A Sala Llena

127 Horas, Según Cecilia Martinez

Between a Rock and a Hard Place.

Hay tres palabras que definen esta película: montaje, música y James Franco (serían 4 pero vamos a tomar a James Franco como una hermosa unidad semántica y morfológica).

Montaje

Esta es, sin lugar a dudas, una película de montaje. Cuando salimos de la Avant Premier que organizamos con la página, uno de mis colegas, Carlos Rey (quien hizo una crítica muy interesante), dijo algo así como “este es el verdadero artificio del cine”, o sea, cómo mantenernos frente a la pantalla durante una hora y media viendo a un flaco que queda atorado entre una roca y una pared. Esa es la magia del cine. Y estoy de acuerdo. Porque Danny Boyle se vale de recursos increíbles para lograr eso en el espectador. Al principio, una serie de video clips; luego una serie de montajes vertiginosos de Aron Ralston mientras se prepara para partir y mientras se dirige en auto y después en bicicleta hacia el cañón de Utah. Una vez que Aron está atrapado, la cámara va cambiando de posición para captar a Aron y para captar el diminuto lugar en el que se encuentra. Intercalados, hay varios flashbacks y algunos flashforwards, a partir de los cuales derivamos cierta información sobre la vida de este joven aficionado a los deportes extremos: una relación amorosa, su familia, su pasado. Mediante estos flashbacks, Aron realiza cierta introspección y se empieza a cuestionar algunas cosas de su existencia, principalmente el sentido de su vida y el sentido de los afectos, la familia, la pareja. En los flashforwards imagina situaciones que él tiene la certeza de que van a ocurrir y, en una escena muy linda, se ve a sí mismo como padre y eso es una gran motivación para que su historia termine como termina. Por momentos, el montaje también sirve como recurso para explorar ciertas alucinaciones o estados oníricos de Aron. O sea, casi toda la película es un trabajo de montaje brillante y vertiginoso.

Música

Gran banda de sonido, impecable, a cargo de A. R. Rahman. Cada pieza musical converge de manera perfecta con cada escena del film. Desde la música frenética del principio, que calza impecablemente con el montaje inicial, hasta la música esperanzadora del final, pasando por la que acompaña cada uno de los flashbacks y las melodías más lúgubres en los momentos más dramáticos. Pero para mí, la escena más hermosa de toda la película es la escena en la que Aron ve a su hermana mientras toca el piano, en su casa, con sus padres, y después la vuelve a ver, de grande, vestida de novia, y recuerda que para su casamiento ellos tocarían juntos y ahí la ve de nuevo, en una imagen como superpuesta, mientras ella interpreta Nocturno Nº 2 en Mi Bemol y él murmura “Way to go, sis”; esa escena me hizo saltar las lágrimas, quizá porque amo los Nocturnos de Chopin, quizá porque en ella se ve la desahucia, la resignación del personaje y la inevitabilidad de su supuesto final en ese momento. Una escena que quedará grabada en mi retina para siempre.

James Franco

Realmente quedé sumamente perpleja ante la actuación de Franco. Hay una escena en la que fantasea con una especie de talk show en el que se entrevista a sí mismo; la mayoría de las personas con las que hablé me dijeron que no les gustó esa escena, que les pareció forzada y descolgada; para mí, es una escena muy poderosa; hay un desdoblamiento sumamente interesante del personaje, una reflexión terrible y desesperante mediante el humor y el sarcasmo. A medida que avanza la secuencia, el rostro de Franco se va transformando hasta quedar con la mirada fija en la nada, reflexionando sobre qué cosas hizo en su vida, qué cosas no hizo, y las consecuencias de ello. La escena de la amputación la vi a medias. Era demasiado realista como para no revolverme las tripas, pero traté, aunque sea por breves instantes, de mirarlo a él, las expresiones de la cara, y sí, James Franco deleita a cada instante con su actuación soberbia. Si bien esta película tiene todo el artificio que la hace ser lo que es y que allana el terreno para cualquier interpretación, James Franco igual la rompe.

Cuando salimos de la sala estábamos todos muy abatidos, y se veía en nuestros rostros una mezcla de fascinación, asombro, incredulidad y extrañeza. Danny Boyle innegablemente logra una obra fascinante y poderosa. Hay algo en el final que me molesta un poco, esta cosa de mostrar al personaje y todos sus logros, como en un pseudo mensaje moralizante estilo “no importa las adversidades que la vida te presente, debes dar batalla y seguir adelante”. Si bien la historia es una historia real, esperaba otro final, quizá no tan grandilocuente y más en sintonía con lo que había visto antes.

De todas formas, es una gran película.

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