Se trata de un film austríaco (coproducción con Alemania) de la directora Ulrike Ottinger, con veinte largometrajes en su haber. Al ser virtualmente desconocida en Argentina (ninguna estrenada), es difícil que pueda, a priori, atraer público.
El catálogo del BAFICI titula a la película como The Blood Countess, aunque agrega como nombre alternativo La condesa sangrienta. Al investigar un poco, se comprueba que existe un libro homónimo de Valentine Penrose, traducido al español. Erzsébet Báthory fue efectivamente un personaje real de la nobleza húngara, condenada por asesinar a 650 mujeres, que vivió entre 1560 y 1614 en Transilvania. Es bastante entendible que, por su lugar de origen e historia, se haya falseado, en la película, al personaje real como una mujer vampiro.
Esta idea no es nueva ya que hubo algunos films anteriores poco recordables, siendo el primero probablemente La condesa Drácula (1971) del húngaro Peter Sasdy, con la actriz Ingrid Pitt, de similar origen.
El lector podría preguntarse, con justa razón, cuál podría ser el interés de una nueva versión de un film de vampiros, un tema muy trillado y quizás el que más veces ha sido llevado al cine.
El primer argumento a favor, casi se podría decir suficiente, es que la condesa Báthory es interpretada por ese monstruo de la actuación llamado Isabelle Huppert. Con más de 150 películas, ella es en el presente (opinión de este cronista), la máxima actriz de la cinematografía francesa.
Un segundo punto a favor es que el guion fue coescrito por Elfriede Jelenik, premio Nobel de la Literatura, recordada entre otras obras por La profesora de piano (Michael Haneke, 2001), donde no por casualidad, seguramente, el reparto es liderado por Isabelle Huppert.
The Blood Countess transcurre, en la actualidad, en Viena, adonde llega Erzébet, acompañada por su criada Hermine (buena actuación de Birgit Minichmayr), que pertenece al mismo “clan” que la condesa. Su viaje es motivado por la búsqueda de un libro, “peligroso” para ellas, que puede erradicar el mal que representan.
Las acompaña, Rudi Buli von Strudl (Thomas Schubert), extravagante nombre del sobrino de la “noble” mujer vampiro. Frente a ellas se encuentran, entre otros, dos agentes de policía algo torpes y algún “vampirólogo”.
El film tiene varios personajes más, la mayoría interpretados por actores de Alemania, quizás poco conocidos por nuestras latitudes, dada la escasa producción de dichos países que se estrena últimamente. Al menos, por la importancia de sus personajes dos merecen ser mencionados.
A Burghardt Klaussner, que hace aquí del Feldmarschall von Wimpfen, se lo puede recordar por películas tales como La cinta blanca (nuevamente Haneke) o también The People vs Fritz Bauer, el hombre que fue central en la búsqueda y secuestro de Adolf Eichmann.
Lars Eidinger, actor de Personal Shopper y Clouds of Sils Maria – ambas con Kristen Stewart y de Olivier Assayas, es Theobal Tandem, quien en una escena con Hermine, nos muestra que no siempre los vampiros apuntan al cuello de la víctima.
Por momentos este film alocado recuerda, por la cantidad de personajes, a los films de Wes Anderson. Sólo a título de ejemplo, valga la mención de la maestra de ceremonias y cantante nocturna, donde actúa una tal Conchita Wurs.
La película de Ottinger apela a situaciones delirantes, particularmente hacia el final, cuando la acción se traslada al famoso Prater, parque de diversiones de Viena. Una escena de las más divertidas transcurre dentro de una de las cápsulas (cabinas) de la rueda de la fortuna del célebre parque austríaco.
Un detalle interesante es que, siendo la mayor parte de los diálogos en alemán, Huppert se expresa casi siempre en francés, un placer para el espectador.
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(Austria, Luxemburgo, Alemania, 2026)
Guion, dirección: Ulrike Ottinger. Elenco: Isabelle Huppert,










