A Sala Llena

X FIBA : The Blind Poet

Autor: Jan Lauwers. Compañía: Needcompany. Diseño de escenografía: Jan Lauwers. Dirección musical: Maarten Seghers. Diseño de iluminación: Marjolein Demey y Jan Lauwers. Diseño de sonido: Ditten Lerooij. Diseño de vestuario: Lot Lemm (Vestuario: Mohamed de Bachirbin Ahmed bin Rhaïem El Toukabri). Producción: Needcompany. Coproducción: Kunstenfestivaldesarts, KunstfestspieleHerrenhausen, FIBA, KünstlerhausMousonturm. Con el apoyo de las autoridades de Flandes. Prensa: Pablo medina.

Quién puede “estar o no estar”.

Estrenada a principios de este año y en colaboración con el compositor Maarten Seghers, esta obra es el último trabajo de Jan Lauwers, director vanguardista cuya compañía “Needcompany”, fundada junto a la coreógrafa Grace Ellen Barkey, es conocida por innovadora y multiilingüe, y por lo cosmopolita de su elenco que abarca 16 nacionalidades.

La temática abordada es política, relacionada a la inmigración y la diversidad de nacionalidades reinantes en cada ciudad de la Europa de hoy. Muestra como la globalización ofrece un mundo unido pero destroza identidades, lo que inevitablemente desune a los pueblos a partir de la generación de imposiciones de unos a otros.

El título hace referencia al trabajo de Abu al- ‘Ala’ Al-Ma ‘arrī, un poeta árabe ciego de los siglos X y XI que relata tiempos en los que las cosas eran distintas en relación al poder. Como por ejemplo el hecho de  que las mujeres tenían altos cargos o que no existían creencias religiosas que pretendieran imponerse a las masas. The blind poet nos hace reflexionar sobre cuál es, en realidad, la verdad de lo que nos cuenta la historia. O cuál verdad de la historia, es la que se cuenta.

Reflexión sabia y sana, con una ideología ética importante pero además el teatro es la puesta en escena de una idea.Nuestra puesta en escena da inicio con una actriz que sube al escenario vacío vestida de india, en tonos llamativos y brillantes, y se presenta diciendo su nombre una y otra vez a lo largo de unos 7 minutos, azuzada por sus compañeros ataviados con algo similar al vestuario de las murgas. Parece interesante que por momentos se siente orgullosa de su identidad y por momentos angustiada. Pero esta poética se cae a continuación, en un monólogo sobre su origen en tónica humorística, que explica las extrañas conexiones que la conforman (una belga, una africana, una esclavista, una china.) El texto es inteligente pero genera una nueva propuesta de estética que destroza la anterior.

Todo el desarrollo de la obra se da a través de la presentación de diferentes personajes con nacionalidades y lenguas distintas que describen su árbol genealógico. Y cómo en algunos casos, las historias se remontan a mucha antigüedad, lo que le permite al texto viajar a un pasado europeo lejano, para intentar comprender el presente del viejo continente.

Según explica el mismo director, los actores narran sus propios orígenes pero con el desafío de no ser ellos mismos “sino convertirse en el espejo de sí mismos”. Es quizá por esto que el texto no posee una estructura dramatúrgica que sostenga la obra, que termina siendo una seguidilla de presentaciones sin principio, desarrollo ni final, a la que le cuesta emocionar. Ayuda a ello el rompimiento continuo de la cuarta pared – por ejemplo por una llamada telefónica por la que el personaje le dice al público “si le da un momento” – y que el texto rebalsa de un humor cínico, compuesto de una extraña mezcla entre ególatra e inocente.

La escenografía, al principio es la vacuidad con pequeños efectos especiales, como una máquina de humo portátil, hasta que una estructura de hierro con la forma de sube-baja, hace su aparición sosteniendo a un caballo (que parece muerto o enfermo) muy bien realizado. La imagen, fuertemente poética, paraliza a la sala pero el dispositivo está allí sólo para que uno de los personajes narre su historia con su linaje de herreros. Posteriormente dos torres gigantes que rememoran monumentos egipcios, a la vez que el significante de un hombre y una mujer, pelearán algunos momentos con espadas metálicas. Y por último un gigantesco inflable gris con aspecto de pulpo extraterrestre se desliza para desinflarse, sin haber generado mayores consecuencias que el que alguien se meta adentro y mover una sola de sus patas, levemente. La intención de vanguardia en el escenario queda clara pero no su intención de acción sobre el espectador.

Es destacable, sin embargo, la actuación pasional y bastante orgánica, como parte del juego de la transparencia interpretativa que pone en jaque la “actuación” y la “performance”.

Una ética profunda y momentos visuales de gran poesía escénica pero con la carencia de un texto dramático con una estructura que sostenga el espectáculo, que pone a esta obra en un lugar endeble en el que no debería estar, para poder estar.

Funciones: Jueves 24, a las 20 hs; viernes 25, a las 19 hs y sábado 26 a las 18 hs.

Teatro: San Martín: Av. Corrientes 1530.

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Por Natasha Ivannova

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