Hablar de 70 veces 7 implica un viaje que nos lleva de La Biblia hasta la literatura argentina, y de ahí al cine y al teatro. En Mateo 18:22, Jesús le enseña a Pedro: “Perdona no sólo siete veces, sino setenta veces siete!; una manera de decir que el perdón debe ser ilimitado. Esa frase inspiró al escritor Dalmiro Sáenz para su primer libro de cuentos, Setenta veces siete. Publicado en 1956, resultó un éxito y dio pie a una película homónima, dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. El propio Sáenz fue coguionista de esta adaptación de los relatos “El prostíbulo” y “Sur viejo”, que tuvieron en el elenco a Isabel Sarli en uno de sus pocos papeles por fuera de las producciones de Armando Bo. Ahora llega la versión a las tablas, conservando la esencia.
Estamos en una zona portuaria, durante los 60. Una prostituta (Natacha Méndez) pasa sus días en un burdel, segura de sus cualidades, pero con ambiciones de otra vida. La oportunidad se presenta gracias a uno de sus clientes (Daniel Barros), un marinero que comúnmente requiere de sus servicios luego de meses a bordo. Él le ofrece vivir juntos en una casa perdida en medio de la Patagonia, y ella acepta. Parecía ser el inicio de una vida mejor para ella, hasta que las ilusiones se desvanecen entre el tedio de ser una ama de casa, el aislamiento y la delusión; el hombre no logra progresar en su búsqueda de un porvenir mejor para ambos. Entonces llega otro hombre (Pablo Lyonnet) para ayudarlo, y pronto se gana la confianza de la pareja. Sobre todo, de la mujer. Así se conforma un triángulo basado en sus pasiones más íntimas, con las peores consecuencias.
La historia va tomando forma de drama rural con elementos eróticos, para luego revelarse como un thriller en la mejor tradición del noir. Los personajes se dejan llevar por el deseo, tomando decisiones que los sumergen en zonas oscuras (por momentos, literalmente). Aquí resulta clave el trabajo de puesta en escena y la iluminación. Sin embargo, el punto fuerte reside en las actuaciones. Barros (también director) y Lyonnet son muy creíbles como esos hombres rústicos entregados a sus impulsos, pero quien sostiene todo es Méndez. Ella es el cuerpo y el alma de la obra, mediante monólogos, canciones y un dominio del cuerpo. Destila sensualidad en cada uno de sus movimientos, y hasta protagoniza cambios de vestuario que invita a la sugestión, aunque sin perder elegancia y sin salir del personaje. También consigue darle una identidad propia a su interpretación de la mujer, evitando comparaciones con Sarli. Méndez había mostrado esa intensidad en el unipersonal Cleopatra fragmentada.
70 veces 7 presenta erotismo al servicio de la narración, y confirma la vigencia de un texto tan universal como audaz.

Dirección: Daniel Barros. Adaptación: Natacha Mendez. Asistencia en ensayos: Flavio Hidalgo del Castillo. Diseño de iluminación: Flavio Hidalgo Del Castillo. Asistencia general: Yllen Sanchez. Flyer, fotografía y coreografías: Yllen Sanchez. Escenografía: Susana Bonnet. Pistas musicales: Roberto Guiet. Elenco: Natacha Mendez, Daniel Barros, Pablo Lyonnet.
Teatro: Paraje Artesón – Calle Palestina 919 CABA
Funciones: Sábados 22 hs.








