A Sala Llena

4º Funcinema: Films destacados

En Mar del Plata se está desarrollando la 4ª edición del Festival Internacional de Cine de Comedia – Funcinema, que organiza el sitio www.funcinema.com.ar. Todas las proyecciones son con entrada libre y gratuita, hasta agotar la capacidad del Auditorio del Museo MAR.

A continuación, críticas de los films más destacados de la programación.

 

El Hijo de Dios, de Mariano Fernández y Gastón Girod (Argentina, 2015), por Leonardo Gutiérrez

El género os hará libres

“En una época en la que el fútbol atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia, era común encontrar mercenarios dedicados a la compra y venta de niños, que se comerciaban como esclavos a ligas profesionales de las grandes ciudades, dejando el fútbol de los pequeños países a merced de especuladores y oportunistas. En Betania las autoridades ejercían una tiranía futbolística, prohibiendo el fútbol espontáneo e imponiendo la obediencia sistematizada en el juego. Pero un grupo de rebeldes resistía en la clandestinidad entrenando un fútbol libre, con la esperanza de enfrentarlos en el gran partido de Pascuas”.

Éstas son las leyendas que abren El Hijo de Dios (2016). Si cambiáramos “fútbol” por “cine”, “niños” por “películas”, “ligas” por “festivales”, “Betania” por “Argentina” y a los “rebeldes” por jóvenes cineastas, tranquilamente podríamos obtener una idea más cabal de su apuesta, de sus logros y también de esa libertad, trocando el partido de Pascuas por liberar al espectador local del tedio y los prejuicios acerca de qué filmamos. Y entonces, quizás, más que una fábula bíblica, estaríamos habilitados a encontrarnos con otra que apunta al estado del cine nacional.

Si bien para muchos la libertad cinematográfica se encuentra emparentada con el cine “independiente” (cada día con más comillas), los autores o el cine experimental, algo que puede compartirse en ciertos puntos obvios, es un hecho que hasta esto mismo –festivales y críticos mediante- se ha sistematizado y “profesionalizado” a tal extremo, dormido en los laureles de los galardones que se estampan en los afiches, que la verdadera libertad, una casi primigenia, puede encontrarse hoy en el género (y esto incluye a grandes autores, claro).

La profundidad mal entendida, la contemplación vacía, la solemnidad, la búsqueda del “retrato” y, sobre todo, la politización localista vacua y forzada (que en muchísimos casos conducen al miserabilismo for export), se han vuelto casi la fórmula de hoy, el terreno anquilosado -e incluso obligado- de especuladores y obedientes, del cual pocos logran escapar.

En una gigantesca paradoja, y al menos en el ámbito local, hoy el riesgo mayor, la apuesta para directores debutantes suele encontrarse en el género… ni más ni menos que ese “sistema” de fórmulas y códigos que casi siempre es “globalizado”, pero que sentido y logrado con nobleza nos puede seguir resultando encantador. Y más aún: sorprendente. Como en el fútbol (aun con sus reglas, sistemas o tácticas), el género nos permite jugar, con él mismo y para la hinchada. Y jugar lindo, sabiendo que se está jugando.

Ese género puede ser de pura raza o un callejero multigénero -esa cruza tan querible-, que es la que elige El Hijo de Dios para su apuesta y para una búsqueda mayor de libertad, subiendo la vara de ese riesgo al anotar triple punto género (western, deportivo, bíblico, como indica en su mismísimo slogan), liberando entre sus pliegues y peripecias a la fábula, la comedia y el suspenso (mucho y bien logrado), sin resignar una crítica al sistema y al estado de las cosas (en este caso, a través de ese prisma que es el fútbol), pero sin pretenciosidad, sino con una autoconciencia lúdica y honesta, haciendo jueguito con las etiquetas.

Como en toda película-juego, las influencias, citas u homenajes son diversas y (tras)lúcidas, no exclusivas para el crítico o cinéfilo avezado. El relato nos conduce inevitablemente a Fontanarrosa y Dolina, entre otros. Cinematográficamente recuerda con agrado a Leone, Robert Rodríguez, Javier Fesser y sobre todo al gran Stephen Chow, especialmente a su gran Shaolin Soccer (2001), prima millonaria de esta película. Y por supuesto, el gran duelo final (obligatorio en todo western y que acá es 5 contra 5) rememora a la simpática Escape a la Victoria (Victory, 1981), desde el equipo cautivo hasta la indumentaria de los villanos.

Pero El Hijo de Dios no se queda sólo en las influencias o ecos, sino que es a través de ellas, tirando paredes, que va construyendo una bella fábula futbolera, ese deporte al que el cine tanto le debe (al menos en el último medio siglo), embarcándose en una historia mínima que hace justicia por cámara propia y desemboca en la mejor secuencia de futbol en años (acá y afuera, claro), una que, como en toda película deportiva, funciona como meta, pivote y corazón de todo el metraje. Metegol (2013) también lo hacía, y era lo mejor de esa película ultra ambiciosa pero pobre en ingenio, pero El Hijo de Dios -paria en recursos pero pródiga en ideas y simpatía- lo lleva a cabo con mayor nobleza, al llegar a ese climax con mejores toques y menos firuletes.

A esto ayuda el excelente trabajo en fotografía, no sólo dotando a toda la película de grandes planos dignos del mejor spaghetti western en un pueblo bonaerense que bien merecía ese género, sino en las sabias elecciones de esa batalla final, alejado de las publicidades de fútbol y más amigo de la mirada del espectador –a esta altura hincha-, que padece y disfruta desde las butacas-tribunas.

Si siempre hay algo para marcar hasta en las películas más logradas, ésta no es la excepción (alguna actuación secundaria, alguna línea de diálogo de más), aunque cuando uno tiene el privilegio de enterarse acerca del tiempo y el dinero con el que se contó, la película resulta –coherente con su título- un pequeño gran milagro. Pero es lo de menos, claro: las escasas falencias de la película, esos pocos pases mal dados, están opacados por la idea de juego, la táctica arriesgada y el resultado final.

Por todo lo dicho, El Hijo de Dios es de lo mejor que ha dado últimamente el escaso cine de género independiente nacional, una que se alza sobre la tiranía exitista de la taquilla o los festivales, y su factura y entusiasmo merecen ser vistos en una sala. Como siempre ocurre, los tanques industriales –también parte de esas “ligas profesionales”- le ha robado las canchas en sólo un par de semanas, pero bien vale la pena acercarse a esos potreros rebeldes donde seguramente la película seguirá rodando.

Al fin y al cabo, todos somos hinchas del cine, y lo que queremos es que se juegue lindo.

No importa si es en un estadio o en una hermosa canchita de tierra.

calificacion_4

 

 

 

Los Ganadores, de Néstor Frenkel (Argentina, 2016), por Matías Orta

Gracias a documentales como Buscando a Reynolds (2004), Construcción de una Ciudad (2007) y El Gran Simulador (2013), Néstor Frenkel genera una especial expectativa con cada uno de sus documentales. El ojo siempre está puesto en individuos fuera de lo común -incluso si son públicos, tal es el caso de René Lavand en EGS-, y Los Ganadores (2016) no es la excepción.

Premiaciones hay en todas partes, para todos los rubros. ¿Quiénes son las personas que acostumbran a recolectar estatuillas, diplomas y otros elementos que significan una caricia para el esfuerzo? (y, no en pocos casos, para el ego). Tomando como punto de partida los premios acumulados por Jorge Mario -cinéfilo y tema central de Amateur (2011), también de Frenkel-, la película se sumerge en hombres y mujeres que, gracias a programas de radio y de televisión (zonales o del interior) y otros emprendimientos, consiguen juntar una buena cantidad de trofeos. Frenkel se detiene en los conductores de un programa de radio dedicado al tango, que comienzan narrando sus logros, para luego emprender ellos mismos la organización de una ceremonia de premiaciones.

Como es habitual, el director mezcla el seguimiento de las actividades  de los “ganadores” y entrevistas con cada uno, aun cuando algunos manifiesten su incomodidad. El retrato honesto de estas personas, sus pasiones y sus intenciones, no incluye un juicio de valor, de manera que el espectador es quien debe completar el film con la lectura que haga. Este detalle hará que Los Ganadores genere opiniones dispares, pero eso habla de la riqueza de un film que, por sobre todas las cosas, presenta una especie de subcultura que vale la pena descubrir.

calificacion_3

 

 

 

No Sabés con Quién estás Hablando, de Demián Rugna (Argentina, 2016), por Ximena Brennan

Ya desde Malditos Sean! (2011), Demián Rugna demostró su capacidad de llevar al extremo situaciones y personajes. Con No Sabés con Quién estás Hablando (2016) hace lo propio recurriendo convenientemente al humor negro y lo absurdo, sin resignar aspectos técnicos y argumentales.

Juan (Martín Tchira) pasa sus días jugando a la Play y trabajando repartiendo volantes en la calle para un jefe veterano y mafioso (Héctor Bidonde). Su vida no es más que soñar despierto con tener su auto “pistero” y poder correr a altas velocidades. Pero su vida tranquila y rutinaria se verá alterada cuando se cruce con Romano (Germán de Silva), un estafador profesional sin un peso que lo utiliza para satisfacer sus propias necesidades financieras a cualquier precio.

Fresco y desopilante, el último film de Rugna habla acerca de los sueños, pero retrata a la perfección a dos perdedores sin remedio, encarnados por una pareja actoral consistente cuyo trabajo tiene un resultado más que satisfactorio que satiriza un poco a los buddy films. Si bien la película tiene todos los componentes del cine Clase B, por momentos va más allá y se anima a coquetear con la producción a gran escala: persecuciones con autos, balacera, explosiones.

Vertiginosa, fierrera, delirante, lo último del director de The Last Gateaway (2007) seguramente haya sido una muy grata sorpresa en la programación del festival de este año con una sala colmada y con carcajadas estridentes. Como dice el propio Rugna, hay que entenderla y captar su propósito: entretener, distraer, meterse de lleno en la aventura y disfrutarla como es… una gran comedia bizarra.

calificacion_3

 

 

Más sobre el festival y su programación, en www.funcinema.com.ar

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