A Sala Llena

1984

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1984

Dirección: Tim Robbins. Adaptación: Michael Gene Sullivan inspirada en la novela de George Orwell. Producción: Allen Moon. Diseño de Luces: Bosco Flanagan. Escenografía: Richard Hoover y Sibyl Wickersheimer. Vestuario: Allison Leach. Diseño Sonoro: David Robbins. Intérpretes: Cameron Dye, Cynthia Ettinger, Chris Schultz, Kaili Hollister, V.J. Foster, Steven M. Porter. Prensa: CTBA.

Juicio al Libre Pensamiento

“Los dos objetivos del partido son conquistar toda la superficie de la Tierra y extinguir de una vez y para siempre la posibilidad de un pensamiento independiente.” George Orwell.

1984, es, sin lugar a dudas, la obra más polémica y crítica que hizo George Orwell hacia la sociedad y los estados totalitarios. Básicamente, demuestra que cualquier tipo de dependencia hacia un pensamiento o ideología lleva a la destrucción del individuo, y por tanto de la sociedad per se.

Adaptada para televisión y cine numerosas veces, realizar una puesta teatral es un riesgo considerable. Sin embargo, Michael Gene Sullivan le dio una vuelta estructural ingeniosa y original, sin por eso modificar el contenido, significado o inclusive las escenas del texto original.

En vez de ser narrada en forma lineal, todo comienza cuando el protagonista, Winston Smith es capturado por los guardias del Gran Hermano, el líder que vigila y controla el destino de Europa, poniendo en vilo a la sociedad con guerras contantes, controlando la información, el pasado, el futuro y el presente. No existe en este futuro alternativo (o pasado alternativo mejor dicho), la libertad de expresión o maneras sentimentales de expresarse con otro seres humanos. El amor se ha oprimido, porque no sirve a la causa del partido y el bien común.

Winston, es juzgado por los representantes del Gran Hermano por las acciones que acontecieron, tras vincularse sentimentalmente con una mujer. De esta forma, la novela de Orwell se reconstruye a través de representaciones que manifiestan los guardias del Gran Hermano y confirmados por el preso en Winston, antes de que entre a la habitación 101.

1984 fue un gran acontecimiento para la cartelera porteña. En primer lugar, inauguró la temporada 2012 del Teatro San Martín. Por otro lado es una obra internacional, estadounidense, representado en su idioma original por The Actor’s Gang, compañía dirigida por el cineasta y actor Tim Robbins, que vino a la Argentina para mostrar esta obra dirigida por él mismo, que venía cosechando innumerables elogios por su país y en el Festival de Teatro de Bogotá.

Lo más potente de esta puesta es la fuerza del texto, y el poder que tienen los intérpretes de recrear imágenes, situaciones, geografías con lujo de detalles, transmitirlas al público, estando rodeados solamente por 6 paneles, que simbolizan una estructura carcelaria.

En la retórica, encuentra Robbins la forma de introducir un cuota de cinismo, aprovechando las contradicciones que genera  el mensaje del Gran Hermano, y del enemigo Goldstein, quien supuestamente, es el líder de la revolución.

La obra transmite una frialdad temible, y cada una de las censuras y torturas aplicadas al protagonista, no hacen más que afirmar el carácter crítico y verosímil que tiene el texto hoy en día. El método de interrogación bien podría haberse inspirado en los aplicados en la prisión de Guantánamo o Abu Dhabi.

Al mismo tiempo, funciona como una sátira y ridiculización, pero con expectativas de concientización hacia todo gobierno que empiece a tener una política totalitaria, que incluya dictar la forma de hablar, vestir y pensar de los individuos, manipulación informativa, transmisión de las noticias para generar confusión y paranoia.

La puesta en escena es dinámica, especialmente después del intervalo. El primer acto sirve de introducción del personaje, y tanta ida y vuelta temporal, genera un poco de dispersión. Más aún, si tomamos en cuenta que la obra estaba hablada en un inglés muy fluido, comprensible, pero que para sacarnos las dudas, aquellos que controlamos el idioma a medias, teníamos que fijarnos en la pantalla aplicada encima del escenario, y volver a bajar la vista.

Sin embargo, el segundo acto es más dinámico y entretenido, el rompecabezas empieza a cerrar, pero los últimos monólogos sumado a la violencia de las escenas de tortura terminan por abrumando, rompiendo la cabeza al espectador, no porque sea demasiada la información que da, sino por la dureza y contemporaneidad que tiene el mensaje brindado por Orwell.

El elenco es brillante. La química que se genera encima del escenario es poderosa, apoyada, por un diseño sonoro que nos introduce en esta prisión con lujos de detalles, y la iluminación es precisa. Un clima, una atmósfera opresiva es contagiada a la audiencia, una sensación de claustrofobia, incluso, a la hora de tomar la posición del prisionera encerrado por las paredes y rodeado por los agentes.

A pesar de ser una obra internacional de gran envergadura, la puesta es minimalista. Solo 6 personajes en escena, que justificadamente, por momentos, interpretan en las personas que influyeron para que Smith esté preso.

El indagatorio es claramente un inteligente juego psicológico e impredecible, frío, pero a la vez pasional, porque queda claro, que el protagonista se impulsó por amor, y no por seguir una ideología.

Así, como en sus películas, Robbins, sabe como impactar sin necesitar de usar golpes de efecto, sino ir a las acciones precisas, el poder del texto, en su discurso más directo. La tensión crece, aumenta hasta llegar hasta el manifiesto final, que en realidad es el último epílogo que dio el autor cuando se publicó la novela.

Orwell toma una posición neutral para tirarse en contra del capitalismo y del stalinismo. Básicamente, crítica cualquier forma de totalitarismo, que quiera usar como excusa el nombre o ideales de un partido para controlar el planeta. La metáfora de ciencia ficción aplicada a los regimenes fascistas es claro y se puede comparar con otros gobiernos actuales.

La puesta es inteligente, los actores no gesticulan, logran expresarse usando la menor cantidad de expresiones posibles, pero al mismo tiempo, desnudando sus sensibilidades cada vez que deben hacer una representación. Robbins aplica un tratamiento impresionista que se va tornando naturalista en varios segmentos.

Cínica e irónica, crítica y profunda, esta mirada de 1984 es un gran riesgo, pero tambien un ejemplo a seguir, sobre como construir un mundo o universo alrededor de la historia y cada personaje sin apelar a trucos extra escénicos, siendo clásicos a una puesta en escena. Y no digo esto porque sea una mirada extranjera o tenga a un reconocido director cinematográfico detrás del escenario, sino porque realmente se trata de un material excepcional, para reflexionar y discutir, café de por medio en cualquier esquina de Buenos Aires…

Bueno no en cualquiera… siempre hay que prestar atención, de que el Gran Hermano, no esté escuchando.

Teatro: Teatro Nacional General San Martín – Corrientes 1530

Funciones: Se representó los días Jueves 12, Viernes 13 y Sábado 14 de Abril 20:30 Hs

Entrada:  $80 y $110

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