0
0
Subtotal: $0,00
No products in the cart.

Cine

Crítica de “Leviticus: Ritual de sangre”, film dirigido por Adrian Chiarella

First, there are kisses

Then, there are sighs

And then, before

you know where you are

You’re sayin’ goodbye

SOY LO PROHIBIDO

Cuando se estrenó IT: Capítulo dos en 2019, Diego Trerotola publicó un artículo en Página 12 que titulaba: “IT2: ¿por qué es tan gay?”. Allí destacaba la secuencia inicial de la película en la que una patota ataca a Adrian Mellon, interpretado por Xavier Dolan. En respuesta a ciertos señalamientos críticos en contra de la violencia explícita de la secuencia y la omisión de las consecuencias posteriores del ataque homofóbico, Trerotola reivindicaba la secuencia y apuntaba: “[…] mientras casi todo lo que implican las escenas de terror alrededor de Pennywise y los traumas de los distintos personajes tienen algo de ficción imaginaria e incluso caricatural, la paliza homofóbica tiene un nivel de realismo mayor que funciona como cuasi-documental de las repetidas noticias actuales de ataques contra la comunidad LGBTIQ. El máximo horror que representa la película está circulando fuera de la pantalla, a nuestro alrededor. Esta película es de un terror donde la violencia real supera a la ficción de Hollywood. Un terror que mira al mundo a los ojos y luego alucina sus fantasmas”.

Desconozco si el australiano Adrian Chiarella habrá tenido contacto con el texto de Trerotola, pero su película Leviticus casi podría pensarse como una expansión de aquella secuencia de IT 2. No sólo pone en escena la violencia homofóbica de manera visceral, pocas veces vista en un cine mainstream: también disecciona los mecanismos con los que la heterosexualidad normativa se impone, controla y enfrenta a las personas de la comunidad LGBTIQ entre sí. El objetivo último no es sólo el ataque a los cuerpos, sino la perpetuación del miedo a uno mismo.

La imagen inicial no podría ser más directa. Los amantes Naim (Joe Bird) y Ryan (Stacy Clausen) vagabundean por el campo australiano hasta encontrar un espectáculo grotesco: una serpiente que devora a un sapo. La imagen cifra el conflicto: Naim, celoso de los coqueteos de Ryan con Hunter (Jeremy Blewitt), le cuenta a los padres que su amante es homosexual y lo entrega a manos de la comunidad religiosa en la que viven. Entra en escena un misterioso curandero (Nicholas Hope) que promete enderezar la moral de los jóvenes. Las consecuencias resultan terroríficas para todos los involucrados, incluido Naim.

Como pieza audiovisual, Leviticus es elegante y virtuosa. La cámara se desplaza para conectar imágenes y movimientos con una intencionalidad que amplifica la moderada escala de la producción. El formato anamórfico se luce especialmente en los exteriores a campo abierto, que son contados pero aportan la cuota de impacto que siempre ofrece el paisaje australiano.

Las flaquezas de Leviticus aparecen en el nivel del cuento, para el cual la irrupción del fantástico resulta más un instrumento que un fin. Su impronta es más la de un drama indie que podría trocar la brujería por la “terapia de conversión” y el electroshock. Sin dudas, el toque fantástico le permite a Chiarella pasar de una escena a otra con menos adendas. Pero me pregunto si avanzar rápido es una virtud para una película como esta, que se siente más cómoda cuando puede explorar la ternura, la intimidad y las complejidades de la relación entre sus protagonistas.

No es que falten sustos: los hay. Pero su terror opera en un nivel más intelectual, en el que las intenciones del realizador resultan transparentes e inequívocas. No ayuda que se trate de una película un tanto adusta, quizás demasiado renuente a jugar con el material por lo grave de la temática. Basta comparar con la muy reciente Obsesión para notar que el humor no es más que otro recurso para capturar la atención del espectador, hacerlo partícipe e incluso cómplice de imágenes verdaderamente terribles.

Demasiado deudora de sus referentes como para tomar vuelo propio (It Follows viene a la cabeza de forma inmediata y raramente podemos dejar atrás su larga sombra), Leviticus se atreve a llevar al terror una de las violencias más persistentes del mundo en el que vivimos. Quizás le resulta demasiado pesada como para jugar al género con mejores armas. Queda un director solvente a la espera de un relato que resulte en un mejor display de sus destrezas.

(Australia, 2026)

Guion, dirección: Adrian Chiarella. Elenco: Joe Bird, Stacy Clausen, Mia Wasikowska. Producción: Kristina Ceyton, Samantha Jennings, Hannah Ngo. Duración: 88 minutos.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar...

Recibe las últimas novedades

Suscríbete a nuestro Newsletter