La libertad doble se inicia con varias secuencias en las que vemos a Misael Saavedra reproduciendo acciones que ya le habíamos visto 25 años atrás en La libertad: comiendo un armadillo, podando y talando ramas, desenterrando un tronco para después talarlo, etc. Misael está muy cambiado, por supuesto, y este remake parcial no hace sino acentuar el paso del tiempo. Como la performance Paper Landscape en la que Guy Sherwin juega con dos épocas de su vida, la del presente de la performance y la del pasado de la película que se proyecta sobre la pantalla, solo que aquí al revés: La libertad doble parece haber nacido para poder convertirse, también, en una instalación museística de dos pantallas.
Así que empecemos por ese “doble” del título que podría significar muchas cosas pero que hay que entender en el sentido especular de duplicación. Lisandro Alonso realiza una secuela de su primera película y al mismo tiempo está sugiriendo siempre la idea del remake, al menos en esos minutos iniciales. Lo que ocurre es que Misael ya no es el mismo de cuando La libertad y todo cuánto vemos en pantalla solo puede entenderse desde la recreación: un gesto que se mira en el espejo para desvelar el paso del tiempo. Misael ya no es hachero en ninguna hacienda, ahora trabaja en la construcción y su actuación en La libertad doble es eso, una interpretación, por más que el personaje responda a su yo del pasado.
Alonso no se contenta con eso. Si La libertad era una película sobre un hombre que trabajaba él solo limpiando el bosque y que solo cuando vendía la madera interactuaba con otras personas, en La libertad doble hay ya un sentido de pertenencia a una comunidad. Primero, Misael trabaja para otro hombre que está levantando verjas por el campo, para después conducir hasta el centro de un pueblo para visitar a su hermana Micaela, internada desde hace años en un centro psiquiátrico. Allí el director del centro le comunica que tiene que acoger a la hermana en su casa pues la institución, después de los recortes del gobierno a su presupuesto, ya no tiene capacidad para atender a más pacientes. Misael no solo se lleva a Micaela, sino también su medicación, que no está claro que pueda proporcionarle con la diligencia necesaria.
Si Misael sigue siendo Misael Saavedra aunque ahora su oficio sea distinto al de hace 25 años, a Micaela la interpreta la actriz chilena Catalina Saavedra. Y esta es la principal diferencia con la película de 2001, la falta absoluta de ambigüedad sobre lo que estamos viendo. Las dudas sobre quién era aquel personaje, si lo que veíamos era un documental o una ficción, han desaparecido por completo; una secuela documental nos mostraría la nueva vida de Misael, el remake ya implica por sí mismo una recreación ficcional. Es así cómo Misael vuelve a su cabaña donde habrá de dar cobijo a Micaela, que desde hace años tiene tendencia a escaparse hasta las vías del tren para esperar a un tren que nunca pasa. Pero en Argentina no hay trenes y no hay dinero para las instituciones sociales. Si La libertad nos descubría a un cineasta excepcional y una película que de alguna forma inauguraba el siglo, La libertad doble nos sitúa en una encrucijada, la de un cineasta que necesita volver a sus orígenes, aunque sea momentáneamente, y la de un país que ha pervertido el significado de una palabra como “libertad”. Queríais libertad, pues tomad dos tazas, nos viene a decir Lisandro Alonso.
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(Argentina, Chile, Luxemburgo, Alemania, Reino Unido, 2026)
Guion, dirección: Lisandro Alonso. Elenco: Catalina Saavedra, Misael Saavedra. Duración: 100 minutos.










