A Sala Llena

Trash: Desechos y Esperanza (Trash)

(Reino Unido/ Brasil, 2014)

Dirección: Stephen Daldry. Guión: Richard Curtis. Elenco: Rickson Tevez, Eduardo Luis, Gabriel Weinstein, Wagner Moura, Selton Mello, André Ramiro, Martin Sheen, Rooney Mara. Producción: Tim Bevan, Eric Fellner y Kris Thykier. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 114 minutos.

El sedimento de la miseria.

Tanto un exploitation de la pobreza tercermundista como una película militante orientada a la denuncia de la descomposición moral por detrás de determinadas estructuras de poder, Trash: Desechos y Esperanza (Trash, 2014) es por lejos el mejor opus de Stephen Daldry, un realizador que ha dedicado casi toda su carrera a entregar “obras de salón” relativamente eficaces aunque desparejas y por momentos marchitas. Ya sea que hablemos de Billy Elliot (2000), Las Horas (The Hours, 2002), El Lector (The Reader, 2008) o Tan Fuerte & Tan Cerca (Extremely Loud & Incredibly Close, 2011), quizás la peor del lote, el británico hasta la fecha parecía estar empeñado en respetar a rajatabla el canon de las trabajos oscarizables.

La propuesta en cuestión viene a trastocar la balanza del tradicionalismo gracias a que su ímpetu naturalista y un furor narrativo sin igual compensan la falta de convicción de antaño, construyendo un film sensato que se destaca por sobre un entorno cinematográfico mainstream en donde priman la levedad, el automatismo formal y una celebración cada vez más explícita de la disgregación comunal, esa utopía de carácter mezquino que tanto ensalzan los diletantes del mercado y/ o las finanzas. De hecho, la historia nos ofrece una suerte de “equipo protagónico” conformado por Raphael (Rickson Tevez), Gardo (Eduardo Luis) y Rata (Gabriel Weinstein), tres niños que subsisten en un gigantesco basural carioca.

Dejando de lado toda vinculación con la arquitectura arty abstracta y eligiendo en cambio la mugre displicente de Slumdog Millionaire (2008), pero sin la estética videoclipera y aquella profusión de golpes bajos, el convite adopta una premisa centrada en una “búsqueda del tesoro” que comienza con el descubrimiento por parte de los pequeños de una billetera, lo que eventualmente los llevará a una serie de pistas que su dueño ha desperdigado con el fin de ocultar la faena a ojos de un alcalde corrupto y sus esbirros de la policía. El mayor mérito de Trash: Desechos y Esperanza radica en la inteligencia con la que administra los resortes de la epopeya de aventuras más clasicista, sin vacilaciones ni contramarchas de por medio.

Así como los residuos de la metrópoli pasan a engrosar el sedimento de la miseria, la obra no teme trazar una segunda analogía -muchísimo más dolorosa y de alcance cosmopolita- relacionada con las jerarquías políticas de turno, la complicidad del aparato represivo estatal y una brutalidad que recorre transversalmente a naciones que suelen fetichizar a la violencia y el odio más gratuito. En esta ocasión Daldry aprovecha al máximo el guión de Richard Curtis (se pondera al portugués como idioma principal) y se luce dirigiendo de manera prodigiosa al trío infantil (los jóvenes se comportan como tales, no como adultos). La fe y el socialismo de los suburbios vuelven a estar al servicio del núcleo neorrealista…

calificacion_4

Por Emiliano Fernández

 

La maldición del éxito en el cine.

Si tenemos en cuenta que una película es en parte el contexto en el que fue creada, su director juega un gran papel a la hora de analizarla. No es lo mismo hacer una reseña de una ópera prima de un realizador desconocido que escribir una nota sobre la nueva obra de ni más ni menos que el director de películas brillantes como Billy Elliot y Las Horas. Ninguna bendición es tan maldita como la de tener en el currículum películas ganadoras de premios, éxitos de taquilla o deleites de los críticos. Sucede que ahora, cada película nueva que salga de Stephen Daldry, será “la nueva del de Billy Elliotpara la gran mayoría.

Pues bien, la nueva del de Billy Elliot es Trash: Desechos y Esperanza. La película sigue las aventuras de tres niños en una favela brasileña ubicada cerca de un basurero, cuyas sobras revuelven todos los días en busca de comida y cosas de valor. Cuando Raphael encuentra una billetera que poco después la policía comenzará a buscar con un fervor sospechoso, él y sus amigos Gardo y Rato se ven envueltos en un juego de política y corrupción que parece superarlos. Aparece entonces, a raíz de esta suerte de búsqueda del tesoro que emprenden siguiendo las pistas encontradas en la billetera, un juego de gato y ratón que mantiene al espectador siempre alerta. Las actuaciones de los niños son tan enternecedoras como atrapantes, y el ritmo de la película descansa solo para recordarle a uno que hay mucho más detrás de esta búsqueda que una mera aventura infantil.

Y es que la película lidia con temas actuales de forma sutil, sin regocijarse demasiado en el morbo que a tantos atrae. Nos encontramos con situaciones brutales de maltrato policial, con infinitas instancias de corrupción, con la impotencia que genera un aparato estatal en el que nada es justo y del que es imposible huir. Este es un gran mérito de Trash: el de ser considerada para con el contexto en el que decidió situarse, y el de contar con dolorosa exactitud una realidad cercana a través de su ficción. Sin embargo, en el proceso de contar las miserias de Brasil, Daldry dejó de lado los matices que podría haber utilizado para hacerlo. Como gran parte de las películas de aventuras, hay un bueno y un malo muy claramente delimitados. Hay un objetivo que, una vez cumplido, promete arreglar sin más las vidas del trío protagonista. Hay un final bastante decepcionante por simplista, y una lógica poco compleja en toda la película en general.

Aquí entra en juego lo mencionado previamente sobre la filmografía de Daldry: es difícil dejarle pasar una falla como el simplismo a un director que sabemos apto para hablar de roles de género de una forma tan inteligente y maravillosa como hace en Billy Elliot, y para hablar de feminismo trazando las vidas de tres mujeres que se ven atravesadas por el mismo libro en Las Horas. Trash no está mal, pero uno simplemente espera más de su realizador. Sus éxitos acaban de jugarle en contra cuando el espectador recuerda la genialidad de la que es capaz, y nota que su última película no está cerca de alcanzarla.

calificacion_3

Por Verónica Stewart

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