A Sala Llena

Festival Temporada Alta

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Portland e Incógnito

Portland

Idea y Dirección: Marcos Morau. Coreografía: Marcos Morau y Lali Ayguadé .Intérprete: Lali Ayguadé. Dramaturgia: Pablo Gisbert (Conde de Torrefiel). Asesoramiento Dramatúrgico: Roberto Fratini. Espacio e iluminación: Xesca Salvà .Música: Ludwig van Beethoven .Fotografía: Edu Pérez Vestuario: Ludmila Vitsheva Texto: David Foster Wallace Adaptación: Laura Cosme. Prensa: Marisol Cambré.

El domingo 2 de febrero de 2014 comenzó en Teatro Timbre 4, la segunda edición de la Semana Catalana en Buenos Aires, un espacio de intercambio internacional que recibe diversas producciones del Festival Temporada Alta de Girona, España.

Este festival es uno de los más valorados del sector artístico de todo el país y en él se presentan pequeñas propuestas pensadas tanto para un público popular, como especializado. Una de ellas es Portland, un espectáculo conjunto interpretado por Lali Ayguadé, con idea y dirección de  Marcos Morau, director de la compañía de danza La Veronal y Premio Nacional de Danza 2013.

La Veronal es una de las compañías españolas más miradas de la actualidad: rotan por toda Europa, no sólo interpretando en Sadler´s Wells o en la Biennale de Venecia, sino también dando cuenta de su impronta particular a otras compañías como la Scapino Ballet de Rotterdam, Skanes Dansteater y Norrdans de Suecia, Ballet de Teatres de la Generalitat Valenciana y el Royal Danish Theatre. Conociendo estos antecedentes, se entiende que esta brillante pieza es la consecuencia de un armónico trabajo de investigación sobre la danza contemporánea.

Dividido en dos partes: la primera, Portland es una obra alucinante, un solo de movimientos exóticos, cerrados, violentos y deslumbrantes que nos hablan desde un cuerpo por donde se deja respirar la crisis de un mundo globalizado y lleno de personas que jamás llegan a conocerse del todo. En palabras de la compañía: “Sabemos que las personas esconden un océano dentro, un océano inmenso, oscuro y desordenado. Sabemos también que, llegados a un punto determinado, querer entender a las personas es agotador, entonces decidimos apartarnos, poco a poco, de ellas, decidimos vivir contemplándolas, como si finalmente, un día, repentinamente, fuéramos conscientes que nunca podremos abarcar con una sola mirada un océano entero, y decidiéramos poner nuestra mirada simplemente en los pequeños barcos que lo transitan, haciendo de este gesto nuestra panorámica (…)”.

La escenografía es un rescate de la conquista del espacio por los Estados Unidos, tal vez en un intento llamativo de mostrar el lugar en el que ese mismo país se posiciona desde entonces. Esta puesta nos habla de lo gris y terrenal, una mezcla de claroscuros que provocan en el espectador, ternura y recelo, desesperación y magia, sofocamiento y libertad. Además se optó por sumar los sonidos del audiovisual de conquistas y enfrentamientos violentos, los mismos que llevaron a la humanidad al lugar histórico en el que se encuentra en la contemporaneidad.

Laly, vestida enteramente de astronauta, abandona el lugar tradicional de la bailarina para entregarse a un sinfín de movimientos preciosos, rítmicos y violentos que parecen poseerla y que llenan el espacio de incertidumbre, miedo, pasión y ternura. Lo hace siguiendo delicada y eficientemente la música de fondo y alternandose con la historia escrita que vemos en pantalla.

La novedad de la pieza se encuentra en la poderosa imbricación entre el audiovisual, la música violenta que nos habla de conquista, de caos y terror -y recuerda un poco al trabajo de Marta Graham luego de la Segunda Guerra Mundial-, todo esto alternado por bellísimas piezas de Beethoven.

La historia es de una superficie inabarcable, de personajes falsos que esperan ser entendidos caminando por la borda, de viajes de turismo plastificados, carentes de corazón. Se entreteje en el escenario la atmósfera de un encuentro pasajero, de un viaje hacia la nada que rebota en la materia y vuelve a las personas. La incertidumbre del saberse solo en un mundo de seres completamente distintos que esconden bajo la cubierta de sus propios barcos, su verdadero ser.

Es menester resaltar el brillante trabajo de Lali Ayguadé, una bella bailarina que deja en el escenario entrever su preciosa y  profunda expresividad.  Laly estudió en el paradigmático PARTS de Anne Teresa De Keermaeker en Bélgica y en 2010 fue nominada como Mejor Bailarina por los Critica Awards en Londres. Actualmente, además de su trabajo junto a La Veronal, trabaja junto a la compañía francesa Baro d’Evel y en la composición de sus propias obras.

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Incógnito

Creación: Lali Ayguadé. Interpretación: Nicolas Ricchini y Lali Ayguadé Música: Mar-Khalifé (Ya Nas-Yeribi) Associación Momentum. Prensa: Marisol Cambré.

Como segunda parte de este programa doble de danza se presentó esta pieza creada por la propia Lali Ayguadé e interpretada por ella misma y por el coreógrafo francés instalado en Cataluña Nicolas Ricchini.

Esta segunda pieza es un retorno al color, el calor y lo humano. Desprendida de la conceptualización establecida en Portland, en Incógnito las almas se encuentran, se recelan, se conocen e intercambian su dolor, se quitan y ponen máscaras, se funden en la música.

La danza contiene movimientos propios de la danza contemporánea y de la danza india. El dueto, produce un encuentro increíble, armónico pero libre.

En palabras de la compañía: “Dueto centrado en el cuerpo, con su fisicalidad y abstracción. Detrás del maravilloso aspecto humano, está el universo oculto de una maquinaria interconectada, con un cerebro hecho del material más complejo; pero también la debilidad que nos empuja a salir adelante y nuestra imperfección”.

Incógnito, lejos del desolado y gris Portland, nos habla del encuentro,  del precioso encuentro del ser con sus intrínsecas particularidades, la danza es festiva, es vuelo y es amor. Los colores utilizados vuelven a la materia, a la naturaleza.

El trabajo sobre el cuerpo de los bailarines es precioso, se acompañan y vibran, saltan y se muestran, tal cual son, allí en la infinitud liberada que les presta el escenario.

Funciones:

Martes 21:00 hs 04/02/2014

Miércoles 21:00 hs 05/02/2014

Entrada: $110 / $80

Las obras ya fueron emitidas en su función única por el Festival de Temporada Alta de Timbre 4,aquellos que quieran deleitarse con estas impresionantes piezas tendrán que esperar a que el festival, que nos trae lo mejor del arte Catalán, vuelva a emitirse en la ciudad de Buenos Aires.

Entre lo gris y monocromático y lo libre del verde, entre el encuentro de los seres y los cuerpos y el des-entendimiento de un mundo artificial,  apático, entre el piso, el cielo, los movimientos frenéticos y la música Portland e Incógnito se vuelve una propuesta por demás interesante, que acerca al auditorio con temáticas propias de su tiempo, a la vez que promueve alegría y a la vez insatisfacción, en efecto provoca el desasosiego, que toda obra de arte necesita provocar, para ser llamada arte.

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Se de un lugar

Autoría: Ivan Morales. Texto: Iván Morales. Ayudante de dirección: Lali Àlvarez. Asesoramiento físico: Joana Rañé. Ilustradora: Nuri Téllez Bravo. Actúan: Anna Alarcón, Xavier Sàez Producción: Prismata. Iluminación: Marc Lleixá. Prensa: Marisol Cambré

La banda sonora de lo que vivimos

Esta opera prima de Ivan Morales, que comenzó como un fenómeno diminuto del teatro independiente de Barcelona, paso a ser rapidamente un éxito. Su recorrido  es de casi tres años y nos invita a apreciar esta obra en el Festival Temporada Alta, de Teatro Catalán de Timbre 4 en Buenos Aires.

Los espectadores nos  sumergimos ansiosos en una noche de lluvia en los alrededores de Boedo a ser partícipes de la magia del teatro. Entramos a una sala, que resulta ser un mono ambiente donde vemos desplegarse: un sillón, una mesa, varias sillas, algunos sillones una escritorio, una lámpara, una mesa de cocina con algunas cervezas, bebidas, frutas y golosinas. Desde allí es difícil determinar quiénes serán sólo espectadores, y quienes serán los protagonistas ahora camuflados entre el público. Esta fue la innovadora propuesta de Ivan Morales en un intento por volver a la sencillez del teatro, donde no estaban marcados los límites entre el escenario, los actores y el auditorio.

Alejado de los montajes convencionales del teatro, en esta obra se establece debidamente una conexión ulterior con el público. Las emociones de los actores parecen ser vividas realmente por las mujeres y hombres que ocupan los lugares centrales de la obra. Allí, entre los sillones del Mono ambiente, las personas se estremecen al escuchar las desventuras, confesiones e inhalaciones de pena y afecto de los protagonistas.

La historia es un despliegue de dos personalidades. Él es Simon, que intenta huir de la tradición racista -en palabras de él- y conservadora de su familia y de la herencia de la cultura eurocentrista de España; ella es Berenice y está hundida en el abismo de los placeres que, como tentempiés emocionales, la alejan de su verdadero ser en una vida llena de instancias por terminar, de asignaturas pendientes entra las que se encuentran la historia de los dos.

Estos personajes habitan nuestro mundo, uno donde el individualismo y la sobreproducción de mercancías dio como resultado que la esfera del mercado se trasladara a la esfera del amor, dando como consecuencia la expansión de esa enfermedad característica del Siglo XXI que es la soledad, y que se nos aparece además como la característica de las formas de vida en la ciudad, en las grandes urbes, donde los lazos de solidaridad y cooperación se ven disminuidos o ausentes. En este marco social y cultural el amor funciona como un ancla, como un escape de las pequeñas realidades que enfrentan los seres posmodernos.

Se de un lugar puede dividirse en dos partes: una introspección primera de ellos, en forma de monólogo, por cierto maravillosa, que nos adentra a las particularidades de la psique de los personajes hasta llegar a la segunda instancia donde ellos mismos que habían sido pareja hace años vuelven a reencontrarse, más viejos, cansados y a la vez nuevos en la búsqueda de una significación para su actual existencia, la persona que fueron y la que van a ser. Estos detalles corren a la obra de ser capitulada solo como una historia acerca del amor después del amor, o en todo caso es gracias al cinismo de sus personajes que la obra, volviéndose paródica se aleja del género para sucumbir en la vanguardia.

Tanto Anna Alarcon como Xavi Saez interpretan monumentalmente sus personajes, sin perder el hilo jamás y adaptándose con total soltura y brillantez a las exigencias del público en el momento.

Los efectos de sonido están muy bien logrados a partir del desenvolvimiento en el espacio de los actores, naturalizando el espacio y volviendo la obra más real.

¿Encontrar la paz viajando sin parar, experimentando con la sexualidad, casándose? ¿Terminar la carrera o trabajar? ¿Volverse vegetariano o apuntarse a una secta? Las preguntas que se hacen los personajes de la obra corresponden a esta actualidad desgarrada en la que vivimos, donde la pregunta por la existencia es atravesada por una cultura globalizada en donde todo está permitido, menos tener las cosas claras.

Por suerte hay un lugar, cierto, del que saben los actores, donde una sola canción puede provocar el recuerdo de la emoción necesario para que un viejo romance vuelva a flote y rescate a nuestros dos protagonistas de su inusitada soledad.

Se dé un lugar se vuelve así, entre buenas actuaciones, grandes ideas en el guión y la sorpresa de la interacción con el público en una cita más que interesante e imperdible de experimentar.

Teatro: Timbre 4.México 3554

Entradas: Festival: $ 110,00 / $ 80,00 – Jueves – 21:00 hs – 13/02/2014

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