A Sala Llena

Tócala de nuevo Sam…

Si yo fuera algo así como una fanática, diría que el cine es la fuente de casi todas las ideas del mundo, desde mediados del siglo XX, hasta el advenimiento de internet. Aún cuando esta afirmación además de fundamentalista e incorrecta es absolutamente ridícula, no puedo más que pensar, en la sarta de ideas que yo misma tuve desde que era una soberana imberbe hasta la fecha, gracias a las toneladas de celuloide que consumí aún en mi más tierna edad.  Muchas, centenares, miles…,algunas de verdad “peculiares” (como el hecho de creerme extraterrestre como hasta los quince años), otras más mundanas (cortarme el pelo muy, muy cortito sin tener del todo la estructura ósea adecuada para hacerlo) y la más importante de todas, del tipo más bien definitorio: hacerme cineasta y tratar de abrirme camino con eso, pese a todas las dificultades, frustraciones y trastornos que acarrea. 

Si, para mi es indudable, que hay pocos instrumentos más efectivos para sembrar una idea en la cabeza de las personas que una película. Pero de eso hemos hablado ya más de una vez en esta columna y, en realidad, a lo que voy  es a otra cosa. Es verdad que muchas veces salimos de la sala de cine creyendo algo diferente, con la cabeza volada, con una perspectiva distinta o nueva de la vida. Pero la realidad es que, la mayoría de las ocasiones, lo que nos sucede es más bien emocional, no mental ni intelectual o espiritual, sino lisa y llanamente emotivo, sentimental. Hemos salido de ver un film con los mocos colgando, llorando a lágrima viva, muertos de amor o de tristeza, llenos de angustia o de alegría, sin saber muy bien qué elemento de la película señalar como el detonante real de tal estado de alteración anímica.  De hecho, hay películas que hemos olvidado pero que, de alguna manera se las ingenian para volver a nosotros asumiendo otra forma, sembrando nuevas ideas que parecen provenir de la nada pero que, de hecho, nacen de ellas.  Estos films, legendarios algunos, olvidables otros, una vez que se fueron de tus ojos y de tu mente, vuelven de manera arrolladora a encarnar inequívocamente, convertidos en música.

Todos hemos imaginado alguna vez, que nuestra propia vida tiene banda sonora. La hemos construido en nuestras cabezas, durante momentos muy particulares y hemos reaccionado a su ritmo, llevándonos todo el dramatismo puesto. No se hagan los giles… ¿Quién no ha escuchado algún ochentero criminal mientras chapaba de manera salvaje, en algún descampadito perdido entre yuyos y luciérnagas?.

Hoy he decidido, rendir un homenaje sentido, a esas pelis que nos marcaron las orejas para siempre. Esas que son imposibles de olvidar, porque suenan en nuestro corazón de manera portentosa e incansable. Y, como es casi seguro que todos asociamos alguna canción con momentos  especiales de nuestra vida, los invito también a ustedes a compartir su anecdotario personal, señalando bandas sonoras que les hayan partido el marote.  Quiero que le pongan onda, pasión y compromiso y que se despachen con tutti. La verdad es agradecida, pero no requerida especialmente. Después de todo, acá lo importante es entretener al ilustrísimo público y volarle la peluca.

Voy a arrancar con una saga que, creo fervientemente, nos pone a todos la piel de gallina. No hay persona en el mundo quien, al son de estos compases, no sufra la tentación irrefrenable de ponerse a tirar piñas, o de correr, o de levantar pesas o, mejor, de hacer una seguidilla mortal de abdominales imposibles. Yo particularmente, la uso para infringirme valor antes de subirme a la cinta a poner a laburar el bobo y arrancar con la rutina de ejercicios que, de otra manera, se me volverían insoportables. Estoy hablando nada menos que de la banda sonora de Rocky  y, especialmente, del track  “Gonna Fly Now” (Voy  a volar Ahora) de Bill Conti, que te  para uno por uno los pelitos de la nuca y que te hace sentir invencible mientras  transpirás copiosamente tratando de bajar tus niveles de colesterol. El tema se estrenó junto con la película, en el año 1976, fue nominado a un premio de la Academia y se grabó a fuego en la cultura americana. Hoy por hoy, no hay evento deportivo en el que no suene y no hay montaje de entrenamiento que no acompañe. Piensen un poco: ¿quién no ha corrido aunque fuera una cuadra con esta canción en la cabeza o en los labios, tirándoselas de “musculo de acero”? Es un tema que suena a esperanza, a fuerza, a valor, a oportunidad y te deja calentito, calentito, listo para salir a morfarte el mundo.  ¡No hay kilo que sobreviva a una semana de caminata con este ritmo envalentonado y febril! Háganme caso, si quieren una silueta inmaculada (como la mía jeje), enchufen a dos veinte este temón y lárguense a sudar la gota gorda como alma que lleva el diablo. Es de verdad vivificante y, si quieren, cuando terminen, pueden rematarla con un ¡Adrianne! , para bajar el fierro. ¡Infalible!

Pasemos ahora al tiempo del relax, de la copa de vinito, del besito, de la manito, de la ropita en el suelito y la chanchada. Hay una canción que, para ese momento, viene como anillo al dedo y se lleva todos los aplausos. También se la debemos a una de esas pochocleras “come cabeza”, que dejaron a más de uno con los ojos cruzados. La escena era de amor y era muuuyyy romántica (tanto que hasta caía en la grasada) pero igualmente inolvidable y querida. ¿Quién no se subió a la moto alguna vez con “Quítame la respiración”, el tema archiconocido y archiparodiado de la legendaria Top Gun?  Grabado por el grupo Berlín y escrito por  Giorgio Moroder y Tom Whitlock, se estrenó en 1986 y éste sí se gano un Premio de la Academia (chupate esa mandarina). ¡Vamos! No me vengan con que no se acuerdan o con que curten otro estilo, porque nadie pero nadie se olvidó jamás de Tom Cruise y sus abdominales súper desarrollados a falta de una cintura y unos diez centímetros más de altura.  De hecho, Kelly McGillis tuvo que filmar la primera toma de la secuencia erótica, parada contra la pared con sus piernitas abiertas, para que el pobre Maverick no quedara petisón a su lado. El resultado es de verdad perturbador, pero…  Esta canción ha sonado en cuanto encueve romántico se ha producido entre fines de los ochenta y  fines de los noventa. Prácticamente una década fornicando con el aliento de Tom en la nuca. No es poco señores eh, solo por eso tiene más que merecido su preciado Oscar.

Si de llorar por amor se trata, hay una película mítica, cuyo tema principal le sacó lágrimas al más pintado. Si la cosa viene de amor perdido sea por la razón que fuere, si o si, tenés que recurrir a la fábrica de llanto más efectiva jamás grabada y filmada: Love Story.  Considerada una de las películas más románticas de todos los tiempos “Historia de Amor” se estrenó en 1970 arrollando con la taquilla en casi todo el mundo y contra todo pronóstico. El tema principal, de Francis Lai, sonó hasta el hartazgo en cuanto eventito golpe bajo hubiere pero, a la hora de derramar una lágrima por  amor, es absolutamente insuperable. Si a eso le agregamos que ya todos sabemos el final de la película, más todavía. No deja títere con cabeza. Es hora de agarrar la botella y zampársela hasta el fondo porque de esto no hay retorno. Los ojos quedan enrojecidos y doloridos de tanto drama y tanta tragedia. Si tu novio te dejó o tuvo la mala idea de morirse, ésta es tu canción, no lo dudes. Vas a tener que llamar una ambulancia para que vengan a darte suero. Más de uno ha corrido a los brazos de algún amante, escuchando el clímax de este tema al mango sonando en su cabecita. Nada mejor para fundirse en un abrazo y entregarse al frenesí del sufrimiento. Eso sí, mucho cuidado, porque después de varias veces de escucharlo, te agarra el coraje y terminás llamando por teléfono para que te den el olivo otra vez. Hay que manejarlo con astucia. Es solo para entendidos.

Por supuesto, estos son tres pobres ejemplos de millares de films que viven en el alma de la gente. Las Bandas Originales del cine han tenido, desde el sonoro, un papel casi tan preponderante como la línea argumental, a la hora de definir la capacidad de un film para quedarse en el corazón de la gente. Nadie podrá olvidarse jamás de Carrozas de Fuego con aquella obra de arte de Vangelis,  de Flashdance,  de La Misión (compuesta por el genial Ennio Morricone), de Tiburón (nadando en el mar es casi imposible sacársela de la cabeza), de 9 1/2 Semanas, de Rápida y Mortal, o de Los Siete Magníficos Muchos títulos que hicieron historia y sobreviven, algunos, casi enteramente gracias a su música.

Dreamgirls, Lluvia Negra, Sobreviviendo, Fiebre de Sábado por la Noche (tema ideal para fanfarronear por la calle, caminando de manera canchera y sobrando a los demás) Philadelphia, Drácula, El Profesional, Los Aventureros…

Recuerdo que una tarde de lluvia, inolvidable, hice el amor durante horas al son de la banda original de África Mía.   Nunca voy a olvidarme de ese día y cada vez que escucho alguno de los temas, me remonto lejos,  a un lugar enamorado y tibio que me llena el alma de calor.

Por supuesto, si se trata de atacar Vietnam  o de violar sin culpa las fronteras de un país para asesinar a un líder terrorista sin juicio previo, la elección perfecta es: La Cabalgata de las Valkirias. Una dosis inyectable y sos una máquina de matar.

¡Saludos amigos y espero sus anécdotas!

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