de denuncia como parte del relato.

Frank es viudo, tiene dos hijas que trabajan en un bar como meseras para pagarse la Universidad y al parecer la relación con ellas está un poco tensa esos días. Will está viviendo con su hermano ya que ha debido dejar su casa a causa de un malentendido con su esposa Darcy. Hasta acá parece un drama de conflictos familiares y problemas sociales, pero no es así, el relato da un vuelco y se convierte en una historia tensa, del género catástrofe, pero inspirada en hechos reales, lo cual provoca cierto pánico en el espectador, pensando que lo siguiente podria ocurrir en cualquier momento y lugar.

Es un caso de negligencia laboral humana, algo que también ocurre muchas veces en la vida real; si bien se dice que todos podemos cometer errores hay errores que resultan fatales para el que los comete o para terceros y en esos casos, no solo no podemos sino que no debemos cometer esos errores.

Cuando Connie Cooper, encargada de la estacion Fuller llega a su oficina es informada de lo ocurrido y comienza a ocuparse del asunto para intentar detener el tren y evitar accidentes colocando a la policía estatal en los cruces para desviar el tráfico. Pero la noticia llega a los medios de comunciación y a la oficina central de AWVR en Pittburgh, cuyo Vicepresidente de Operaciones, el Sr. Galvin, decide no hacer caso a los consejos de Cooper y dirigir el asunto tomando las decisiones pertinentes del caso con la Junta Directiva, ya que según sus palabras “es nuestra propiedad y nuestra decisión”.

Obviamente por un lado es el maldito orgullo que a veces nos ciega y nos nubla el cerebro, pero aquí tambien se nota algo mas importante y grave, a la compañía solo le importa no perder sus propiedades, o sea los trenes y las vías, ya que estas pérdidas de dinero se traducirían en una alta devaluación de las acciones de la empresa y eso a los empresarios no les gusta nada. Entonces nos preguntamos: ¿que pasa con las vidas humanas que se podrían perder y el daño ambiental que podria provocar un accidente de tal magnitud? Bueno, esta película es una de esas que hay que ver, ya que por un lado resulta entretenida y el espectador sale conforme, pero ademas denuncia bastante sobre problemáticas de la vida diaria y en las cuales todos podemos estar involucrados de alguna manera.

 

Por Cecilia Tedesco

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