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CANNES - Festivales

#CANNES79 | Crítica de “We Are Aliens”, film dirigido por Kohei Kadowaki

PERDONAR LO IRREVERSIBLE

We Are Aliens terminó siendo una de las sorpresas más reflexivas que me dejó el año. A partir de una premisa llamativa, la película pone el foco en pequeños aspectos de la vida cotidiana que muchas veces pasan desapercibidos, o que vuelven a nuestra memoria porque marcaron un momento importante en nuestras vidas.

La historia sigue a dos amigos de la escuela, el tímido Tsubasa y el extrovertido Gyotaro. Ambos parecen destinados a construir una amistad inseparable en un pequeño pueblo de Japón, pero la relación comienza a romperse cuando conflictos insignificantes, en lugar de resolverse, se vuelven cada vez más grandes. La inocencia infantil aparece reflejada en la idea de Tsubasa de que su amigo es en realidad un extraterrestre, motivo por el que empieza a alejarse e incluso culparlo.

El film de animación es la ópera prima de Kohei Kadowaki, quien previamente había dirigido videos musicales. Su propuesta narrativa resulta fresca y madura para una película de animación de este estilo, abordando la culpa y la necesidad de aceptación desde el punto de vista de ambos personajes.

Como mencioné, la historia se divide entre las perspectivas de Tsubasa y Gyotaro, desde su etapa escolar hasta la vida adulta, tomando fragmentos del la vida real e incorporándolos de manera progresiva para exponer los efectos del acoso, la angustia y la ansiedad. Esa estructura también permite entender cómo las heridas emocionales que cargan terminan afectando la forma en que se relacionan con el mundo y con quienes los rodean.

El título, más que sentirse como un cuento o una alegoría de ciencia ficción, funciona como un mensaje directo, porque tanto Tsubasa como Gyotaro observan al otro como alguien “diferente”. De ahí nace esa idea del “extraterrestre”.

Y hay una sensación de nostalgia que atraviesa toda la película. Kadowaki construye momentos tensos mientras desarrolla el vínculo entre los personajes dentro de un entorno tranquilo y melancólico. La decisión de dividir los primeros actos entre ambas perspectivas funciona muy bien porque permite completar poco a poco los vacíos que deja cada versión de los hechos. Por consiguiente, la coda nos muestra cómo ambas vidas vuelven a converger y busca transmitir que, aunque la conexión nunca terminó de romperse, cada uno siguió caminos distintos. We Are Aliens no busca cerrar todo de manera optimista; por el contrario, deja una sensación amarga y melancólica que permanece incluso después de terminarla.

El guion y la animación ayudan mucho a construir esa atmósfera. Evoca la oscuridad de películas como El regalo (2015, Joel Edgerton) y también la calidez de Kiseki (2011, Hirozaku Koreeda) pero sin perder la profundidad psicológica. El entorno ayuda, con lluvias recurrentes y un estilo de animación rotoscopio sobrio que crea postales bellas como oscuras, priorizando una identidad visual más sobria y artística antes que algo convencional.

We Are Aliens construye un relato triste, sensible y sobretodo humano. Más allá de hablar sobre el acoso, la película termina reflexionando sobre cómo el miedo a lo diferente puede afectar una relación y acompañarnos durante años. Entre ser un extraño o un amigo, es ahí donde encuentra su lado más doloroso.

(Japón, Francia, 2026)

Dirección: Kohei Kadowaki.

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