A Sala Llena

Tiempo de Revelaciones (La Belle Saison)

(Francia/ Bélgica, 2015)

Dirección: Catherine Corsini. Guión: Catherine Corsini y Laurette Polmanss. Elenco: Izïa Higelin, Cécile De France, Noémie Lvovsky, Jean-Henri Compère, Loulou Hanssen, Kévin Azaïs, Benjamin Bellecour, Laetitia Dosch, Sarah Suco, Calypso Valois. Producción: Elisabeth Perez. Distribuidora: Ifa Cinema. Duración: 105 minutos.

El derecho al placer.

Si sopesamos el campo del cine con motivaciones políticas, los franceses suelen enfocarse en las “procesiones internas” de los personajes a expensas de la lucha y/ o militancia en la praxis ya que consideran que cualquier transformación debe ser en primera instancia ideológica (los norteamericanos, por otra parte, prefieren un balance entre ambas esferas con una leve inclinación intermitente hacia las disputas callejeras). Tiempo de Revelaciones (La Belle Saison, 2015), el último opus de la realizadora Catherine Corsini, comparte temática y perspectiva general con De Ahora y para Siempre (Freeheld, 2015), aquella historia de amor lésbico protagonizada por Julianne Moore y Ellen Page, quienes debían batallar contra un entorno sumamente intolerante. Hoy el mismo engranaje narrativo está matizado por las sutilezas de los galos y ese erotismo desprejuiciado “marca registrada”.

El catalizador del relato es la llegada a París -durante la primavera de 1971- de Delphine (Izïa Higelin), una joven campesina que ha mantenido oculta su condición de lesbiana a lo largo de los años. Allí un buen día ve a un grupo de mujeres que les tocan el trasero a los hombres en la vía pública a pura carcajada, hasta que uno de ellos agrede a una de las chicas, Carole (Cécile De France), situación que impulsará a Delphine a intervenir en defensa de la mujer. Luego de escapar, de a poco surge una relación entre ambas con el trasfondo de la militancia feminista de Carole en pos de la igualación de los sexos, la utilización de la pastilla anticonceptiva y el derecho al aborto: si bien hasta ese momento Carole había sido heterosexual, el fulgor de Delphine hace que deje a su pareja masculina. Todo se complicará cuando la joven deba volver a la granja por la frágil salud de su padre.

Uno de los puntos más interesantes del guión de Laurette Polmanss y la propia directora pasa por el hecho de centrar la acción en una dinámica narrativa de “doble despertar”, regresando a la dicotomía que señalábamos al principio: mientras que la encantadora Delphine ya tiene completamente definida su identidad sexual y comienza a empaparse del ideario de liberación política y social de aquella etapa, Carole constituye su adverso, con toda la teoría emancipadora incorporada y algunas dudas en lo que atañe a su idiosincrasia amatoria. Vale aclarar que esta demarcación corresponde a la primera mitad del metraje, la que transcurre en París y se enrola en una suerte de alegato testimonial acerca de la génesis del feminismo moderno; durante su segunda parte la trama se vuelca hacia un melodrama bucólico en el que pesa más la disyuntiva entre la familia por un lado y el placer por el otro.

De hecho, es en el manejo de la satisfacción individual de los personajes donde en verdad se luce Corsini, aportando una mirada sincera que evita los artificios y el trazo grueso en lo que respecta al desarrollo del vínculo de las protagonistas. A pesar de que la historia es extremadamente previsible y sigue a rajatabla el manual de los romances ardientes que parecen estar destinados a durar lo que dura una estación del año, el naturalismo enérgico que impone la cineasta logra mantener siempre el interés, a lo que se suma el estupendo desempeño de Higelin y De France (no sólo la química entre ambas está a la orden del día, sino que además llama la atención lo jugado de sus escenas lésbicas). Lejos de la pedantería hipócrita y profundamente masculina de La Vida de Adèle (La Vie d’Adèle, 2013), Tiempo de Revelaciones es un pequeño análisis sobre la fusión entre la independencia y la pasión…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

Libertad a la orden del día.

Precisamente, sobre el tópico al que hace referencia el título de esta nota avanza el último largometraje de la directora francesa Catherine Corsini, quien deja entrever aquí -tanto por la construcción del guión como del arte- su inclinación política a favor del Mayo Francés de 1968. En aquel contexto sociocultural los derechos de la mujer eran vulnerados descaradamente hasta que surgió un movimiento feminista que, pese a los prejuicios de la época, proclamó la igualdad de género. Tras una ardua batalla ideológica, las mujeres lograron afianzar su rol social. Y, como si esto fuera poco, también combatieron la homofobia. Esta arista es la que Corsini elije para encarar su guión.

La sinopsis correcta sería decir que un 80% del film gira en torno a los pormenores de un amor lésbico protagonizado por Delphine (Izïa Higelin) y Carole (Cécile De France), dos mujeres que pese a pertenecer a clases sociales diferentes descubren que juntas son una buena combinación. Por ello deciden enfrentar las ideologías latentes en la sociedad para que su amor prime ante el mandato social impuesto en esa época: Delphine es una joven campesina que trabaja con sus padres en una granja pero sueña con ir a París para independizarse del entorno conservador (los padres desean que se case con un granjero); Carol es una ferviente militante feminista, parisina y profesora de castellano que lidera un grupo de lucha y vive con su novio, con quien comparte sus ideas revolucionarias hasta que conoce a Delphine y todo cambia. El guión es contundente con su relato pro-homosexualidad y la artística lo sostiene a la perfección pero hasta aquí no encontramos nada nuevo. Películas de género LGBT como Lost and Delirious (2001) y Better Than Chocolate (1999) ya hondaban en estas cuestiones.

Sin embargo, la historia encuentra un elemento que la hace única dentro del género: el 20% restante del relato juega con el concepto del tiempo. Apunta al público adulto y hace hincapié en el presente, en el “aquí y ahora”, sin importar qué sucederá cuando la verdad (o las revelaciones) salgan a la luz. Así, pareciera sugerirle al espectador que valore el poder de la toma de decisión individual, haciéndose cargo de la misma sin que el entorno social lo influencie porque, cual metáfora, “el tren no pasa dos veces” y si se elije equívocamente -a veces- puede ser demasiado tarde para revertir el destino. En esta sintonía de espacio/ tiempo, acompañada por una fotografía maravillosa, la directora abre diversos frentes y con ellos múltiples preguntas en función a la dificultar para definir al afecto. ¿El amor se piensa o se siente? ¿Si el mandato social no lo aprueba, hasta dónde uno puede llegar? ¿Pesa más la felicidad personal que la familia?

Así Tiempo de Revelaciones logra su cometido gracias a las excelentes actuaciones de las protagonistas y puede verse a las claras, con cierto optimismo, que la sociedad en buena hora avanzó en cuestiones socioculturales. No obstante, faltó jugar un poco más con la construcción del guión y los personajes. Sobre todo porque se trabaja sobre un contexto donde la pasión que movilizó a las mujeres a luchar hasta el cansancio por sus derechos en los años 60 y 70 fue mucho más que un simple acto de rebeldía. La directora trabaja esa militancia mediante excesivas escenas eróticas lésbicas, pero hay mucha más tela por cortar para no caer en el trillado amorío entre mundos paralelos al estilo Diario de una Pasión (The Notebook, 2004).

calificacion_3

Por Luciana Calbosa

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