A Sala Llena

Vuelo Especial

Vuelo Especial, Fernand Melgar, Suiza, 2011

Es sabido que Suiza es uno de los países –sino EL país- con el estándar de calidad de vida más alto del mundo. ¿Ah sí? Veamos cuánta verdad hay en esto.

Suiza tiene una significativa población de extranjeros que han migrado durante los últimos 20 años, escapando de sus países nativos (principalmente ciudadanos africanos) por motivos de supervivencia, ya fuera porque su país estaba en guerra o porque no podían sobrevivir en él. En la actualidad, hay un total de 150.000 indocumentados en Suiza, muchos de los cuales llevan viviendo más de 20 años en dicho territorio, en el que han conformado una familia y han sido parte del sistema, contribuyendo con trabajo, pago de impuestos, jubilación, obra social, etc. En determinado momento, y sin ninguna razón aparente, estas personas son apresadas en centros de detención, en los que aguardan largos meses hasta finalmente conocer su destino último.

Tras haber sido suspendidos durante un año a raíz de la muerte de un ciudadano nigeriano, los “vuelos especiales” son la peor amenaza para estos hombres que deben pasar hasta 2 años en estos establecimientos, solo para aguardar el día en que les llegue el turno de embarcar en alguno de estos vuelos que los llevará casi sin escalas a su antiguo “hogar”, teniendo que dejar a sus familias y toda una vida constituida en territorio suizo. Sobre esto se centra el documental de Melgar -él mismo un inmigrante de Suiza-. Y de todos los documentales que vi en mi vida, este es, sin lugar a dudas, el más poderoso, no solo por la temática que trata sino por la forma en la que Melgar decide contar esta historia. Seis individuos cuentan su verdad, comparten con la cámara su dolor más allá de toda comprensión, su desahucia, su desesperación, y también su alegría ante breves eventos como ver a la familia un rato, componer y cantar una canción, o compartir una comida con los compañeros, que aguardan todos juntos en esta antesala del infierno. Como contracara, tenemos a los guardias que, enmascarados bajo un velo de condescendencia y supuesta comprensión, hacen cumplir las sentencias más terribles, pero siempre dentro de un marco de extrema cordialidad y hasta afecto, raramente visto en personal de seguridad de un centro de detención. Muy hábilmente, Melgar pone de manifiesto este discurso y accionar tendenciosos y sumamente peligrosos del personal. Sin embargo, los “indocumentados” -padres de familia, trabajadores, decentes y honestos- jamás despliegan violencia ni agresión contra las autoridades, sino una profunda y conmovedora tristeza. Creo que hay pocas cosas tan impactantes como ver el rostro de la desesperación, la impotencia y, finalmente, la resignación ante lo más difícil que un ser humano debe enfrentar. Y, en este sentido, Melgar retrata estas sensaciones magistralmente. No hay golpes bajos en este documental, no hay música incidental que induzca a las lágrimas, solo la representación cruda y brutal de la realidad, de esos hombres inocentes desahuciados, que esperan, atrapados y privados de su libertad, el temido Vuelo Especial.

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