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CRÍTICAS - CINE

Vainilla

¿COSA DE MUJERES?

Vainilla de la debutante Valeria Rowinski, es una comedia sobre el despertar sexual y la liberación del género femenino, visto desde el prisma de una treintañera llamada Alma que sospecha jamás haber experimentado un orgasmo en su vida. Ambos temas, muy a menudo citados en películas/series/libros/música con contenido feminista, acá se estrellan literalmente uno con el otro por lo intrascendente que se vuelve el tema y peor aún, la construcción de la obra en sí. 

El film parece, desde el momento cero en que arranca, querer contarnos algo específico, unívoco, sin intenciones de poder resolver la cuestión mediante la representación. Para ilustrar ésto sólo basta arremeter con todos los clichés habidos y por haber, llevados cientos, miles de veces ya por un cine que, más en estos tiempos, luce agotado y sin mucho para decir.

Vainilla así apelotona ideas gastadas dentro de su contexto o agenda política a la quiere apuntar: el ex novio violento, los amantes de una noche que no la satisfacen y que, mediante un recurso que reitera la apuesta, una y otra vez, sólo apunta a la mirada misándrica de que ningún hombre parece saber hacer eso que (parece) ser la única cosa importante dentro del discurso de la obra, la aparición de un dildo como elemento “liberador” del género masculino, sin el menor interés por darle en la diégesis un apartado simbólico y así. Más allá de esta cuestión y otras (para qué dilatar más el tema) la película ni siquiera sabe resolver aquello mediante su proceder estético. La chatura técnica a la que responde, en donde las charlas entre amigas se resuelven con un petrificado plano que sirve para encuadrar a dos personas sin intentar darle dinámica a su construcción, no ayuda en lo más mínimo y cae estrepitosamente en un tedio que apenas se sostiene por algunas actuaciones inspiradas (principalmente de alguna de las amigas de la protagonista). 

El film ni siquiera encuentra en el sexo un atisbo de trascendencia espiritual, como para profundizar en un tema que de tocarse de manera más profunda, inteligente, interesante se hubiera posado sobre (si se quiere, vamos a divagar sobre ello) el relato Artúrico y la búsqueda incesante del Santo Grial de Jesucristo. El mito lo que hace es profundizar, de forma simbólica, sobre la génesis poética de su precedencia. Como para tratar de ayudar a tener un constructo (que claramente brilla por su ausencia) y alternar en alguna representación. El tema central (sexo) parece acá un loop en estado automático que no genera un in crescendo que magnífica su cuestionamiento y exploración como para abrir una reflexión. Es, como lo demuestra desde el principio, una película que sólo cree que las mujeres se deben liberar (¡ni un acercamiento tímido a la alegoría de las cavernas de Platón!) mediante el sexo y emanciparse así del género masculino casi (casi, no sea que lo malinterpreten) en su totalidad. Acá el discurso o el “qué” parece importar más que el “cómo”, por lo que se vuelve un panfleto sin más, de los que podemos leer en Google en cualquier foro relacionado al feminismo de hoy en día. Quieren ver una oda al feminismo o la liberación del género bien contada, representada, además de divertida, entretenida y emocionante sin caer en la literalidad? Vean la hermosa Whip It (2008) de Drew Barrymore, en donde el universo de la mujer se abre paso con ímpetu pero sin segregaciones tajantes y cargada de símbolos que nos obligan a nosotros, espectadores, a pensar, reflexionar y  en consecuencia, participar. O la muy lograda película de terror Jennifer´s Body (2009) de la directora Karyn Kusama, en donde lo fantástico es representación (así como reflexión) del género femenino y su liberación. Ejemplos hay muchos en el cine actual. 

Para restarle méritos podemos citar a Shortbus (2006) de John Cameron Mitchell como una película que contó exactamente lo mismo hace bastante tiempo ya, sin mayores méritos tampoco (un espantoso final definido por una alegoría tan grosera como ridícula). 

Pese a los resultados es una película indefensa, es decir, no le hace daño a nadie. Sólo que las malas decisiones narrativas y estéticas le restan muchísimo como para salvarla de un hundimiento seguro. Eso sí, se agradece su corta duración en una época donde mucho cine se vuelve un plomo asegurado de tres (hasta más) horas. 

(Argentina, 2022)

Guion, dirección: Valeria Rowinski. Elenco: Adrián Cabral, Daniel Oscar Casas, Lucas D’Amario, Victoria Trillo Suarez. Producción: Maximiliano Zurraco. Duración: 62 minutos.

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