A Sala Llena

127 Horas, Según Edith Guerrero

Es esperanzador para un estudiante de cine ver que no siempre se tiene que contar una historia en la que existen muchísimos escenarios y cualquier cantidad de situaciones para llegar a tener un film que realmente valga la pena. Pues bien, en 127 Horas, Danny Boyle nos muestra una situación  (y vaya situación) que se convierte en historia. Los sucesos están sacados de las reales 127 horas que vivió Ralston, donde “cada segundo cuenta”, según lo que dice el cartel promocional del film.

Aron Ralston (James Franco), protagonista de la película, se muestra como un hombre adicto a los deportes extremos, sin un ápice del concepto precaución o cuidado, o por lo menos eso es lo que se nos muestra entre líneas, donde el suceso central de la historia se intuye y se vuelve previsible, pero esa previsibilidad, apostada al mejor estilo  visual de Boyle, hace que lo más común y corriente se convierta en un episodio cotidiano visualmente emocionante.

Es difícil tratar de encasillar en un género un film donde están en juego el drama y la acción, donde el transcurso de las horas (en la historia) son en un mismo lugar y en una misma situación; pero Boyle lo hace posible gracias a los intrépidos planos y la excelente edición como pantalla partida en tres, primeros planos que de repente, por zoom out, se hacen en instantáneos planos generales, cámaras en mano vs. cámaras fijas, visualización de diferentes formatos. Todo esto se va haciendo tan natural porque llenan al relato, le ponen la dosis rítmica y enérgica a la situación tan de vida y muerte que tiene el personaje; no puedo dejar de lado la dual y maleable actuación de James Franco, donde nos lleva de estados de miedo y desesperación a estados de armonía y felicidad, pese a la situación que interpreta.

Este contrastante film que, por un lado nos da a conocer las reflexiones de un hombre que se la juega con la muerte, a tal punto que menoscaba sus miedos y sus sueños, sus recuerdos más gratos y más tristes, sus arrepentimientos y sus anhelos, y por otro lado tenemos un brillante manejo de cámaras, edición rítmica exquisita y una vibrante y atrayente banda sonora de lujo (A. R. Rahman, Dido), hacen que el espectador se sienta aún más atrapado en la historia, atrapado como su protagonista, donde poco a poco, nos vamos metiendo hasta la médula del personaje, a tal punto de sentir en vello propio la solución final, morir o….

Boyle, una vez más, se posiciona como un director con estilo propio, donde muestra con sagacidad, en hora y media, las 127 horas de un hombre que lucha entre vivir o morir o, como lo diría él mismo en palabras muy sencillas, “un film de acción con un chico que no se puede mover”.  Sencillas o no, sigo siendo admiradora de tus Films (con excepción de La Playa).

Bien merecidas las 6 nominaciones al Oscar. Sigue así Danny. 

 

 

 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

También te puede interesar...