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Cine

Crítica de “Los bobos”, film codirigido por Sofía Jallinsky y Marinaro Basovih

EL NEGOCIO DE LOS IDIOTAS

Existen películas que pueden encarnar un clima de época sin necesariamente representarlo. Obras que presentan historias que parecen decir una cosa, que en verdad es otra cosa. No son relatos fáciles de leer, ni que tengan o propongan una sola lectura. Más que imágenes sujetas a interpretaciones parecen liberarse de ellas, desentenderse de una mirada unívoca. Los bobos de Sofia Jalinsky y Basovih Marinaro es el tipo de producción que entra en esa categoría, la de rara avis en el horizonte cinematográfico argentino. Un relato fantástico que en sus intersticios tiene puntos de contacto con nuestra realidad.

Los bobos sigue la historia de dos jóvenes que para salir al paso, tienen un microemprendimiento. Brindan un servicio por el cual, a través de una máquina que genera shocks eléctricos, pueden volver idiota a la gente. En la sinopsis del filme se habla de “incapacidad mental” pero el título de la película sugiere un amplio espectro de definiciones. En el medio de estos trabajos, surgen seres de forma humanoide que entorpecen o direccionan el accionar de estos laburitos. Una madre manipuladora en silla de ruedas, una hermana mefistofélica con una particular inclinación por la violencia, la novia psiquiátrica que está siempre al borde del llanto. Todos personajes que parecen salidos de un catálogo de excentricidades de un neuropsiquiátrico. No son del tipo de freaks que se encuentran en la película de Tod Browning ni tampoco de los más contemporáneos, como los desmembrados del Sirât de Laxe. Pero se le asemejan mucho. Están más cerca de la locura cotidiana de Yargos Lanthimos, lo que les hace aún más perturbadores. Lo que da terror es la falla en lo conocido, en aquello que consideramos corriente y se le presenta una fisura.

La majestuosidad del filme se sostiene en las actuaciones de su elenco. Sebastián Romero Monachesi, Liliana Weimer, Cecilia Marani o Verónica Gerez transmutan en personajes escabrosos, con sus diversas particularidades que los hacen especiales. Lejos de la uniformidad, el nivel de desequilibrio mental que representan a través de gestos, tics y otros recursos actorales dan una idea de la variedad y profusión de sus performatividades. A lo largo de la película se ve un concierto de viscosidades, de elementos viscerales que los personajes manejan con especial destreza y estómago. El trabajo de años del equipo que conforman los directores junto a sus actores se aprecia en estas imágenes. Una efectividad osada que se nota trabajada, macerada en el tiempo.

Es sorprendente que no se haya hablado tanto de Los bobos en el último BAFICI y quizá sea para mejor. Ciertos comentarios, en vez de agregarle valor a las obras, les pone un foco lumínico que las hace envejecer rápidamente, marchitarse antes de tiempo. Esta película goza de una provocación que difícilmente sea encasillable, ni en lecturas, ni en interpretaciones. Lo que hacen Jalinsky y Marinaro es aventurero y por eso, arriesgado. Pero justamente en el límite es donde está lo interesante, la orilla con lo desconocido. Por lo tanto, de este filme se puede decir lo mismo que dijo Leopoldo Marechal sobre El fiord de Osvaldo Lamborghini: “Es perfecto como una esfera. Pero una esfera de mierda”.

(Argentina, 2025)

Guion, dirección, producción: Sofia Jalinsky, Basovih Marinaro. Elenco: Sebastián Romero Monachesi, Liliana Weimer, Cecilia Marani, Verónica Gerez, Fiona Gollob. Duración: 95 minutos.

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