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Cosas que prometí no decir | Biósfera y noósfera en el cine

Cosas que prometí no decir | Biósfera y noósfera en el cine

En la filosofía de Teilhard de Chardin aparecen –entre otros- dos conceptos fundamentales, “biósfera” y “noósfera”. El primero refiere a la esfera, a la parte de la creación que se expande o manifiesta en sentido físico, vital; pero vital en sentido palpable, corporal, y -sin ningún temor a infringir nada-, es también la materia o la materia viviente; puesto que en Teilhard hay un bergsonismo atemperado o modificado por la teología.

Esta biósfera que se expande, digamos que evoluciona pero no al azar sino a la de una necesidad teledirigida –como una flecha en el tiempo- cuya meta es el punto omega, crea mediante re-flexión (podría ser también “internalización”) de la materia, un grado de orden y complejidad mayor que da lugar a la aparición de la noósfera, la esfera del pensamiento (de “nous”, “conocimiento, “saber”, etc.)

Así esas dos esferas alcanzan o pueden llegar a alcanzar un tercer estadio o esfera que engloba a las dos anteriores, llamada convergencia. Es cuando la parte vital, material, biológica, física, se encuentra, se ve a sí misma, se desdobla en una re-flexión de una mayor complejidad dada la simultánea mayor complejidad biológica alcanzada. Es donde lo interior y lo exterior consiguen situar el fenómeno humano, diferenciándolo definitivamente de las taxonomías positivistas.

Ya hemos hablado en otro lugar de la simultaneidad del surgimiento del concepto del cine y del pensamiento de Teilhard de Chardin, posiblemente debido a la fuente intelectual común de la cultura jesuítica. Barroco, contrarreforma, “potlatch”, exceso ritualizado, y hasta la misma invención de la linterna mágica por hombres de la Compañía.

Pero se trata aquí de algo más; de un aire de familia epocal y que a principios del siglo pasado encabezó la reacción contra la dictadura del mundo laico-liberal-capitalista y su brazo pedagógico el positivismo. Por todos los medios -poéticos, etnológicos, teatrales, musicales, operísticos, et. al.-, se buscó retomar la senda del mito y de sus manifestaciones –mitologemas- como soportes o correlatos objetivos de las diferentes expresiones estéticas. De ese modo la expresión estética volvía a mostrar su pertenencia a una determinada tradición, de la cual participaba plenamente oponiéndose de consuno a la expresión arbitraria, azarosa, caprichosa, repentista. Una pugna que por cierto prosigue hasta el día hoy…se sepa o no que se está en ella, y hasta a veces ¡ignorándose a qué bando se pertenece!

Cabe aclarar que “biósfera” y “noósfera” no son términos acuñados por Teilhard. El término “biósfera” fue acuñado por Eduard Suess y noósfera por el geólogo soviético Vladimir Verdnasky. Pero sí se debe a Teilhard el darle a tales términos la función de nombrar unos conceptos muy diferentes. Típico también, desde Baudelaire, el reformular o desplazar nombres ajenos para un uso diverso y que tiende a una dirección polémicamente contraria. Tales como “dandy”, “spleen” y hasta la modificación de “modern” en “modernité”. Algo después se tiene la transformación de “ideología”, palabra acuñada por Destutt de Tracy y transformada por Marx también en sentido polémico.

Para no dilatar la extensión de esto, lo que une al concepto del cine y a la filosofía de Teilhard -aparte de lo ya apuntado-, es la sostenida voluntad de sobrenaturalizar la naturaleza o de ver en ella el sostén de otras cosas y de ser el substrato y sostén de operaciones de otro orden. Es el “trashumanar” de Dante, pero no en el sentido de un romanticismo seudo titánico o fáustico, sino de ver y de poder llevar a toda cosa natural, física, material, a ser el soporte de una otra cosa. Así de lo más simple a lo más complejo vemos cómo en el cine cuando se trata de un auténtico autor, todo elemento material, cada cosa así como cada signo que la representa se vuelven practicables de sentidos sobrenaturales, sin perder por ello su “cosidad”; sus status de cosa natural, física, material. Es nuestro pasaje del índice, al ícono y de éste finalmente al símbolo

Decíamos de ese mayor grado complejidad reflexión –en el sentido también de Teilhard- cuando se alcanza en el concepto de cine esa convergencia entre las acciones pertenecientes a la biósfera y de consuno su reflexión sobre las mismas y pertenecientes a la noósfera.

Quisiéramos ahora sumar una escena, un par de tomas en rigor de toda una secuencia, de un film ejemplar y que ilumina -creemos que a la perfección-lo que llevamos dicho.

Se trata de un par de planos casi al comienzo de El padrino, cuando Michele visita a su padre herido e internado en un hospital. Por cierto toda esta secuencia completa es una de las más perfectas, rotundas, complejas y onmiabarcativas de toda la historia del cine; y del arte en general, claro está. Puesto que -seamos francos- salvo algunas expresiones escritas, lo que sobrevive de las anteriores prácticas son hobbies rentados o infantilismos fomentados por el sistema global del poscapitalismo para entretener a la pequeña burguesía en estado estético.

Michele, tras ir comprendiendo la trampa que se le ha tendido a su padre, entiende/acepta de consuno que es el elegido, el heredero, y que no puede ni debe rechazar tal herencia. Una vez que logra modificar la disposición de la internación de su padre en el hospital, cambiándolo de habitación, junto a Enzo -un noble pandero ya devoto de los Corleone- finge a las puertas del hospital que ambos son dos guardaespaldas armados que custodian el lugar. Así lo hacen y logran disuadir a unos sicarios que llegan hasta la entrada del hospital en un automóvil. Tras lograr el cometido, Enzo saca un cigarrillo con sus manos muy temblorosas que luego intenta encender -con un encendedor Zipo con sonora tapa metálica- y aquí las manos ya le tiemblan tanto que Michele le enciende el cigarrillo y luego, al cerrar la tapa del encendedor, contempla sus manos (corte a primer plano) y ve –y nosotros con él- que no le tiemblan en absoluto.

Es allí donde la esfera de la biósfera se encuentra en convergencia con la noósfera. A la acción física le sigue de inmediato la compresión/reflexión de tal acción física. Desde luego que aquí, y siendo esto también una construcción mitopoética como es el cine, este acto sellará definitivamente el destino de en quién se da esta convergencia entre la esfera biológica vital y la de la intelección anímico espiritual. Como hemos dicho en otro lugar El cine “No nos ha redimido de la realidad física (…) sino de la realidad fotográfica. Más aún: haciéndonos reconocer en su propia naturaleza y función la realidad física, nos la ha hecho volver a aceptar como soporte de operaciones de muy diferente naturaleza” (*)

Esto es precisamente una zona fundamental de las que comprende el concepto del cine. Haber logrado también la convergencia de retomar la tradición mitopoética tradicional con los descubrimientos de la biología y de la etología.

*: v. “El concepto del cine”, C. XXIII, p. 123.

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