A Sala Llena

Te Han Enviado una Solicitud de Amistad

El domingo había empezado fenómeno.

Nos levantamos a las seis de la mañana. Mi maridito me hizo el aguante y me llevó hasta la Nacional Rock, para que hiciera la columna de A SALA LLENA en EL FIN DEL FINDE.   Estaba un poco nerviosa, así que él se las fue ingeniando en el camino para darme valor.  Ni bien llegamos, nos recibieron con sonrisas francas y unos mates bien calentitos, así que la cosa relajó y todo salió a pedir de boca. Las chicas son geniales, súper copadas. Terminamos charlando, chusmeando y riendo, como si fuéramos tres amigas de años en la cocina calentita de la casa, comiendo galletas y poniéndonos al día. Me hicieron sentir cómoda, bienvenida y hasta inteligente, mirá lo que te digo.  Después de que terminamos, nos volvimos a casa de lo más contentos y, como Starbucks estaba cerrado, decidimos volver a la cama a dormir la mona.

¡GRAN ERROR! El día había comenzado demasiado bien, como para engualicharlo echándose una siestita a deshora…

La cuestión arrancó cuando nos despertamos a la una de la tarde.  La boca pastosa, los ojos pegados… Me levanté de la cama y me puse un bóxer del bebé, unas botas “pata de oso” (esas con corderito adentro) y encaré la cocina. Calenté el agua para el mate cocido  y me senté en la compu. Mientras tanto, los ronquidos de mi hombre se escuchaban todavía sin censura. Como sabía que hacía del viernes que estaba con resaca, elegí no despertarlo. Unos amigos habían venido y la buena charla se había convertido en buena curda, por lo que el dolor de cabeza le seguía, aun siendo ya domingo y casi la tarde. Pobre, su tiempo solo en la cama no le duró ni diez minutos. A penas intenté abrir mi cuenta de Facebook, el terror se apoderó de mí y empezaron los gritos.

 _ ¡Baby despertate!  ¡Me inhabilitaron la cuenta de Facebooooook!

El gordo se levantó corriendo y, con cara de pasmado, me aseguró una y otra vez que no podía ser. Pero después de varios intentos, lo confirmamos: me habían echado a patadas de la red social.  Ni siquiera me habían advertido y, si lo hicieron, no me di cuenta.  Los tipos te explican que de alguna manera violaste la declaración de derechos que todo el mundo acepta y nadie lee, que te hacen ver antes de darte la cuenta. No sé si es porque usaba un seudónimo (solo para alejarme de parientes indeseables, pretendientes babosos y cobradores violentos) o porque tenía la fotografía de una sirena sin camisa en el perfil (ustedes saben del mambo que tengo con ellas) o porque los cerezos no florecen en el sótano. La cuestión es que, todos mis amigos y contactos, se quedaron sin el placer de mi compañía virtual. Se ve que esta gente pensó que por tener a una mujer mostrando sus tetas en el perfil (cosa que me valió muchísimas solicitudes de amistad), yo era algo así como una zarpada, cuando la realidad es que mi conducta en Facebook, era poco menos que anacoreta.  Lo usaba para cargar la columna, para ver lo gordos que están mis antiguos novios y para chatear con mis amigos cercanos, que casi no tenían que entrar en el perfil, porque entran (y sin llamar) en mi casa.

La verdad es que quedé shockeada. Mi esposo, que me vio la cara de perdida, me llevó a tomar café y comer algo para que me volvieran los colores a la cara. Yo, a todo esto, ya había mandado mi correo, pidiéndoles (o rogándoles mejor) que revieran la medida y me devolvieran mi cuenta. Es que, para ese entonces y por alguna extraña razón, yo todavía no me había enojado. Me sentía extraña, vulnerable, angustiada; como si alguien me hubiera manoseado en la multitud, escondiéndose y desapareciendo arteramente. No conocía a nadie que le hubiera pasado y, exactamente por eso, me sentía como el culo. ¿Qué soy yo, una degenerada, el último orejón del tarro, la tonta del bote, la boluda del batallón, la oveja negra, la tilinga de la clase, la desubicada del kiosco de chupetes? Para rematarla, llamé a un amigo y me dijo que, con la foto de la sirena, él se la había visto venir. ¿Por qué carajo nadie me avisó que esta gente era, algo así, como la inquisición de las tetas? Además, si se supone que en Facebook solo pueden tener cuenta los mayores de 18 años, ¿por qué se preocupan por un par de lolas en la playa? No voy a conseguir menores en su red muchachos, o si… ¿Cuál es el asunto real?  ¿Acaso no se vanaglorian de haber iniciado revoluciones libertadoras, de haber rescatado a los oprimidos, de haber  iniciado movimientos imparables que le devolvieron a algunos pueblos sus derechos soberanos? ¿Son ustedes los mismos que le levantan una cuenta a una mina por tener a una sirena en pelotas en su perfil? Me parece, como mínimo, extraño.

A medida que pasaba el día me fui calmando.  Eso sí,  la angustia que tenía por la pérdida de mi cuenta, se fue transformando primero en franca desidia y después, en bronca. Empecé a pensar en la cantidad de tiempo que invirtieron algunos de mis amigos en convencerme de que abriera una cuenta. Yo, de verdad, era muy arisca. Una vez que lo logran y que me voy  acostumbrando y subiendo de a poco algunas cosas y compartiendo opiniones y poniéndome en contacto con amigos que están  lejos;  a penas empiezo a disfrutarlo de verdad, estos “iluminados”  me cierran la cuenta.  

Mi hombre se pasó la tarde entera tratando de convencerme de que abriera otra, ésta vez, con mi nombre completo y que lanzara mi dulce, joven, radiante, confiada y preciosa cara al mundo.  Al principio me pareció bien, pero después de pasada una noche, más varias vueltas que le di al tema en mi cabecita, decidí que me iría con algo, aunque fuera un poquito de dignidad y que no abriría otra cuenta. Después de todo, ¿por qué tendría que quedarme en un lugar a dónde no me quieren? ¿Por qué hacer las paces con un sistema que me echó a la mierda y no me dio ni la más escueta de las explicaciones? Es mejor salir con la frente semi en alto y no volver a donde no soy bienvenida.

Todo esto me dejó pensando…

Hay pocas cosas más feas que sentirse no querido, que intuir que a uno no lo aguantan y que, de alguna manera, están viendo cómo carajo sacárselo de encima. Eso nos ha pasado a todos. En el laburo, en las relaciones amorosas, en la familia, en los ascensores, en los cumpleaños, durante las visitas a los amigos e, incluso, en las reuniones con los parientes. Es por eso, y como hace mucho que no me aventuro en alguna encuesta sin sentido, que decidí agarrar el teléfono y preguntarle a la gente, por qué film en el que “despidieran” a alguien, se sintieron particularmente conmovidos o emocionados.

A mí, la primer película que me vino a la cabeza fue La Flor de mi Secreto de Pedro Almodóvar. Nunca me voy a olvidar de aquella escena en la que Marisa Paredes hace hasta lo imposible por retener a un Imanol Arias que, a la legua se nota, ya no la ama. Ese sentimiento tan angustiante que nos desnuda, cuando nos imaginamos que están por “echarnos”, por “sacarnos”, por “removernos”, por “inhabilitarnos”. Esa desesperación ahogada e inútil, que nos hace humillarnos ante alguien que ya nos olvidó, nos borró y nos pateó fuerte fuera de su vida. ¡Qué cosa más espantosa, por Dios! No me lo puedo olvidar. Cuando la vi, me causó una profunda sensación de lástima.

Mi vecina de enfrente, una poetisa solterona con graves problemas en las rodillas, me dijo que a ella se le ocurría Kramer vs. Kramer. La película de Robert Benton, que arrancaba cuando a Dustin Hoffman lo dejaba sin rodeos su mujer, nada menos que la magnífica Meryl Streep, con el contundente argumento de que ya no lo amaba. Para rematarla, en el medio del film, lo echaban a la mierda del laburo. El personaje estaba en una mala racha y no era joda. Hablando de cuando no te quieren…

Sintiéndome salvaje, hice una llamada interprovincial y me comuniqué con una de mis almas gemelas, mi embarazadísima amiga María José. Después de pensarlo un rato, me dijo que la aguantara, que me volvía a llamar. Ahí nomas se puso en contacto con su hermana y, tras deliberaciones varias, llegaron a estos títulos: Philadelphia (en esta aparece mi novio Tom Hanks), Jerry Maguire, El Descanso y Relaciones Peligrosas.  Excelentes elecciones, clarísimos criterios, rápida y confiada respuesta. 

Mi hermana, que interrumpió sus horas de trabajo para meterse en esta gloriosa y definitiva encuesta, me sugirió una comedia liviana, que trata de un matrimonio que acoge por un tiempo al mejor amigo del marido y éste les vuelve la vida miserable. Por supuesto, después tratan por todos los medios de sacárselo de encima: You, me and Dupree, se estrenó con razonable éxito en el 2006 y nos deja como regalo a un Owen Wilson desopilante, acompañado de manera inteligentísima por Matt Dillon y Kate Hudson.  Si se sienten medio pochocleros y con ganas de una comedia, alquílenla sin culpa. Se van a cagar de risa un buen rato y van a sentir muuucha vergüenza ajena.

Yo acá me permito sugerir otra: Rambo. Después de todo, nada hubiera pasado en aquel pueblito tranquilo, si no hubieran echado al pobre Boina Verde. Jamás olvidaron lo mal que les fue a todos después jajaja.

Mi amiga Lujan (quien obviamente no podía faltar), sugirió dos títulos trascendentes: Amor sin Escalas, película en la que George Clooney, viaja por los Estados Unidos despidiendo gente de sus empleos y Elizabethtown. En este último film, el delgadísimo Orlando Bloom es despedido de su trabajo de manera más que categórica, después de haberse mandado un cagadón con unas zapatillas. El pibe quiere suicidarse y, justo cuando está por hacerlo, lo llama la hermana para decirle que su padre ha muerto. Allí comienza el primer y verdadero viaje de su vida. Un film extraño, de ritmo desigual, muy interesante y climático, que me encantó ver. De hecho, por estos días, lo están dando en el cable.

Por supuesto, también llamé a mi querido bombón consorte y a sus compañeros de trabajo, horda de muchachos poco civilizados y altamente combustibles. Me encanta llamarlos, porque todos se comprometen profundamente con las consignas y siempre tiran títulos copados. Gracias muchachos por la mano y por la buena onda.  Así más o menos quedaron las cosas por allí:

Ricardo, pibe de nombre viril si los hay, sugirió la brillante Un Día de Furia.  En esta, Michael Douglas interpretaba a un chabón  que estaba al borde y, después de ser despedido de su trabajo, directamente saltaba al vacío. ¡Por Dios! Este sí que tomaba mal que lo echaran o lo inhabilitaran o lo que sea. Arrancaba a disparar y a hacer desastres por toda la ciudad, argumentando que estaba “volviendo a casa”. ¡Guau! Menos mal que no fue a él al que le cerraron la cuenta de Facebook…

Por su parte, Guille, mandó Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos. Obra de arte sorprendente que encaraba la premisa que si, de verdad querés  echar a alguien importante, nunca es más difícil hacerlo que desde adentro de tu propia mente.  Por supuesto, en medio del proceso, el protagonista se arrepentía y así, la mujer que quería “despedir” se volvía la joya a rescatar, a resguardar, a recordar. Esta película tenía destellos de verdadera y profunda genialidad. Siempre HAY que volver a verla.

Damian sugirió otra comedia, cuyo conflicto pivotea redondamente en el hecho de que el protagonista fue despedido.  Las Locuras de Dick y Jane (otra con Jim Carrey, los muchachos son fanáticos) se trataba de un matrimonio que se iniciaba en el delito de manera ultra ridícula, después de haber quedado sin un mango a causa del despido, en circunstancias vergonzosas, del marido.  Es una buena para los días de lluvia y para acompañar las tortas fritas o el mate. No necesita demasiada atención, ni demasiados cuidados y además, te hace recordar lo malo que es que te den el olivo del laburo.

Finalmente “El hombre araña” (así le dicen al pibe vaya a saber por qué) recomendó El Placard. En esta película francesa, un tipo se enteraba que lo iban a rajar y se inventaba que era gay para que no lo hicieran. Comenzaba así, una relación de amistad con un vecino, que cambiaría su vida. Además, en el proceso mejoraba su relación con su familia y su estatus amoroso. Era una especie de joya, que estuvo en cartel en Argentina y a la que no se le hizo demasiada justicia. Con Daniel Auteuil y Gerard Depardieu.

Mi bombonazo eligió En Busca de la Felicidad, porque dice que el tipo arranca la película abandonado, y es verdad. Todo lo que hizo fue gracias a que su mujer lo dejó.  Buena elección. Parece que, a veces, para encontrar lo mejor para nosotros, tenemos que primero ser “desamparados” por lo peor.

Di por cerrada la encuesta, aunque seguí pensando títulos: María Antonieta (¡vaya si no la querían!), El Club de la Pelea, Dulce Noviembre, Extraña Pareja… La propia Red Social (creían que me había olvidado eh), después de todo, a Mark Zuckerberg se le prendió la lamparita después de que lo largó la novia. Casa de Arena y Niebla, Jamás Besada, ¿Quién llamó a la cigüeña?, Erin Brockovich… En fin…

Lo cierto es que es horrible que te dejen. No está bueno enterarte lo poco que importás vos y tu pequeño mundo, tus pequeñas fotos, tus pequeños libros, tus pequeñas opiniones, tus pequeños amigos, tu pequeña realidad.  Por momentos crees que, el hecho de estar conectado, le dice al mundo que existís, que pasás por la tierra, que estás viviendo y respirando, que sos ahora, aunque mañana estés muerto. Pero, la realidad  es que todo eso es una ilusión falaz. Si te ponés a pensar, un tipo medio fascista o medio pacato, aprieta un botón y desaparecés, no estás mas, lo perdés todo, incluso mensajes de laburo, de amor o de familia y nadie te dice mas nada, ni que te jodas. Las cosas son así, tristes y ridículas.

Por supuesto, eso no le importa a nadie.  A nadie, nadie…

A mí por ejemplo, me podés seguir en Twitter, donde nadie me censura nada… Después de todo, “somos lo que twitteamos”.

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