A Sala Llena

Balada Triste de Trompeta, según Rodolfo Weisskirch

¿Por qué tan Serio?

Alex de la Iglesia nos ha demostrado que se puede hacer cine fantástico, con influencias de los cómics, las historietas, los géneros malditos de los años ’70 fuera de Hollywood, pero con igual o mejores resultados que la meca industrial. Desde viajes a otros planetas, la lucha contra el anticristo o el homenaje a los westerns spaguettis hasta una cínica mirada sobre la historia del humor en España. Además, gran admirador de los thrillers clásicos ha logrado notables homenajes a Hitchcock (Crimen Ferpecto), Agatha Christie (Los Crímenes de Oxford) o Polanski (La Comunidad), De la Iglesia demuestra una versatilidad e imaginación envidiables, que mejora trabajo a trabajo, donde los efectos especiales introducidos nunca son fortuitos sino siempre justificados para generar comedia… hasta ahora.

Si bien en Los Crímenes… Alex demostró que podía hacer una película enteramente “seria”, en Balada Triste… lo que debería hacer reír provoca angustia. Es más, el humor provoca un poco de culpa.

La secuencia inicial es realmente devastadora. 1937. Los republicanos tratan de derrocar a Franco, por lo que toda persona que puede sostener un fusil es reclutado para ir al frente de batalla. Incluidos, los integrantes de un circo ambulante. El que termina liderando la revolución es el Payaso Tonto (un Santiago Segura muy serio). Su hijo, Javier, es testigo de cómo el mismo es apresado por el ejército franquista y llevado a unas minas para construir una cruz gigante. La imagen de un payaso destrozando hombres con una bayoneta es increíble. 36 años después, Javier ha crecido y prueba suerte como el payaso triste de otro circo ambulante en medio de una ciudad prácticamente destruida. La vida de Javier fue muy triste, y aunque siempre quiso ser el payaso tonto, las penurias que tuvo que atravesar lo convirtieron en la víctima de los chistes.

En el circo tendrá que enfrentar a Sergio, el payaso tonto, que fuera del ambiente artístico es un hombre violento y alcohólico. En el medio de ambos, se encuentra Natalia, novia de Sergio, una hermosa acróbata, masoquista y un poco sádica. Por lo tanto, todo el odio que Javier lleva en la sangre desde los tiempos en que apresaron a su padre, lo empieza a descargar cuando ve el trato que Sergio le da a Natalia, la cuál no es tan dulce ni inocente como aparenta ser.

A no confundirse, estos payasos se parecen más al Guasón de Heath Ledger, morbosamente desfigurados, anárquicos y repletos de odio que a Gaby, Fofo y Miliqui.

Balada Triste es la primer película que De la Iglesia escribe en soledad. No sé con exactitud porque Jorge Guerrica Echeverría no se asoció esta vez con su director fetiche. Y esta ausencia hace preguntarse si el verdadero ingeniero, el verdadero genio del humor no era Guerrica Echeverría, y De la Iglesia siempre fue el hombre oscuro, serio.

Estos payasos son demasiado trágicos, crueles. El triángulo amoroso es llevado a un extremo de violencia prácticamente surrealista, similar a una tragedia griega. En la primera mitad todo es bastante solemne; el estudio sobre el carácter de los personajes y la relación con el contexto socio político de la España franquista es interesantísima más allá de la metáfora que simboliza el enfrentamiento entre Javier y Sergio. Pero a partir de cierto punto, el relato se convierte solamente en una sucesión de peleas sin transfondo argumental. No solamente lo que se sucede es morboso, onírico, excesivamente político y violento, sino que falta un hilo narrativo verosímil. Simplemente vemos escenas bella y meticulosamente diseñadas, pero con una impronta publicitaria que no se parece al cine del Alex de la Iglesia cínico, sarcástico, pero aún así divertido.

El tono es mucho más oscuro que cualquiera de las obras anteriores del director; la fotografía, excelente y contrastante, logran crear climas densos, posesivos, aterradores. Pero a estos payasos, les falta humor. O sea, a nivel temático contiene todas las obsesiones del director: la competencia constante, la burla sobre la figura del héroe clásico, el egoísmo, la reivindicación del hombre feo, sucio y gordo. Pero acá el exceso de patetismo juega para el otro lado, para la lástima y miserabilidad constante.

Visualmente es atractiva, la banda sonora de Roque Baños es lo más cerca, que un compositor en la historia del cine, ha estado de emular a Bernard Herrman, y el elenco es seguramente uno de los mejores que podría haber reunido el director en toda su carrera. El trío Areces, De la Torre, Bang sumado a veteranos colaboradores secundarios del cine de De la Iglesia es soberbio. Pero falta cierta picardía, compasión en la mirada sobre los personajes que interpretan.

La reconstrucción de época es admirable. Tanto en 1937 como en 1973 se respetan innumerables detalles (incluido el atentado contra el presidente Luis Carrera Blanco), hay homenajes a íconos pop de los años ’70 (el trío de payasos que cantaba: “Había una vez un circo”…; Rafael; Kojak) pero parece que por prestarle atención a estos aspectos, descuidó la narración propiamente dicha.

A pesar de los excesos visuales y dramáticos, Balada Triste de Trompeta es un film que atrapa, exaspera y molesta a la vez. No es fallido, pero sí, deja un gran interrogante acerca del futuro de un autor muchas veces menospreciado, subvalorado y otras veces demasiado mitificado. Es probable que este film marque el inicio de una filmografía menos humorística y mucho más seria. Me gustaría saber cual fue la razón de este cambio. Que resentimientos ocultos, similares a los del protagonista, llevaron a Alex a comportarse como un verdugo de payasos.

Sacando al crítico de lado, espero volver a ver al Alex que encuentra ternura en la miserabilidad, que en la hipocresía y egoísmo es capaz de hallar compasión y admiración por el prójimo, y no más este Festival du Freaks, enfermos de culpa y sin redención posible.

Como diría el Guasón de Nolan: “¿Por qué tan Serio?”

 

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