A Sala Llena

Amenaza Roja, según Emiliano Fernández

Partisanos y milicianos.

Cuesta creerlo pero finalmente Hollywood nos ofrece una remake de Amanecer Rojo (Red Dawn, 1984), circunstancia que pone al descubierto el fetiche para con el refritar todo lo que demostró funcionar en taquilla, por más que estemos hablando de un producto original mediocre, anacrónico y “exitoso” tres décadas atrás. Por supuesto que la jugada genera una bazofia aún mayor que la anterior y apenas si nos sirve para señalar las pocas luces de los popes de la industria y su nula capacidad de predicción artística y/ o sentido común; como si en la actualidad alguien realmente se pudiese entusiasmar, teniendo la edad mental de un adulto promedio, ante la tontería fascistoide de una invasión comunista a Estados Unidos.

Quizás el detalle más simpático de aquella película de John Milius lo encontrábamos en su casting, un pequeño conglomerado de actores entrados en años y otros que recién daban sus primeros pasos en la profesión. De hecho, basta con decir que Patrick Swayze y Charlie Sheen personificaban a un par de hermanos adolescentes y el eterno Harry Dean Stanton encarnaba a su padre, lo que nos lleva a inferir que las diferencias faciales nunca fueron un impedimento para la selección de la familia protagónica. Con participaciones de Ben Johnson, C. Thomas Howell y Lea Thompson, unos meses antes de Volver al Futuro (Back to the Future, 1985), la obra se sentía interminable a lo largo de sus dos horas de duración.

La estructura sigue siendo la misma: una fuerza armada de coalición (ayer, cubano/ rusa, hoy, norcoreana/ rusa) ocupa distintos territorios del coloso capitalista del norte y pasa a controlar a la población mediante tácticas intimidatorias. Esta premisa, mixtura entre la paranoia de la Guerra Fría y las pesadillas totalitarias vinculadas al nazismo y regímenes similares, está orientada -de manera genérica y muy difusa- hacia el drama púber de autodescubrimiento y los relatos bélicos de resistencia “a la francesa”. Por lo menos en la original había un intento de definición conceptual con la separación entre “partisanos y milicianos”, en boca de un villano cubano, ahora sólo priman las explosiones repetitivas.

Se podría afirmar que Dan Bradley, en esencia un coordinador de dobles reconvertido a realizador, corrige el apartado formal, léase los desniveles relacionados con el ritmo narrativo, pero destroza los pocos rasgos rescatables que localizábamos en la dimensión del contenido, principalmente exacerbando el chauvinismo estadounidense de siempre. En Amenaza Roja (Red Dawn, 2012) persisten la nulidad absoluta en cuanto al desarrollo de personajes y algunos detalles ridículos ochentosos que ya no resultan excusables. Mientras que Milius centró su epopeya reaganiana en la lucha por la patria contra un enemigo más o menos humanizado, Bradley filmó una propuesta de acción berreta y por demás aburrida…

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Por Emiliano Fernández

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