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Cine

El drama (The Drama)

HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE

“Se está intentando hacer un cine que no ofenda a nadie”.

Cristian Bernard, director y docente de cine en el podcast Sucesos Argentinos.

Un tal Charlie (Robert Pattinson) entra una cafetería un día cualquiera y ve a lo lejos a Emma (Zendaya) leyendo un libro mientras escucha música. El joven se siente muy atraído por ella y decide hablarle. Tras unos pequeños traspiés, la película corta a la siguiente escena en la que ya están planeando su casamiento, unos dos años después. Este es el planteo inicial de El drama, el último estreno en cines del noruego Kristoffer Borgli.

El disparador del relato podría resumirse en la siguiente pregunta: ¿Qué carga de culpabilidad se le puede (o debe) adjudicar a una persona que estuvo a punto de cometer un hecho ilícito en el pasado, aunque finalmente no lo haya concretado? Concepto trabajado en películas como Minority Report: Sentencia previa (2002, Steven Spielberg) o Ojos bien cerrados (1999, Stanley Kubrick); crímenes o hechos moralmente reprochables que se suceden en el campo de la fantasía, sin nunca llegar a tener consecuencias concretas salvo en la psique del cuasi-perpetrador. Si consultamos la carrera previa del director, notaremos su tendencia a la exploración de tópicos adyacentes a la actualidad virtual, pero alejándose de la solemnidad con la que suelen tratarse los grandes temas en películas que buscan la conmoción (y el premio) fácil. Por el contrario, el director noruego no tiene tapujos en desarrollarse en el campo de la comedia negra.

Las comedias adultas en Hollywood son, al día de hoy, un bien escaso. Este terreno encontró esplendor en la obra de directores como Billy Wilder, Woody Allen o incluso más cerca en el tiempo con títulos como El lobo de Wall Street (2013, Martin Scorsese), pero hoy pareciera que cierto filo, cierta capacidad de incomodar al espectador mediante la risa nerviosa o la exageración de determinados mecanismos de la tensión -aplicados, claro, a la comedia- se ha perdido en las grandes producciones, y se reserva para estratos menos costosos de la cinematografía estadounidense. Como cualquier género, no debería apuntarse estrictamente a un público adulto, más bien sería ideal un ecosistema que abarcara un amplio espectro etario.

Pensemos en otra década entendida bajo el paraguas de lo amable, como es la de los 80’s, en la que coexistieron sin ningún tipo de conflicto películas para toda la familia como Gremlins (1984, Joe Dante) o Los Goonies (1985, Richard Donner), con disparates absolutos como ¡Super secreto! (1984, Zucker, Abrahams, Zucker) o Educando a Arizona (1987, Joel & Ethan Coen). Esto fue posible gracias a la existencia de un público ávido de comedias fuera de tono y otro necesitado de gags más infantiles, todos conviviendo en cálida armonía. Desde la llegada de los modelos Pixar y Marvel, pareciera que la espectacularización del cine (es decir, la concentración de los presupuestos de las majors en pocos y rimbombantes títulos) se llevó consigo la comedia filosa, que no tenía pelos en la lengua a la hora de herir susceptibilidades bienpensantes y reírse de todo (y todos).

Si bien El drama no se trata de un film particularmente caro (el presupuesto total ronda los treinta millones de dólares), tiene en su centro a dos caras reconocibles del blockbuster más enorme como son Zendaya -de la última trilogía Spider-Man y las Dunas de Villeneuve- y Robert Pattinson -catapultado por la saga Crepúsculo, también encarnó al último Batman-. La conclusión lógica a la cual podría llegar un espectador promedio al ver el afiche de la película es que se trata de una comedia romántica clásica, y al ver a su elenco principal, que nada va a sacarlo de su zona de confort. Pero allí yace la primera trampa.

El director tiene en su haber dos films anteriores en perfecta concordancia (ética y estética) con el recién estrenado: Sick of Myself y Dream Scenario. Este último, del año 2023, está protagonizado por un Nicolas Cage que aparece en los sueños de una serie de adolescentes y, debido a esto, se ve enfrentado a una cancelación masiva en internet, mientras que Sick of Myself (película realizada en Noruega), es una feroz carcajada contra la sociedad del yo imperante: una chica (interpretada por Kristine Kujath Thorp) se obsesiona con ser el centro de atención de todas las personas a su alrededor, al punto de empezar a consumir fármacos nocivos para su salud con tal de lograrlo. En El drama se parte de un romance idílico, a punto de tener su clímax en el casamiento (que sucederá en apenas unos días del transcurso temporal en el que se desarrolla el film), para plantear un quiebre moral a partir de un secreto oculto en el pasado del personaje de Zendaya.

El drama podría definirse como una rara avis en la discusión política hollywoodense, la cual (al menos en los últimos años) no parece tener tanto espacio para la ambigüedad y el trazo fino. Aquí yace una propuesta ética más cercana al New Hollywood que a una ganadora del Oscar contemporánea. La película se planta con firmeza en una posición incómoda: ser abiertamente una comedia y permitirse cuestionamientos sobre los trastornos psicológicos y la violencia institucional estadounidense sin nunca tener una conclusión unidireccional, una única respuesta, una bajada de línea. Aunque su título (y, quizás, primer chiste) prometa “un drama”, el film está plagado de gags inteligentísimos en su utilización del doble sentido lingüístico, visual y sonoro, como la secuencia de las fotografías prenupciales, en la que se utiliza el término shot para referir al disparo de la cámara y, a su vez, al de un arma.

Kristoffer Borgli comenzó filmando comedias ásperas en su Noruega natal para luego emigrar a Hollywood. Encontró su lugar bajo el ala de la irregular productora A24 y con El drama se afirma como un narrador capaz de manejar presupuestos -un poco- más abultados y rostros de moda sin prescindir de su gracia.

(Estados Unidos, 2026)

Guion, dirección: Kristoffer Borgli. Elenco: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim. Producción: Ari Aster, Lars Knudsen, Tyler Campellone, Tommy Le. Duración: 116 minutos.

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