A Sala Llena

Thor (3D), Según Rodolfo Weisskirch

Mi reino… mi reino por un martillo!

Si le faltaba un género para encarar al multifacético, versátil y todo terreno Kenneth Branagh, ese era el de la fantasía, los comics y la ciencia ficción. Pero como el gran director británico es capaz de encarar cualquier proyecto (teatro, ópera, comedia, drama, épico, musical, terror) y siempre respetando el lenguaje del teatro clásico inglés, ya sea el isabelino como victoriano, a nadie sorprendió que haya aceptado dirigir la primera entrega del superheroe de Marvel: Thor.

El riesgo era grande por parte de los productores: cuando eligieron a Ang Lee para Hulk los resultados no fueron los esperados. Mas allá del interesante duelo entre padre e hijo que se sucedía en la trama, el nivel de fantasía, la estética de Lee no convenció a los seguidores del hombre verde y la película fue un fracaso comercial. Tampoco le fue mucho mejor a la secuela, que era más convencional, entretenida y accesible dirigida  por Louis Leterrier.

Lo que los productores necesitaban era otra Iron Man. Otra historia de heroe canchero, atractivo, divertido que supiera combinar la comedia con la acción.

Pero la génesis de Thor ameritaba un relato más dramático, y por suerte, con Branagh se pudo lograr un equilibrio.

Sin embargo, en Thor existen dos películas en una. Por un lado la historia mitológica del personaje en Asgard, el planeta donde vive el Rey Odin, quien tiene un enfrentamiento con el Rey Laufey de un planeta frío. El rey quiere mantener la paz entre ambos planetas, algo que a sus hijos, Thor y Loki, mucho no les atrae, ya que ellos quieren la guerra. Pero, mientras que Loki es el inteligente, cínico y manipulador, Thor es el fortachón, heredero directo a la corona que prefiere la lucha cuerpo a cuerpo antes que la paz diplomática. Odin mandará al exilio a Thor para que aprenda su lección. Esto da pie a la segunda parte de la película: Thor en la Tierra, donde aprenderá lo que es la amistad y el amor de la mano de Jane, una astrofísica que lo descubre perdido en el desierto, Erik, su mentor y la asistente de ambos, Darcy. En la Tierra, no hay un gran enfrentamiento con los agentes de su planeta, pero tiene que escapar del grupo Shield (el que comanda Nick Fury), quienes desean apoderarse del martillo mágico que le da poderes especiales.

Lo más interesante de esta nueva adaptación de un comic de Marvel, no es tanto el aspecto adrenalínico, sino el conflicto familiar, y la forma elegida por Branagh para retratarlo.

No hay que ser un experto en literatura inglesa para encontrar a Shakespeare en el medio. Al igual que Kurosawa u Olivier, Branagh comprende cómo llevar al revolucionario dramaturgo a cualquier relato contemporáneo. La historia en Asgard se asemeja bastante a Rey Lear (el padre sabio, los hermanos enfrentados), pero tambien hay elementos de Hamlet (el heredero exiliado que debe regresar al palacio para vengar a su padre) u Otelo (la manipulación de Loki hacia Thor, no es muy diferente a la de Yago).

Claro, que hay muchas películas que contienen estas referencias y no las solemos mencionar en nuestras críticas. Pero esta vez, debido al lenguaje elegido para reproducir los diálogos escandinavos, la dirección de actores, los vestuarios, maquillajes, protocolos e incluso algunos decorados pareciera que estamos frente a una gran adaptación de un obra del Siglo XV. Hay que reconocer además, que la reproducción de Arstan es bellísima a nivel visual. ¡Qué Pandora ni Pandora!, la imaginación de Branagh es alucinante también.

Lo que en cambio es desilusionante es toda la secuencia de Thor en la Tierra. Shield no cumple demasiado con un estereotipo de grupo de perseguidores aterradores. Esta secuencia, es más que nada una transición hasta el regreso de Thor a su planeta. Sin embargo, lo que debería importar y no está bien desarrollado es la relación romántica del heroe por Jane, la astrofísica terrícola. No hay química suficiente entre los protagonistas para hacer creíble que estos dos seres se amen, y este hecho puede cambiarle la mentalidad belicista al protagonista.

Branagh sabe darle buen ritmo a la película y cumple con las expectativas de hacer un logrado entretenimiento. Hace lo posible por lograr una interpretación “aceptable” de parte del carilindo Chris Hemsworth. Sin embargo son más interesantes las actuaciones de Tom Hiddleton como Loki y especialmente de Anthony Hopkins, que parece haber retomado el rol de Titus (de Julie Taymor basado en la obra de Sir William también). Del mundo de fantasía queda muy relegada Renee Russo. ¿Qué le pasó a la atractiva protagonista de Arma Mortal que quedó tan olvidada en los ultimos años?

De entre los terrícolas se destacan el gran Stellan Skarsgard, que al igual que Branagh, es un todo terreno implacable, interpretando algo así como el Falstaff de la historia, y Kat Dennings (la Nora de Nick y Norah) como el oportuno comic relief (no lo hace nada mal, esta chica tiene dotes para la comedia).

En cambio la que queda bastante sobreactuada y en desigualdad interpretativa es Natalie Portman. Parece que la actriz de El Cisne Negro quedó demasiado pegada al personaje de Amigos con Derechos, sólo que esta vez no funciona la química con su co protagonista. La frialdad de Hemsworth constrasta con la delicadeza de Portman, que pide a gritos volver con Ashton Kutcher.

Thor no solamente es un atractivo entretenimiento con dosis de acción y drama bien dosificadas, sino que también tiene otra intención: preparar al público para la llegada de Los Vengadores. No hablo de otra adaptacion de la serie británica con los agentes Steed y Peel, sino del épico proyecto que va a reunir a gran cantidad de heroes de Marvel en un mismo film. Eso incluye a Tony Stark / Iron Man (Downey Jr.), Bruce Banner / Hulk (Mark Ruffalo), Hawkeye (Jeremy Renner), Thor (Hemsworth), Capitán America (Chris Evans) y Nick Fury (Samuel L. Jackson). El film lo está dirigiendo Joss Whedon, el creador de Buffy. Recomiendo prestar atencián a Thor, porque hay dos personajes que hacen cameos (uno de ellos después de los créditos, asi que a quedarse en la sala), y otros dos son “sutilmente” mencionados.

Es muy probable que Thor no se convierta en el gran éxito que fue Iron Man: el personaje no tiene el mismo carisma o incorrección política de Tony Stark, y sobretodo a Hemsworth todavía le falta mucho para ser un Downey Jr. (aunque las chicas van a suspirar por sus musculos). Tampoco Hiddleton interpreta a un villano antológico. O sea, quizás elegir protagonistas desconocidos no haya sido lo adecuado. En tono, el film no logra caer en la sátira, ni ponerse completamente solemne o meloso. Es un punto intermedio entre el humor, el drama y la acción. Branagh no decidió arriesgarse en este sentido.

La película tiene multiples lecturas, que pueden leerse sutilmente. Entre ellas, se puede ver una connotacion entre Odin y Thor con la dinastía Bush, y su doble invasión a Irak. Pero Branagh termina defendiendo a sus protagonistas, y a la vez tirando una moralina oportunamente antibelicista.

Thor no es un gran film (como tampoco considero que es la saga de Iron Man o El Hombre Araña), pero entretiene durante casi dos horas, y su realizador, un autor que aun en las propuestas más industriales demuestra que puede intercalar su amor por el gran William Shakespeare. 

 

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