A Sala Llena

Supongamos que tuvimos SIDA

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Dramaturgia y dirección: Gustavo Moscona. Asistente de producción: Stefanía Nonini Milesi, Graciela Piereskog. Asistencia de dirección: Stefanía Nonini MilesiGraciela Piereskog.Vestuario: Claudia Casquero. Coreografía: Betiana BarrosNayla Espinosa Garcia. Iluminación: Jorge Ruffa. Música original: Nicolás Córdoba. Actúan: Melanie Bloeck, Manuel Crespo, Guillermo Leinung, Alejandra Mosquera, Magali Rodrigues Pires, Favio Russo,Alfredo Sánchez, Alejandra Santangelo, Oscar Souto. BailarinesCecilia Alarcon, María Clara Galvalice, Simon Rey. Prensa: Tehagolaprensa

Anécdotas lascivas de la inmunodeficiencia

La historia es la reconstrucción de una serie de miradas, recuerdos y acontecimientos que definen una época. Definir una era es adentrarse en el espíritu de la memoria, organizar las remembranzas que danzan caóticamente en el magna de los sucesos para darles un sentido social.

Supongamos que tuvimos SIDA es un thriller poético policial acerca de unos individuos excéntricos que se dedican a coleccionar recuerdos sobre el SIDA. En reuniones secretas, los protagonistas del período del surgimiento y apogeo de la enfermedad, relatan sus anécdotas y reciben sobres repletos de dinero. Una dotación de los servicios de inteligencia decide infiltrar el grupo para descubrir cuál es su propósito y descubrir qué se esconde detrás de las extravagantes reuniones. La necesidad de olvidar y la indagación en lo prohibido van convirtiendo la investigación en la búsqueda de un secreto escondido o perdido en el inconsciente colectivo.

En escenas que buscan vulnerar la psiquis a través de la exposición del cuerpo y de su concupiscencia, los personajes desatan su lascivia dejándose llevar por las interpretaciones actorales de sus historias buscando la construcción de una fusión entre teatro, música, danza y poesía. Con actuaciones que buscan rompen los límites de cada género que atraviesan la obra Supongamos que tuvimos SIDA se convierte en una apertura hacia un espacio multidisciplinario que pretende experimentar con los cuerpos esta brecha histórica abierta por los recuerdos de una herida abierta que aún sigue goteando pequeñas gotas de sangre que caen sobre el tejado de nuestro imaginario colectivo.

A través de los recuerdos, los personajes ven surgir las distintas formas de comprender y enfrentar la enfermedad que marcó las últimas décadas del Siglo XX. La risa histérica, la paranoia, la negación, la depresión y el odio emanan para llevar los cuerpos hacía coreografías voluptuosas que enfatizan la sexualidad y pierden el control para fundirse en historias que van creando una idea flagelante del SIDA como legado cultural. El amor y el anhelo sexual se enredan en las sesiones entre diálogos que flotan entre los sonidos de un piano que incita a comenzar las sesiones y cuerpos danzantes que buscan el placer del contacto.

Ya lejos de aquellos tiempos aciagos de la paranoia profiláctica, hoy somos hijos de aquella conciencia que marcó a fuego varias generaciones. Supongamos que tuvimos SIDA es más una llaga que un homenaje. La obra nos permite adentrarnos en una época a través de destellos inmunológicos que abren nuestras venas a la enfermedad como un virus imaginario que destruye el colectivo social atacando el inconsciente. La función de las fuerzas de control por contener acciona tardíamente y la enfermedad arraigada en los recuerdos corre por la sangre, así nace un síndrome y así surge una obra de teatro que baila.

Teatro: Espacio Cultural Pata de Ganso, Zelaya 3122

Entradas: $80 – Estudiantes y jubilados $60.

Funciones: Viernes 23 hs

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