A Sala Llena

A la Deriva

(Argentina, 2012)

Dirección y Guión: Fernando Pacheco. Elenco: Daniel Valenzuela, Julián Stefan, Juan Palomino, Mariana Medina. Producción: Pablo López Casal, Fernando Pacheco. Distribuidora: Primer Plano.  Duración: 65 minutos.

El odio al cine.

“Misiones, 1999”, este paratexto aparece a la derecha, abajo y chiquito dentro de una pantalla negra. Esta timidez para establecer el momento de la historia es entendible, lo que no significa que se justifique. Antúnez (Daniel Valenzuela), un trabajador maderero del interior de la provincia de Misiones, se convierte en un nuevo desocupado. Las urgencias familiares y un contexto de malaria sin chances de encontrar un nuevo trabajo, lo inducen a recurrir a su única oportunidad: cruzar el río del pueblo que limita con Paraguay para traer droga con su compadre (el debutante Julián Stefan), quien ya hecho este trabajo para un narco local (Juan Palomino, en clave seca y temeraria).

Como (casi) siempre, el problema no es la premisa sino la ejecución. Aquí Fernando Pacheco exhibe un ilustrado odio al cine, profundo por cierto. No le interesa ensanchar a su protagonista, que nunca escapa de la esfera de lo bidimensional ni tampoco del estereotipo de trabajador desesperado que se tira de cabeza al duro precipicio de la única opción. El tipo no sólo está en la lona sino que también chupa como loco y trata a su mujer como carne para saciar sus apetitos sexuales de trasnoche, entre otros lugares comunes de la construcción de un personaje marginal. También podría leerse, según el guionista/ director, que el hombre del interior es así porque la vida, lejos de la urbanidad, es más dura. Se presenta al protagonista como el “obrero típico” de 1999. En este intento por generalizar lo particular hay una trampa. El director Pacheco hace cine -o lo intenta- y en ese hacer está la trampa: si bien en lo temático se intenta dar cuenta de una época (a partir de las vicisitudes de un hombre), en lo retórico hay una pobreza estilística creada, también, desde la pre configuración de la pobreza. El muestreo de la pobreza no tiene relieve ya que es un pantallazo por las figuras abúlicas (la esposa, la madre, el hijito), más un escenario natural que pretende funcionar automáticamente como una escenografía. Ni hablar de una cámara -en continuidad con lo retórico- que sólo registra lo que ocurre y que lejos está de ser un componente para la creatividad.

Además de este vagabundeo por la mediocridad, la historia, que en la mitad se calza el traje del suspenso, tampoco chapea en el género y se mantiene inerte hasta completar los sesenta y cinco minutos. No hay una motivación transparente en este resultado final. Si era mostrar a Misiones, en estos tiempos en los que el INCAA se volvió “regional”, no se logró. Si era pintar una postal de tiempos duros no tan lejanos, lo que resultó fue un tiro por la culata porque las preguntas que revolotean -mientras corren los créditos- son: ¿cambia en algo la aparición o no del paratexto del principio? ¿Es tan diferente la situación actual de un trabajador de la madera en Misiones? La base de la disfuncionalidad de A la Deriva es la pereza cinematográfica y no el intento noble de retratar un interior algo desconocido para el cine argentino. Estamos ante una película que no tiene un destinatario concreto, y aquí tenemos uno de los grandes problemas del cine argentino: el público, esa variable ausente para la mayoría de los productores y directores, quienes sólo pretenden estrenar antes de que termine el año…

calificacion_1

Por José Tripodero

 

Cuando ya no necesitan de sus servicios en una fábrica, Antúnez (Daniel Valenzuela) se pone a buscar trabajo en los selvaticos parajes de Misiones, donde vive con su familia. Cuando su situacion se pone desesperante, su compadre le propone ayudarlo en un “negocio” lucrativo.

La ópera prima de Fernando Pacheco es una historia sencilla sobre la supervivencia en el interior, que le saca el jugo a los parajes misioneros. La vegetación, los ríos, la tierra colorada forman parte de las andanzas de Antúnez. Y hablando del personaje, Daniel Valenzuela sigue demostrando que le pone garra a cada papel que interpreta y que sigue siendo uno de los actores más importantes del cine argentino moderno. También forman parte del elenco Mónica Lairana y Juan Palomino como un individuo que maneja asuntos turbios.

Más allá del carácter contemplativo a cargo del director, la película sigue siendo clásica en el sentido narrativo, y sin nunca caer en pretenciones ni en detalles que puedan atentar contra el tono. Una interesante propuesta para adentrarnos en un mundo poco visto en el cine nacional.

calificacion_3

Por Matías Orta

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