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BAFICI - Festivales

[27] BAFICI | Crítica de “CIN3FILI4”, de Raúl Perrone

ITUZAINGÓ MON AMOUR

¿Qué habría pasado si François Truffaut, Jean-Luc Godard o Anna Karina hubiesen nacido en Ituzaingó? Probablemente habrían trabajado en una película de Raúl Perrone. Más precisamente en una como CIN3 FILI4 (2026), una película minimalista en claro tributo a la nouvelle vague y por supuesto, también por antonomasia, a Ituzaingó.

En esta obra de Perrone, el movimiento cinematográfico francés de los sesenta funciona como homenaje, burla y recurso. El homenaje es claro, ya que las referencias abundan. No solo los tres personajes parecen salidos de un Jules et Jim del conurbano sino que ciertos encuadres, líneas y movimientos son una mímesis de aquellos filmes. Las conversaciones y diálogos imitan las discusiones que se daban en torno a una mesa de café con un número de Cahiers du Cinema abierto. Las calles de Ituzaingó emulan a las de la rive gauche y posibilitan nuevas imágenes.

La burla es evidente en el espíritu lúdico y jocoso del procedimiento. No se trata de imitar a las obras de Godard sino de hacerlas mejor que él, convirtiéndolas en películas argentinas. El director de cine que se pasea por la trama con una cámara en mano, registrando la ciudad, la avenida Corrientes o su barrio, tiene un look particular en el que se puede vislumbrar el gesto. Mientras los otros dos protagonistas se visten como los de la nouvelle vague, el director parece un compadrito, un personaje de los primeros cuentos de Borges. Con su bigote fino, pañuelo al cuello, camisa abierta y saco, le da el toque criollo al filme, distinguiéndose de los demás que parecen Jacques Rozier o Jean Seberg.

Por último, es un recurso, porque lo que hace Perrone es tomar una estructura vacía y llenarla de vida. Todo lo que hay de homenaje en la obra, también sirve de manual de instrucciones, de catálogo de lugares comunes. Quizá de la manera en la que funcionaba Rayuela de Cortazar en la misma época. El humo de cigarrillo enrevesado con discusiones estéticas, la actriz llorando en la sala de cine o el protagonista que sale corriendo de lugares, son escenas que se han repetido hasta el hartazgo en la historia de las imágenes y que han perdido un poco el sentido. Se han vuelto clichés cinematográficos. Salvo que se le dé una impronta regional, una identidad autoproclamada, como lo hace Perrone. No solo en esta obra sino en gran parte de su filmografía. Lo que hace es pintar de celeste y blanco las paredes vacías de sus calles, como lo hacen algunos candidatos a intendente en provincia de Buenos Aires. En ese cuadro, aparecen entonces, signos de ternura como Crónica de un niño solo de Leonardo Favio, alguien corriendo por las calles de Ituzaingó o los rostros de algunos vecinos.

Más allá de todo el aparato teórico que pueda construirse en torno a este filme, no dejamos de estar frente a una obra tierna y con ganas de jugar y filmar. Si bien es palpable el homenaje que guía este largometraje, en líneas generales es lo que dice el título: Una carta de amor a la cinefilia. No solo entendida en términos de amor por el cine sino también por la familia.

(Argentina, 2026)

Dirección: Raúl Perrone. Guion: Raúl Perrone, Andrés Nazarala, Fernando Sdrigotti. Elenco: Juan Gerlot, Francina Adeff, Francisco Bereny, Inés Urdinez, Joel Roch, Nerina D’Ambrosio. Producción: Raúl Perrone, Pablo Ratto. Duración: 90 minutos.

  

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